Ian Gibson

Por mucho que un texto nos resulte interesante y apasionante, a veces, trasladarlo a otros códigos comunicativos no resulta ser una buena idea. Sabemos que, cuando esto pasa, es porque se intenta ampliar el público de ese texto. Así se explican las incontables novelas que se han llevado al cine. O, como es nuestro caso, las ingentes biografías que han llegado -sobre todo, últimamente- al cómic o a la novela gráfica. Pero en esta búsqueda de nuevos públicos hay que considerar que ya no es un solo código (el lingüístico) el que interviene en su relación con la persona lectora sino dos: con el añadido de la viñeta y todos sus significados extratextuales (tipografías, distribuciones de elementos gráficos, colores…) llegando a aportar significados nuevos y distintos al texto original.

En “Ligero de equipaje. Vida de Antonio Machado” (Ediciones B, 2019) se mezcla el texto del historiador Ian Gibson (Dublín, 1939) con el dibujo de Quique Palomo. Un encuentro que ya dio a luz la magnífica obra “Vida y muerte de Federico García Lorca” (Ediciones B, 2018). Pero rueda pasada no mueve molino. De ahí que no podamos extrapolar, desgraciadamente, el éxito de anteriores encuentros a esta obra que hoy comentamos. Las decisiones artísticas son distintas. El equilibrio entre la expresividad del dibujo y la fuerza del texto ha cambiado. La paleta de colores ha mudado ahora desde los colores fríos a otros cálidos. Tampoco la historia posee una fuerza como la que tiene la historia de Lorca.

Con todo, estas decisiones se mueven en el rango de lo ya conocido, lo que nos lleva a pensar que, además, no se ha trabajado como se debiera este tomo. En otras palabras, creemos que se ha tendido más a mantenerse dentro de los límites ya explorados en proyectos anteriores, que a respetar este proyecto lo suficiente como para llegar a darle una entidad y carácter propios, capaces de hacer de esta obra una individualidad reconocible e identificable. Haciendo así, Gibson y Palomo nos dan a pensar que las “biografías” publicadas tienen más peso como proyecto editorial que, incluso, las historias de los personajes a los que se dedican sendos tomos. Flaco favor a Antonio Machado e, indirectamente, también a Federico García Lorca.

Tampoco existe un equilibrio entre el dibujo y el texto, siendo mucho más preminente el segundo que el primero. Una característica que rompe el ritmo de la historia, desfigura el estilo de la obra y dificulta la contribución del grafismo como vía de comunicación con la persona lectora. Si se quería conseguir que el dibujo contribuyese a abrir el texto a nuevas personas lectoras, debería facilitársele el trabajo, dándole protagonismo o permitiéndole fluir; algo que en “Ligero de equipaje” está muy lejos de pasar. Hasta el punto de tener páginas enteras dedicadas al texto, comunicándose con el género gráfico únicamente a través de la tipografía y la distribución de los párrafos. Más notable es todavía esta característica si comparamos el tomo con la tendencia actual a dejar que sea el dibujo, y no el texto, el que muestre la historia (poniendo a “Sabrina”, de Nick Drnaso, como epítome actual de esta línea ideológica de concepción del cómic).

Ligero de equipaje MachadoAún así, existen aspectos positivos que no debemos olvidarnos de considerar. El primero es la historia personal de Antonio Machado, desde la tierna infancia de un feliz e inocente joven, hasta la dramática muerte del popular poeta, enfermo y abandonado a su suerte por un régimen dictatorial embrutecido e ignorante. En esta transición vital entre ambos extremos acontecieron numerosos e interesantes acontecimientos, muchos de ellos parte de la historia de España, que aparecen aquí y son, por tanto, una oportunidad para recordar y darle a aquellos hechos la importancia real que tuvieron -y que el paso del tiempo les otorgó. Como, por ejemplo, la fundación por Giner de los Ríos de la Institución de Libre Enseñanza, de la que los hermanos Machado fueron alumnos, y que aquí tan claramente se contrasta con la rígida educación por entonces casi exclusivamente en las estrictas manos de la Iglesia Católica.

Otro aspecto que nos ha gustado es la significación de la obra poética de Antonio Machado. Y se hace aquí en una doble dirección. Por un lado, se percibe con claridad un discurso metaliterario de fondo a través del cual se escarba en la tan íntima relación entre el arte y la política. Especialmente, cuando se habla de cómo, mientras insignes poetas españoles se pusieron del bando del gobierno legítimo de la república, otros de menor entidad prestaron su limitada habilidad al fascismo golpista emanado de los cuarteles -una propaganda más tarde extendida a los medios que apoyaron el golpe de estado como fue ABC.

Por otro lado, y este sí se percibe como un aspecto cuidado y pensado al detalle, la poesía de Antonio Machado se conecta no solo con el contexto histórico sino también con la propia vida del poeta y sus distintos momentos decisivos. Lo personal y lo poético comulgan juntos de forma acompasada, dejándonos algunos de los momentos líricos y emotivos más destacados del tomo. Incluso, es posible observar aquí la descripción de la evolución creativa del poeta, desde su intimismo inicial a un compromiso social más marcado en sus últimos momentos. Representando y caracterizando así, muy bien, a Antonio Machado como poseedor de una de las historias personales más dramáticamente bellas y aleccionadoras de nuestra historia literaria.

“Ligero de equipaje” (Ediciones B, 2019) es un tomo desequilibrado, donde el diálogo entre texto y dibujo se ejecuta tan deficientemente que es capaz, en nuestra opinión, de opacar otras virtudes, hasta el punto de sepultar entre tanta letra a la historia personal y la evolución creativa del protagonista de la obra: Antonio Machado.

En consecuencia, este no es un gran cómic y está lejos de ser una novela gráfica in stricto sensu, es, más bien, un ensayo dibujado, donde Quique Palomo resulta ser un ente subsidiario respecto a Ian Gibson; algo que nos queda claro desde el momento en que Gibson y Palomo no comparten protagonismo en la portada. Una decisión editorial que, desde Fantasymundo, nos permitimos discutir y desaconsejar. Porque, visto lo visto, si no se deja libertad al dibujante para comunicar adecuadamente a través de los códigos del cómic que conoce y domina, ¿no saldría mejor leer el ensayo y punto, antes que promover este tipo de obras a medio camino de todo y en tierra de nadie? Nosotros así lo creemos.

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