Argumento

En “Los dioses muertos. Canto de Prometeo”, Grecia ha conseguido sobrevivir a un incidente que ha arrasado por completo la Tierra. Pero en la Hélade, los griegos se afanan por proteger su patria con ayuda de los todopoderosos dioses. Protegidos por los mismos, luchan contra las inclemencias naturales pero sobre todo contra los invasores externos, que ansían vivir en una tierra que aún conserva el esplendor clásico y donde los bienes están al alcance de todos.

Prometeo está llamado a ser uno de los héroes de Grecia y los padres olímpicos lo colman de bienes después de su primera batalla contra los salvajes, así, consigue una mayor fuerza y agilidad que los demás soldados y se gana la protección de Atenea. Pero cuando conoce a Pandora y a su anciano padre Tiréplates, ambos profesores en la Academia, su mundo se verá puesto del revés, dado que sus mentores desconfían de los dioses e incluso conspiran contra ellos.

A pesar de las constantes batallas que Prometeo ha de librar contra invasores extranjeros, desde salvajes de la misma Tierra hasta naves espaciales protegidas por el panteón nórdico, la desconfianza y las revelaciones irán ganando lugar en el corazón de Prometeo, que tan solo querrá saber la verdad y conocer quiénes son aquellos contra los que lucha y quiénes son realmente sus dioses.

Opinión

“Los dioses muertos. Canto de Prometeo” viene con una excelente presentación y unos planteamientos muy interesantes y bastante alejados de lo habitual. Sin embargo, desgraciadamente, a lo largo de la lectura, todas esas expectativas han ido desinflándose y convirtiéndose, al menos para mí, en una lectura tediosa de la que no veía el momento de llegar a la última página.

Está estructurado en 53 cantos siguiendo la tradición clásica y comenzando, como en la Odisea, en medio de la acción donde Cleón, amigo y compañero de batallas de Prometeo es interceptado por este para que cuente su historia a las generaciones venideras. Será a través de sus ojos como conozcamos las peripecias de Prometeo, sin embargo, la narrativa de Cleón se me presenta como demasiado omnisciente para ser creíble (por muchos aparatos tecnológicos que entren en juego después a modo de deus ex machina) y del narrador, que en principio está implicado en algunos de los hechos, perdemos la perspectiva en todo momento al contarnos con demasiados (demasiados) detalles todas las batallas, aventuras y pasos que da el protagonista. Es cuando habla en primera persona, generalmente al final de los cantos, cuando volvemos a caer en que, supuestamente, la historia está narrada por Cleón. Echo de menos la subjetividad del narrador, por muy novela de aventuras que sea, dado que viene avalada como una crítica feroz a la sociedad y una revolucionaria novela. En este sentido, la narración de Cleón se me hace tediosa, inane y me hace pensar que cualquier otro tipo de narrador, incluso el mismo Prometeo realizando su viaje interior y exterior, habrían sido más adecuados aquí.

Respecto al monomito, en “Los dioses muertos” nos encontramos con un viaje del héroe clásico. Los orígenes, alzamiento, personajes femeninos, caída, redención, etcétera, aquí están representados tal cual los conocemos y hemos visto cientos, que digo miles de veces en la literatura. Creo que un poco de innovación no vendría mal dado que los descubrimientos que van haciendo tanto Prometeo como Pandora, Tiréplates o Cleón en menor medida, darían para darle una revisión profunda al monomito y construir algo nuevo. Hablando en plata, desde el momento uno de empezar la novela, desgraciadamente para mí, tenía muy claro todo lo que iba a suceder después y cada “sorpresa” que se nos iba ofreciendo hacía más y más visible el final.

Respecto a los personajes, poco puedo decir que no esté dicho en párrafos anteriores con la descripción de narrador y monomito. Prometeo se ajusta perfectamente a lo que se espera de él y en ningún momento nos hace dudar de su catadura de héroe ya vista, Pandora representa la sufrida mujer del héroe que, a falta del mismo, se las medio apaña para ir tirando hasta que se da cuenta que ha metido la pata y nada es lo que parece (Máximo Décimo Meridio shot first); aunque nos encontramos que Pandora es una suerte de Hipatia de Alejandría, al final sus conocimientos y su desenlace tan solo sirven para dar comienzo a otra fase del héroe y eso me parece desaprovechar un personaje que comenzaba siendo de lo más interesante y que, desgraciadamente, se diluye a lo largo de la obra.  Y Cleón, como ya he dicho, no me aporta nada especial más que la narración a trompicones de la aventura tal y como debe ser, sin salirse de un ápice de lo convencional.

