Han pasado ya varias semanas desde la entrega de los últimos Game of the Year, un evento que dejó celebraciones, debates y alguna que otra sorpresa. Con la resaca de los premios ya asentada y el panorama más claro, es un buen momento para mirar hacia el otro lado del año: no los éxitos, sino los tropiezos. Porque, mientras algunos títulos brillaron con fuerza, otros quedaron marcados por el desastre, las malas decisiones o las expectativas incumplidas. Y hoy venimos precisamente a repasar esos fracasos que han dado mucho que hablar.

Pero hoy no venimos a hablar de éxitos ni de los títulos más celebrados del año, sino de lo contrario. Vamos a recordar algunos de los fracasos más estrepitosos que la comunidad gamer ha tenido que vivir en 2025. Evidentemente, nos dejaremos alguno fuera, y es posible que ciertos nombres no gusten a todos. Aun así, esta lista se basa en críticas, rendimiento y ventas.
MindsEye
Empezamos fuerte con MindsEye, uno de los fracasos más sonados del año.
El juego llegó con una campaña publicitaria enorme y la promesa de convertirse en un nuevo referente del género. Sin embargo, desde el primer día los jugadores se toparon con errores muy visibles: animaciones rotas, fallos gráficos, misiones que no funcionaban y un rendimiento pobre incluso en equipos potentes. A esto se sumó un diseño confuso, actividades repetitivas y un mundo vacío que hizo que muchos usuarios perdieran el interés rápidamente.
La decepción fue tan grande que el estudio recibió una oleada de críticas, peticiones masivas de reembolso y una caída drástica en jugadores activos. Incluso hubo despidos y pérdidas millonarias. En resumen: MindsEye fracasó porque no cumplió sus promesas y llegó al mercado sin el pulido mínimo que se esperaba.
Dragon Age: The Veliguard
Aquí nos encontramos con el típico caso de una saga que necesitaba un descanso antes de seguir estirando el chicle.
Dragon Age: The Veilguard fue un fracaso porque no alcanzó las expectativas de ventas de EA: solo llegó a 1,5 millones de jugadores, prácticamente un 50 % menos de lo previsto. Antes del lanzamiento, tanto directivos como empleados ya habían advertido de que el juego arrastraba fallos de diseño y rendimiento.
La versión final se alejó demasiado del estilo clásico de la saga. Su tono más “ligero”, su narrativa menos profunda y su estética luminosa no convencieron a los fans veteranos, que esperaban algo más épico y oscuro. Además, los cambios en el sistema de combate lo acercaron más a un juego de lucha tradicional que al RPG táctico que caracteriza a Dragon Age. El resultado: crisis interna en BioWare, recortes, despidos y dudas sobre el futuro del estudio. Parece que la industria sigue prefiriendo despedir antes que aprender de los errores.
Captain Blood
Entramos en terreno pantanoso. Captain Blood era un fracaso anunciado desde hacía años.
El desarrollo comenzó en el año 2000, fue cancelado tres años después por problemas legales y se retomó en 2022 para lanzarlo a toda prisa en 2025. El resultado fue un juego anticuado, como si hubiera salido muchos años antes.
Los propios responsables de Seawolf Studio admitieron que lo lanzaron prácticamente sin cambios para intentar recuperar parte de los costes. Los controles eran torpes, los combates rígidos y repetitivos, y la exploración carecía de vida. Muchos escenarios parecían vacíos y poco inspirados, lo que eliminaba cualquier sensación de aventura.
El apartado técnico tampoco ayudó: errores frecuentes, animaciones poco pulidas y un rendimiento inestable incluso en Switch. Todo transmitía la sensación de un lanzamiento apresurado. Su sistema de misiones y progresión tampoco logró enganchar.
El desastre fue tal que la compañía estuvo cerca de desaparecer, acumulando pérdidas superiores a los 30 millones de dólares, sin contar los más de quince años de inversión para mantener la IP.
Suicide Squad: Kill the Justice League
Cerramos con un caso peculiar, ya que se trata de un juego lanzado en 2024. Desde el primer día fue un fracaso, pero Warner Bros. Games insistió en que solo necesitaba tiempo para asentarse en un mercado saturado de juegos como servicio. Prometieron actualizaciones, temporadas y mejoras que nunca llegaron a materializarse.
Tras un año de espera, Suicide Squad: Kill the Justice League se convirtió en un golpe durísimo para la compañía. Las ventas fueron muy inferiores a lo esperado y las críticas, demoledoras. Según los informes financieros, la división de videojuegos sufrió una caída del 48 % en ingresos, y Warner Bros. reconoció pérdidas de unos 200 millones de dólares.
El fracaso provocó cierres de estudios, despidos en Rocksteady y la cancelación de futuras actualizaciones. Aunque el juego sigue disponible, los servicios online se retirarán en unos meses, dejando únicamente un modo historia pobre, corto y con una narrativa que pierde sentido tras un par de horas.
La jugabilidad tampoco ayudó: misiones repetitivas, enemigos poco variados y combates planos para un título que pretendía ser un juego como servicio. Como fan de DC desde niño, este ha sido sin duda el fracaso que más me ha dolido.
En definitiva
Está claro que nos dejamos otros títulos que también han fracasado este año, pero la lista ya es bastante larga. Hemos querido centrarnos en los mayores batacazos financieros y mediáticos. Todos estos juegos tienen sus defensores, y es totalmente válido: para gustos, colores.
Ojalá llegue un año en el que no podamos hacer una lista de fracasos y todos los lanzamientos sean GOTY. Sería la mejor señal de que esta industria que tanto nos apasiona está más fuerte que nunca.

























