Españoles en la Guerra de Vietnam

Siempre que me pongo a investigar cosas poco usuales me viene a la cabeza la misma frase que surgió en una conversación informal sobre Historia de España con un amigo: “Los españoles hemos estado en todos los fregados”. La verdad es que sí, que tal parece. Y, si no, pensad en la muy cinematográfica Guerra de Vietnam… ¿Lo véis? Me encanta el olor del napalm por las mañanas y todas esas cosas, ametralladores, patrullas, épica yanqui y todas esas cosas: “Apocalypse Now”, “Platoon”, “Cuando éramos soldados”… Pues entonces: ¿Cómo se os quedaría el cuerpo si os digo que hubo militares españoles allí?

Pues sí. Los hubo. Como siempre en este ingrato país nuestro, un pequeño grupo de héroes anónimos llevaron un hospital de campaña en Go Cong, en pleno delta del Mekong. Es una historia bastante reciente, puesto que los papeles de este episodio histórico fueron desclasificados el pasado año 1998, y publicados por el diario La Vanguardia el 11 de Enero del mismo año.

Pero no vamos a demorarnos más y vamos al meollo del asunto: Año 1965. La guerra pinta en bastos para el “todopoderoso” ejército estadounidense en Vietnam. Lyndon Johnson necesita de nuevo ganar el favor de la opinión pública, así que acude a varios países aliados con objeto de encuadrar el conflicto dentro de un “marco moral”. Vamos, lo que vienen haciendo toda la vida… Paladines de la paz y la democracia y todo eso. Obviamente, el respaldo de otros países implicaría una bendición tácita de la comunidad internacional y un importante espaldarazo frente a la opinión pública de la campaña militar.

Españoles en la Guerra de VietnamPues bien, el embajador estadounidense en España , Biddle Duke, entrega personalmente a Francisco Franco una carta en la que el presidente americano explica los planes a corto plazo en Vietnam y le pedía toda la ayuda que España pudiese prestar.

No es aventurado pensar que Franco, que a la sazón era militar, no vio personalmente claro el asunto. Y se mandó una carta de respuesta que procedo a reproducir aquí. Está claro que Franco no la redactó, sino su equipo de colaboradores, pero leed, leed, que merece que la enmarquen. ¡Destila ironía y mala uva por todas sus líneas!

Mi querido Presidente Johnson:

Mucho le agradezco el sincero enjuiciamiento que me envía de la situación en el Vietnam del Sur y los esfuerzos políticos y diplomáticos que, paralelamente a los militares, los Estados Unidos vienen desarrollando para abrir paso a un arreglo pacífico. Comprendo vuestras responsabilidades como nación rectora en esta hora del mundo y comparto vuestro interés y preocupación, de los que los españoles nos sentimos solidarios en todos los momentos. Comprendo igualmente que un abandono militar de Vietnam por parte de los Estados Unidos afectaría a todo el sistema de seguridad del mundo libre.

Mi experiencia militar y política me permite apreciar las grandes dificultades de la empresa en que os veis empeñados: la guerra de guerrillas en la selva ofrece ventajas a los elementos indígenas subversivos que con muy pocos efectivos pueden mantener en jaque a contingentes de tropas muy superiores; las más potentes armas pierden su eficacia ante la atomización de los objetivos; no existen puntos vitales que destruir para que la guerra termine; las comunicaciones se poseen en precario y su custodia exige cuantiosas fuerzas. La guerra en la jungla constituye una aventura sin límites.

Españoles en la guerra de vietnam[…] Comprendo que el problema es muy complejo y que está presidido por el interés americano de defender a las naciones del sudeste asiático de la amenaza comunista; pero siendo ésta de carácter eminentemente político, no es sólo por la fuerza de las armas como esta amenaza puede desaparecer. Al observar, como hacemos, los sucesos desde esta área europea, cabe que nos equivoquemos. Guardamos, sin embargo, la esperanza de que todo pueda solucionarse, ya que en el fondo, los principales actores aspiran a lo mismo: los Estados Unidos, a que el comunismo chino no invada los territorios del sudeste asiático; los Estados del sudeste asiático, a mantener a China lo más alejada de sus fronteras; Rusia, a su vez, a que su futura rival, China, no se extienda y crezca, y Ho Chi Minh, por su parte, a unir al Vietnam en un Estado fuerte y a que China no lo absorba.

No conozco a Ho Chi Minh, pero por su historia y sus empeños en expulsar a los japoneses primero, a los chinos después, y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de patriota al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y dejando a un lado su reconocido carácter de duro adversario, podría sin duda ser el hombre de esta hora, el que el Vietnam necesita. En este interés superior de salvar al pueblo vietnamita y a los pueblos del sudeste asiático, creo que vale la pena que todos sacrifiquen algo.

He deseado, mi querido Presidente, haceos estas reflexiones confidenciales en el lenguaje directo de la amistad. Aunque sé que muchas están en vuestro ánimo, le expongo lealmente mi juicio con el propósito de ayudar al mejor servicio de la paz. Y del futuro de los pueblos asiáticos.

