Hace unos meses Norma Editorial estrenaba nuevo shojo, Last Game de Shinobu Amano: una historia sobre Yanagi, un niño popular, inteligente y buen deportista que lo tenía todo hasta que Kujo llegó a su clase y empezó a superarlo. De esta forma se inició una rivalidad de diez años que terminó convirtiéndose en amor por parte de Yanagi. El último juego daba comienzo: uno en el que él haría que Kujo se diese cuenta de sus verdaderos sentimientos.

Si no conoces el manga, te recomiendo que vayas a la reseña de los tomos 1 y 2, en la que no encontrarás spoilers.

En el volumen 3 el juego entre Kujo y Yanagi continúa. Tras besarse accidentalmente en el festival escolar, el chico es incapaz de interactuar normalmente con Kujo, lo que los lleva a perderse en el bosque durante un viaje de convivencia con el club de astrología… y a pasar su primera noche juntos.

Después de la típica (e indispensable en todo shojo) escena en la que Yanagi se pone enfermo y Kujo va a cuidarlo a su muy particular manera, la hermana de Yanagi decide invitarla a ella y a Kei Soma a una fiesta privada de cumpleaños.

Es allí, ya en el tomo 4, donde hará su aparición la rival femenina, Momoka Tachibana, estudiante de una universidad para chicas.

Entre las clases, las actividades del club y las escenas típicas de shojo, Kujo y Yanagi seguirán construyendo una relación llena de divertidos malentendidos, pero también de momentos muy tiernos, y conquistando al lector con su perfecta química.

Y es que estamos ante unos protagonistas que, debido a sus personalidades tan opuestas, funcionan muy bien juntos, cosa que Shinobu Amano sabe explotar a través de una miríada de situaciones que los obligan a enfrentarse a sus sentimientos y los hacen evolucionar como personajes.

Pero ningún manga de 11 tomos puede sostenerse solo sobre sus protagonistas, aunque tengan tanta química como los de Last Game. Y si bien en los dos primeros volúmenes los secundarios no parecían existir nada más que alrededor de la pareja, según la historia avanza la mangaka les va dando un poco más de personalidad e independencia. Es el caso de Shiori, la amiga de Kujo, de algunos de los miembros del club de astrología o de la hermana de Yanagi, que se adivina que va a aparecer algo más en próximos tomos. Pero sobre todo de Kei, que fue introducido en el segundo volumen como rival masculino. Y, aunque perdió credibilidad enseguida ya que Amano lo redujo a un alivio cómico, ha sabido recuperarlo y convertirlo en un personaje con más profundidad que, aun sin quererlo, empieza a sentir algo por Kujo.

La honestidad e inocencia de Kei contrastan con la personalidad de Tachibana, la otra gran secundaria y rival femenina, que bajo su comportamiento dulce y modoso oculta cierta maldad. Aunque en este cuarto tomo todavía no se desarrolla mucho, promete ser un personaje que dé mucho juego a Last Game.

Como ya dije en la primera reseña, este manga presenta muchas de las situaciones típicas del shojo, por lo que su trama no es un ducho de originalidad, pero gracias a sus personajes, la mangaka consigue aportarle mucha personalidad y, aunque ya hallas leído la escena de la gripe mil veces, y hayas visto aparecer a la rival pérfida otras mil, con Kujo y Yanagi siempre hay algo diferente que consigue sorprender o arrancarte una sonrisa.

Last Game es un shojo ligero, divertido y muy, muy ameno, que no puedes soltar una vez has empezado a leer. Tal y como dice la autora en las columnas de comentarios, con esta historia pretendía que el lector pasase un rato entretenido, y es algo que consigue con creces.

Además de la historia principal, cada tomo suele incluir algún one-shot o historia corta: en el tomo tres es un capítulo especial sobre Kujo y Yanagi en bachillerato, mientras que en el cuarto es una historia romántica de ninjas que, en lo personal, creo que aporta muy poco de forma individual y resta un espacio que hubiese podido aprovecharse para otros capítulos especiales que sí tuviesen que ver con el manga.

Del arte de Shinobu Amano solo puedo decir que encaja a la perfección con el tono del manga, ofreciendo un muy buen equilibrio entre las escenas más ligeras y cómicas, con abundante viñeta y texto, y las más dramáticas o románticas, dibujadas con amplitud y detalle.

La edición, como siempre que hablamos de Norma, es muy cuidada, con un acabado agradable al ojo y al tacto y una traducción muy natural.

En definitiva, Last Game es un muy buen shojo ligero, que no te defraudará si te gusta este tipo de manga. En lo personal me declaro fan absoluta de Shinobu Amano, y no puedo esperar para saber cómo continúa este último juego.

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