Lo que hacemos en las sombras

Si ésta es una de las series más divertidas que podemos ver hoy, se dice y no pasa nada. Y si su humor es inteligentísimo, sus efectos visuales están perfectamente utilizados, y su habilidad para reinterpretar la mitología vampírica es brillante, también se admite. Lo podemos hacer porque, de hecho, es totalmente cierto. Con pocas series uno se puede reír tanto como con ‘Lo que hacemos en las sombras’ (HBO), la reinterpretación televisiva de la igualmente divertida película neozelandesa dirigida y protagonizada por Taika Waititi y Jemaine Clement (2014).

El argumento de la serie surge desde un punto de partida maravilloso: después de vagar por el tiempo y el espacio durante siglos, tres vampiros conviven en una pequeña casa del barrio neoyorquino de Staten Island; se trata de Nadja (interpretada por Natasia Demetriou), Laszlo (Matt Berry) y Nandor (Kayvan Novak). Un matrimonio vampírico y un antiguo señor persa, respectivamente, que conviven, además, con el vampiro energético Colin Robinson (Mark Proksch) y con el fan de los vampiros y aspirante a convertirse en uno de ellos Guillermo (Harvey Guillén).

‘Lo que hacemos en las sombras’ (HBO) es un humor inteligente y perfectamente desarrollado a través de personajes magnéticos

Estos cinco personajes sostendrán durante tres temporadas una serie que, año tras año, mejora y progresa en un camino hacia la madurez que, en paralelo, contará con más y mejores secundarios de lujo para completar sus subtramas. Entre ellos destacan el barón Afanas (Doug Jones) en la primera temporada, la divertida aparición del familiar vampírico Topher (Haley Joel Osment) en la segunda, o el papel de Sean (Anthony Atamanuik) como un anejo humano que aparece de vez en cuando y conecta a estos animales nocturnos con la cotidianidad en la tercera.

Con el paso de las temporadas tenemos personajes principales más desarrollados, maduros y con reinterpretaciones que les dan un mayor potencial. Dos de ellos salen especialmente beneficiados en el camino de la tercera temporada: Laszlo en su rol de Jackie Daytona, un camarero humano con “poderes” para cambiar la vida de los demás, es un descubrimiento que aún puede dar mucho más de sí. Pero, sobre todo, Colin Robinson ha crecido desde su posición de contrapunto vampírico hasta ser un personaje esencial en el quinteto. Y todavía queda por sacarle mucho más provecho al parentesco de Guillermo con un famoso cazador de vampiros.

Serie mockumentary

Las subtramas adquieren numerosas formas pero, en general, podemos decir que todas ellas conectan con un tema único: la presencia de estos vampiros dentro del mundo humano, intentando pasar desapercibidos, y el choque que ello supone. Tal es así que, en la mayoría de los casos, se trataría de un “choque cultural” que sería igual con estos personajes nocturnos que, por ejemplo, cualquier otro turista perdido en medio de otra cultura para ellos ignota (e hipnótica).

El hacer así es síntoma de una construcción deliberadamente consciente y bien pensada de los personajes y las tramas a medio y largo plazo. Algo que nos tendría que regalar todavía grandes capítulos en ‘Lo que hacemos en las sombras’.

Humor chocante a raudales y sátira e ironía inspiradísimas

En esta tercera temporada es muestra de esto, de hecho, el cuarto: cuando el quinteto visita Atlantic City y, lo que allí les pasa, hace que estos vampiros no puedan descansar por el día, arriesgando sus vidas y alterando su carácter. La crítica social al juego y a las adicciones, a cómo esta “vida en el juego” altera al ser humano, a través del estereotipo vampírico es, sencillamente, genial. Si la serie es capaz de hacer cosas como estas en su tercera temporada, ¿qué más nos depararán las temporadas por venir?

‘Lo que hacemos en las sombras’ (HBO) es un humor inteligente y perfectamente desarrollado a través de personajes magnéticos introducidos en una trama, esencialmente, de enredos, justificados por el “choque cultural vampiros vs. humanos”. De paso, se ejerce una crítica social ácida a las costumbres y roles sociales más característicos de la sociedad estadounidense.

Una reinterpretación inteligente de los roles vampíricos, humor chocante a raudales y sátira e ironía inspiradísimas que, a la postre, forman y nos regalan una serie mockumentary de risas aseguradas.

Nota: 8/10

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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