Su buen amigo,
Francisco Franco
JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL”

Como diría cierto personaje tremendamente popular: “BAZINGA!” Así y todo, y muy probablemente con objeto de nadar y guardar la ropa para no “ofender” al “amigo americano” con una negativa directa, se decidió enviar un escuadrón médico para que llevaran un hospital de campaña. Evidentemente, como endémicamente se hace en España, se organizó chapuceramente y a toda prisa: una docena de personal sanitario del ejército español procedente en su mayoría del Sahara e Ifni, fueron enviados a Vietnam en Septiembre del 66. Directamente del desierto a la selva, sin aclimatación previa y en un vuelo larguísimo…

Pero bueno, volvamos a los hechos: el ahora general Antonio Velázquez, que se presentó voluntario con veinticinco años para esta misión, confiesa que al llegar a Saigon recibió una macabra confidencia de un militar estadounidense: “Vinísteis doce: regresaréis a España cinco o seis. A quienes primero disparan los Vietcong es a los médicos”.

A continuación se les asignó su puesto en Go Cong: un ruinoso hospital con capacidad para unos 150 pacientes. Estaba situado en un lugar de mierda: la llamada ruta Ho-Chi-Minh, punto de cruce de los milicianos del Vietcong hacia el cercanísimo (unos 7 Km) delta del Mekong, uno de los puntos más calientes del conflicto.

Españoles en la guerra de vietnamPero nuestros muchachos supieron adaptarse bien. Estupendamente, de hecho: pese a que el uniforme y el material eran americanos, enseguida incorporaron las insignias y emblemas del ejército español, izaron la bandera de España en el patio del hospital y, lo más importante, empezaron a tratar al personal nativo en francés, a la sazón su lengua materna como antigua colonia gala, y no en inglés. Consiguieron algo muy difícil: diferenciarse de todo el aparato bélico americano. Llegaron a poder comprar su propia comida en los mercados locales, sin peligro para su integridad física e, incluso, llegaron a entrenar a sus asistentes vietnamitas en los secretos de nuestra cocina haciendo que las paellas y las tortillas de patata preparadas por ellas fueran la envidia de todo el lugar.

Pero no toda la vida en el hospital fue apacible: según testimonio del mismo general Velázquez: “atendíamos a personal civil, a soldados del Vietcong y a todos los que nos necesitaban. Así nos granjeamos su respeto y su cariño. Nos querían mucho”. Pero claro, eso llevó a que el pequeño hospital estuviese siempre lleno… 150 plazas para una media de ingresos de 400 personas. ¡Y eso sin contar con los episodios de guerra! Veamos uno de ellos:

En la ofensiva de la fiesta del Tet, el dispensario español fue atacado por el Vietcong: pese a la intensidad del fuego de mortero y al barrido de las ametralladoras pesadas, el capitán Merlos Saldaña salió del hospital para ayudar a los heridos del ya batido cuartel de enfrente. Se abrió paso hasta el otro edificio sorteando el fuego cruzado con un botiquín de campaña y estabilizó, entre otros, a un sargento estadounidense durante todo el ataque, aunque el edificio siguió siendo bombardeado. Tras este episodio de valor, regresó a su puesto para seguir atendiendo a sus heridos. Este episodio le valió la entrega de una medalla americana: ni más ni menos que la codiciada Medalla de Honor del Congreso.

Españoles en la guerra de vietnamPero no acaba aquí el episodio, pues tiene una contrapartida bastante cómica: ante el balance de bajas español (un oficial herido y ocho militares survietnamitas que hacían guardia muertos), los vietcong detuvieron al día siguiente los vehículos de los médicos españoles…¡Para pedirles perdón por los daños causados porque la guerra no iba contra ellos! Es obvio… Casi las tres cuartas partes de los pacientes españoles eran vietcongs.

La entrega de los sanitarios españoles era ejemplar. Un anónimo oficial estadounidense describe como “el doctor español insertó un tubo de transfusión en su propia vena mientras seguía operando a una mujer vietnamita que padecía un tumor”, o el testimonio de Luis María Ansón, corresponsal de guerra en la zona por aquellos entonces: “La contribución española se limitó a médicos militares que, por cierto, hicieron una extraordinaria labor, sobre todo en Go Kong. Demostraron un gran valor personal, aparte del conocimiento profundo de su profesión, que alivió infinidad de problemas”.

El capitán Ramón Gutiérrez de Terán hace hincapié en la labor humanitaria llevada a cabo: “En el ámbito sanitario gozábamos de plena libertad, nosotros éramos conscientes de que muchos pacientes que durante el día acudían a las consultas al llegar la noche formaban como <<zorros>> o <<coyotes>> en las guerrillas, pero, aún suponiéndolo, nunca hicimos distinción entre los enfermos. Esta forma de actuación nos favoreció en el ámbito de la seguridad y hasta de la simpatía general. Insisto en lo que he dicho antes, los españoles éramos casi reverenciados por los nativos del delta”.

Durante cinco años, en reemplazos constantes cada seis meses, grupos de voluntarios prestaron servicio en ese hospital. Muchos, como el propio capitán Gutiérrez de Terán, se reengancharon por más de un plazo de servicio –estuvo tres años y medio-. Pero siempre doce por rotación sirviendo en el hospital.

Un episodio reflejo del buen hacer de los militares españoles injustamente olvidado y silenciado, pues como dice Gutiérrez de Terán: “Me molesta mucho que esta misión fuera tabú, que fuera confidencial. La sociedad española tiene derecho a conocerla.” Ayudemos a que este capítulo desconocido se difunda y conozca.

FUENTES:

– Documental “Españoles en la guerra de Vietnam”. Dirigido por Manuel Alonso Navarro. Emitido por Canal Historia el 28 de Marzo del 2012.
– Artículo “La guerra secreta de los españoles en Vietnam”. Diario El Mundo. Ángel Fernández. 27.03.2012.
– Artículo “Un sanitario español en la guerra de Vietnam”. Revista “Militares”. Octubre 2009.

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