Garantizo que al llegar a la última página de “Los que duermen” nada habrá cambiado en vuestras vidas.

Hace años redacté una crítica que dejaba en un lugar merecido el libro “El cielo de Lima“, de Juan Gómez Bárcena, Salto de Página. Ese era, en aquél caso, un buen lugar.

Temo decir que la reseña de esta obra, escrita con anterioridad y reeditada por Sexto Piso, no vaya a alcanzar la misma posición. Este miedo se debe al aprecio que le tengo al autor, pero considero que si uno vuelca su opinión al exterior tiene una mínima obligación de ser sincero.

 

El primer libro del sobrino que todos celebraríamos por compromiso

Los que duermen” es un libro de relatos, con ciertos nexos de unión entre sí, lo suficientemente leves como para que no se pueda denominar novela por capítulos al libro. Habilidad esta que le reconozco al autor. De hecho, el libro entero destila potencial narrativo y cierta erudición. El problema que le encuentro es el siguiente: la habilidad narrativa es la de un niño muy leído y con práctica en el arte de escribir. Pero un niño que no ha sabido borrar los restos de cordón umbilical literario de las páginas.

Al mismo tiempo, la erudición, escondida detrás de pequeños detalles, de párrafos y descripciones, resulta puerperal, se presta a ser desnudada con una facilidad particular. Y, en mi opinión, cuando todo esto ocurre, ni habilidad ni genio son lo que aparentan.

Portada de “Los que duermen”, de Juan Gómez Bárcena, reeditada por Sexto piso.

Si a todos nos publicaran nuestros primeros trabajos… ¡Ay, amigo!

Ahora bien, seré sincero, Juan Gomez Bárcena es un escritor sobresaliente. “Los que duermen” es un trabajo que sirvió de presentación de un autor que aún tiene mucho por deparar al mundo literario español. Y esto no se lo puede arrebatar nadie, ni siquiera un crítico tan puntilloso como el que redacta estas líneas.

Sin embargo, a cada uno lo que le corresponde, y lo que corresponde a “Los que duermen” es una única edición, y que disminuyan las fanfarrias. No solo porque la novela no llegue hasta ese punto, sino porque aclamar de este modo una colección de relatos prepúber desmerece los trabajos posteriores de Juan Gomez Bárcena. Y temo que, queriendo alabar esta reedición, estemos cometiendo un feo agravio comparativo con “El cielo de Lima” y “Kanada“, editada también por Sexto Piso. ¿Sabe el lector lo pesado que es un agravio comparativo? Amigos, seguidores y demás tropa que lame la portada de “Los que duermen“, no le hagáis algo tan feo a los otros dos libros. Ahorrémosles los abogados novelescos; en serio, que el código civil y el penal son libros tochos y aburridos con los que ninguna de las obras ligeras y fluidas de Juan Gomez Bárcena merecería juntarse.

 

La mala suerte de toparse con un friki de la ficción y los relatos

Paseemos, por un momento, por el interior de la novela. Lo negativo que le encuentro, lo principal, es que a simple vista no tiene nada que criticar. Esto sucede si eres un lector poco observador o desacostumbrado a la actividad de pasar páginas. De lo contrario, irás agarrando las solapas del libro con un interés decreciente conforme avanzas. ¿Por qué así? Las historias están bien construidas, salvo contadas excepciones, poseen la longitud justa, describen escenarios con brevedad y concisión, haciendo sentir que el autor ha sido prolijo en todo tipo de detalles sin gastar ríos de tinta. Sin embargo, hay un problema con los personajes.

Los personajes, ay, amigo Juan, estos seres irreales que son el punto central de tus relatos, los que deben prestar sus ojos, la máscara de su cara al lector…. estos son todos el mismo. Tienen la misma voz, entonan igual, poseen, todos, idéntica visión del entorno. Una visión, he de añadir, de poeta, de escritor. Es comprensible que un autor, en sus primeros trabajos, no pueda caer en la cuenta de lo necesario que es separar su voz lírica interior de la voz del personaje cuando lo recrea en el papel. Sin embargo, este pequeño detalle es el principal que me echó a perder “Los que duermen“. ¿Este tan pequeño?, os preguntaréis. ¿Por esta bobería puntúas negativamente toda una colección de relatos? Así mismo.

Dar voz propia a los personajes, que se diferencien de la del autor, que sean lo que realmente han de ser —un guerrero, un oficial nazi, un cronista invisible, una hija enajenada con una tarea peor que los trabajos de Hércules a sus espaldas…—, es una obligación ineludible en cualquier creador. Porque ese es su trabajo: crear, y no reproducir su voz propia una y otra vez sobre diferentes escenarios.

 

Mente despejada para abordarlo

Esta es la segunda vez que leo “Los que duermen“. La primera fue hace años, entre las paredes de un venerado convento cordobés. Allí, despertó mi interés, me hizo pasar una tarde intensa y entretenida. Estaba por aquél entonces saturado por leer relatos peores, a los que no había por dónde coger, con errores más serios que los de ser inmaduros o no otorgar individualidad. Eso, sumado a mi decisión de leer por aquella época cuanta cosa escrita cayera en mis manos, sin darme tiempo para meditarla, no me situaba en posición de realizar el mejor análisis de la obra. Sin embargo, ahora, con la costumbre de leer y leer, de analizar cientos de novelas, me hallo en dicha posición.

 

Lean lo que he querido decir, no lo que desean leer

No obstante, sabiendo como sé, que todo el mundo se queda en lo negativo, en las palabras oscuras, y obvia las sutiles salidas que pueda dar a una opinión para que no sea tan destructiva como pueda parecer —del mismo modo que sé que habrá muchos que no hayan notado los nimios detalles mencionados que me estropean “Los que duermen“— dejaré claro que esta es, sin asomo de duda, una obra recomendable. Para los que lleven dinero en el bolsillo para hacer la compra, hacerse con un libro y con este otro como secundario. Para quienes deseen conocer los comienzos de Juan Gómez Bárcena. Sin embargo, si lo que busca el lector es una buena obra de relatos, algo sorprendente, poderoso, capaz de hacerle cerrar sus páginas, pensar, y retomarlo minutos después, “Los que duermen” no debe ser tu objetivo en esta noche de caza en la librería.

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