Vivimos tiempos extraños, convulsos. Hemos perdido contacto con nuestras raíces, hemos perdido empatía y muchas veces no sabemos separar lo que es correcto y real de lo que no lo es. Una Tierra eminentemente capitalista, globalizada (en el peor uso de la palabra) y con una pérdida exagerada de valores. Bonita panorámica: triste presente y preocupante futuro. “Newropía” de Sofía Rhei, editada por Minotauro, disfraza de juego de utopías en un futuro próximo, llena de referencias, una ácida y acertada crítica sobre nuestro modo de vida.

El argumento

Elliot ha vivido la mejor de las infancias. Libertad, hamburguesas, bicicletas, walkie-talkies, videojuegos, helados nuevos cada verano y una radio en la que suenan los mejores temazos de la historia. Sin embargo, existe la posibilidad de que esa vida idílica no sea tan auténtica como él ha creído.

En el otro extremo de la conciencia sobre su realidad está Verbena, una bruja entrenada desde la cuna para combatir a las empresas e instituciones que destruyen el planeta. Su sociedad, exclusivamente femenina, se enorgullece de vivir en armonía completa con la naturaleza, y para ello han aprendido a alimentarse de todo tipo de plantas silvestres, convirtiéndose en criaturas del bosque.

Elliot es idealista y cree en la política, Verbena hace mucho que ha abandonado cualquier esperanza de diálogo. Uno no sabe gran cosa acerca del mundo, la otra lo sabe todo, pero solo en teoría… donde ella dice “militancia”, sus enemigos dicen “terrorismo”. Y el arma de esos enemigos es la más difícil de combatir: la ingeniería de las emociones.

Newropía, el continente gamificado, tiene reservadas una apabullante cantidad de sorpresas. Hay quien dice que la tecnología avanza mucho más deprisa de lo que las sociedades humanas son capaces de asimilar… y este lugar es la prueba viviente.

Las ideas

“Newropía” es una historia con múltiples capas, más de las que se perciben en una primera ojeada. Y entre capas, como la crema que completa un milhojas, se tejen una serie de ideas potentes, firmes y dirigidas. “Newropía” es una novela de corte futurista, aunque en realidad no lo sea tanto, y presenta un punto de partida original y rupturista. La vieja Europa que conocemos ha dejado de existir y el territorio se divide en una serie de territorios utópicos basados en las ideas más dispares que se puedan imaginar: desde Xanadú, una sociedad basada en la cultura de los 80 hasta casi cualquier cosa, como una población que rinde culto a la obra de David Lynch. Reversos luminosos u oscuros de nuestra sociedad, al fin y al cabo, donde la población vive de manera convencida o ajena a que su vida transcurre en una simulación.

Europa o Newropía, en este caso, se ha convertido en un enorme parque temático para disfrute de las élites, donde dar rienda suelta a sus filias, fobias y obsesiones. En ese contexto subyace la primera de las potentes ideas que Rhei coloca en la novela: el papel central de Europa en el declive cultural, social y ambiental (entre otros) que sufrimos actualmente y que puede ir a más. La opción de convertirse en el patio de recreo del resto del mundo, su absoluta inmovilidad ante el caos mediambiental, la pérdida de empuje en cuestiones culturales y sociales…. Todas esas ideas se plasman en la novela mediante la gamificación  del territorio. Manga ancha para los ricos y poderosos, mala suerte y buena supervivencia al resto.

Eliott, el joven protagonista de parte de la novela, es el reflejo de ese aspecto de “Newropía”. Un adolescente criado en Xanadú, una sociedad de la década de los 80, que sale al resto del mundo embarcado en una trama de espionaje basada en el intento de descubrir la identidad de un prestigioso creador de parques de atracciones que planea construir parque más ambicioso del mundo. En la otra cara de la moneda encontramos a Verbena, una bruja criada en Foresta. Verbena, en plena armonía con la parte natural del planeta, representa la parte feminista y ambiental del relato.

“Newropía” es un viaje, la presentación de un mundo plagado de ideas potentes y necesarias, enmarcadas en un relato con un uso muy particular del lenguaje, donde cada palabra es elegida con un tacto exquisito. Sofía Rhei construye un género propio, con altas dosis de ironía, a yegua de lo que se puede considerar literatura juvenil y de adultos, lleno de guiños a la cultura popular y alternativa. Además es una oda al feminismo, a la importancia del respeto a la naturaleza y a la identidad de las personas más allá de sus características físicas.

El mundo de Newropía está controlado por dos corrientes políticas: la simpática y la parasimpática. Una promueve los avances, la tecnología y un capitalismo que ha dado un paso más; la otra promulga el equilibro con el medio ambiente, el compromiso social y la igualdad. Ambas deben de estar en un equilibrio, un funambulismo en una balanza inexistente, para que el sistema lo soporte. El proyecto del constructor de parques puede dinamitar ese delicado (e incluso inexistente) balance así que Eliott, de manera algo pasiva y Verbena, en un plano más activo y militante, deben descubrirlo e impedirlo.

Las palabras.

Las palabras dan forma al mundo y a las realidades La manera de expresarnos tiene tanto poder y es tan importante que moldea nuestra realidad. Sofía Rhei, como buena escritora, es consciente de ello y convierte “Newropía” en un ejercicio ejemplar. El uso predominante de la voz femenina no resulta extraño a la lectura pero si muy interesante como ejemplo de normalización. “Besadas” y “abrazadas” en lugar de “Besos” y “Abrazos”, “mirada” en vez de “ojo” y una afinada elección de formas verbales, giros lingüísticos y demás elementos aportan un carácter muy especial a la novela, en consonancia con lo que promueven las ideas principales de “Newropía”.

No es sencillo intentar explicar la profundidad y la esencia de una novela como “Newropía” en apenas unos cientos de palabras. La novela de Sofía Rhei es un artefacto casi hecho a medida de la autora, un género propio en si misma, donde confluye un fino sentido de la ironía, una aventura de acción de corte juvenil (los segmentos de Eliott), una trama más adulta de búsqueda personal (la trama de Verbena), bajo un paraguas de igualdad, defensa de los derechos personales e identitarios, ecologismo y denuncia del mundo consumista, egoísta e hipersexualizado en el que nos movemos.
No todo brilla en la novela, por supuesto: algunas partes pecan de un exceso de entusiasmo juvenil, hay historias que terminan de manera abrupta y tanto guiño de cultura popular puede resultar excesivo pero los oscuros del libro no ciegan la excelencia de sus tramos luminosos como su defensa de la naturaleza y la justicia, la construcción del individuo de su propia identidad (con un personaje delicioso como Segismundo), la necesidad de absorber los aspectos positivos o el papel de las brujas como custodias del feminismo y lo natural.

“Newropía” es, en definitiva, un viaje, la presentación de un mundo plagado de ideas potentes y necesarias, enmarcadas en un relato con un uso muy particular del lenguaje, donde cada palabra es elegida con un tacto exquisito. Sofía Rhei construye un género casi propio, con altas dosis de humor, a yegua de lo que se puede considerar literatura juvenil y de adultos, lleno de guiños a la cultura popular y alternativa. Además es una oda al feminismo, a la importancia del respeto a la naturaleza y a la identidad de las personas más allá de sus características físicas.

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