Aquí, como suele suceder en casi todo el cine de superhéroes, los personajes más interesantes son los llamados a ser los antagonistas y villanos de la obra. Tanto Atenea como Bía representan algo más en la narración, si bien Bía es un personaje encorsetado bajo una visión bastante simplista de la “zorra” que busca la venganza porque un hombre la abandonó; a pesar de ser la campeona de Grecia y haber ganado en mil batallas solo se nos cuenta que odia a Prometeo por haberla abandonado, entroncando aquí muy bien con toda la narrativa clásica y misógina donde las mujeres somos entes a medio hacer sin un hombre o cargadas de venganza y bilis a pesar de nuestros logros.

Para mi humilde visión de lectora, el personaje más interesante de la novela es Atenea que, como ente todo poderoso se dedica a fastidiar de todas las maneras inimaginables al protagonista para que no descubra el secreto que guardan los padres olímpicos y que, a la postre, es la gran revelación desaprovechada del libro. Es una pena haber llegado en este punto al “hasta aquí puedo leer” para no dar demasiados detalles sobre la trama y la sorpresa, porque merecería una crítica más extensa y aparte que iluminara la comprensión total de mi decepción.

Sobre dicha sorpresa, decir que me esperaba más. Ya sabemos que “Los dioses muertos” está ambientado en un lugar distinto de la Grecia clásica que conocemos, se trata de un futuro distópico donde los trirremes pueden navegar por el espacio y se libran batallas contra medusas que surgen de mares de sulfuro. Por ello, cuando “vemos la luz” se supone que deberíamos plantearnos muchísimas más cosas de las que realmente se nos plantean y todo esto sucede porque, a mi entender, los dioses están más que desaprovechados. Sin revelar nada de la trama, en un determinado momento la historia épica de Prometeo debería haber girado en torno a preguntas más filosóficas y haber abandonado la narración de batallas o los inmensos y explicativos diálogos que nos ofrece, sin embargo, el tono narrativo sigue igual en el Mythos y en el Logos (las dos partes en que está dividida la obra). En cierto momento todo deja de tener el sentido que tenía y creo que era el pistoletazo de salida perfecto para abandonar el monomito y construir algo novedoso, algo rompedor, que sin embargo se nos queda en pañales puesto que, lamentablemente, como pensaba ya desde el principio, la obra a pesar de sorpresas, revelaciones y cuestiones cósmicas, se desarrolla en un patrón cerrado que sigue el viaje del héroe a pies juntillas. Una pena, de verdad.

Reconozco que Fideu ha hecho un trabajo intenso de recreación del mundo griego y que nos ha dado una premisa interesantísima y muy atractiva, simplemente creo que el desarrollo de la misma se ha acabado tragando la novedad y una extensión demasiado larga y un formato de cantos demasiado caótico han hecho el resto.

Respecto a la edición física de “Los dioses muertos” he de dar la enhorabuena a la editorial El Transbordador, que nos presenta un tomo precioso, atractivo para el lector y de fácil lectura por el tamaño de su letra. Además, el envío vino acompañado de postales y un marcapáginas de una gran calidad, con las ilustraciones de la novela. Todas las ediciones de El Transbordador son una maravilla de calidad y libros que merece la pena conservar por muchos años, sin duda.

El autor

José Antonio Fideu Martínez nació en Albacete en 1972. Además de escribir, es maestro, guionista e ilustrador. En 2016 recibió el Premio Minotauro por “Los últimos años de la magia”. Entre sus obras están “Alma”, “Las increíbles aventuras del duque Dementira”, “La logia de los soñadores”, “Los archivos del capitán Meteoro” y “Núbilus” en cómic y “Los últimos años de la magia”, “Núbilus (La novela)” y “Los dioses muertos”.

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