No resulta sencillo, como lector, asomarse a una nueva saga literaria, ya sea fantástica, ciencia ficción o cualquier otro género. Hay muchos títulos en el mercado, no siempre se está dispuesto a embarcarse en un viaje de 1.600 páginas (más o menos) y la confianza en las editoriales y autores se ha visto hundida por algunos casos de sagas inconclusas o de años de espera. Y si no resulta sencillo como lector, como autor me imagino que debe ser un proceso agotador y de gran valentía. “La simiente de la Esquirla”, primer volumen de la tetralogía “El hueco al final del mundo” de Rodolfo Martínez, editado por Sportula, salva todos obstáculos con ilusión, destreza y oficio, consiguiendo dar forma a una gran primera etapa del viaje y un vistazo inicial al enorme y bien detallado mundo de Duniya.

El argumento

Kláiner es el Hereje, matador de monstruos, azote de verjóngers, enemigo público número uno, y la ciudad es su jardín; su selva, llena de peligros y amenazas; su hogar y su infierno particular; el objeto más preciado del universo y aquello que más odia en el mundo.

Esta noche la caza va a ser distinta, y la visitante inesperada que se materializa junto a los monstruos va a estremecer los cimientos del mundo de un modo que nadie puede imaginar.

Quizás como sinopsis quede algo corta, dejando ver algunas de sus virtudes pero guardándose varios ases en la manga. Y teniendo en cuenta, siempre, que es el primer paso de un viaje, donde ciertos elementos saldrán a la luz mas adelante. Hay unos puntos clave que conforman el nuevo universo de la novela y que se deben presentar ahora para dar contexto y coherencia a las reflexiones posteriores.

Kláiner es un humano “normal” (si es que eso existe), huérfano por culpa de un incidente con los verjóngers, las entidades que ahora se dedica a exterminar. Los verjóngers forman parte de un fenómeno que ocurre en Volkenskap, su ciudad: se abren unos extraños portales y de ellos surgen unas feroces formas pseudohumanas que arrasan y aniquilan todo a su paso. A Kláiner se le conoce como el Hereje ya que los poderes políticos y religiosos de Volkenskap consideran que no debe hacerse frente a tal amenaza si no que, utilizando la llamada “Lotería de Dios” (es decir, dejar a unos pobres mártires deambulando por las calles hasta que los verjóngers dan con ellos), basada en un supuesto sorteo justo entre todos los habitantes, se termina el problema. Kláiner no está solo en su lucha desigual, cuenta con la ayuda de una IA, Cegé, un cerebro gelificado tan inteligente como irónica. Ibyra es la visitante inesperada que se sugiere en la sinopsis, que desencadena parte de la acción y nos lleva de la mano en el segundo de los libros en los que se divide la novela. Estos son, a (muy) grandes rasgos y sin desvelar demasiado, las premisas argumentales básicas de la novela.

El camino del héroe

Kláiner, nuestro protagonista, no deja de ser una variación del héroe clásico, ajustado a los tiempos que corren. Eso no debe entenderse como algo negativo, por supuesto. Ya hay demasiada originalidad alrededor de toda la novela como para ponerse quisquillosos al respecto. Kláiner, veinteañero, a medio camino de la vida adulta, debe hacer frente a su existencia luchando contra la amenaza de los verjóngers, la Inquisición y la soledad junto con Cegé como única aliada (si, es una IA pero le doy tratamiento femenino, a saber). No deja de lado los aspectos mundanos del crecimiento humano tales como el desamparo o la sexualidad (género e identidad), pero desde una óptica actual, renovada.

El Hereje no es el único personaje interesante ni me gustaría que quedase esa impresión. “La simiente de la Esquirla” tiene un potente plantel de diversos personajes que van haciendo aparición a lo largo de las 400 páginas de este primer volumen. No hay mejor “personaje” que el vasto mundo que Rodolfo Martínez comienza a esbozar en el arranque de saga. El volumen comprende dos libros. La ciudad de Volkenskap es la protagonista de ese primer libro, concentrada en una serie de islas comunicadas por carreteras y aisladas del resto del mundo y es donde reside y discurren las aventuras de Kláiner. Ese primer arco sirve como puerta de acceso al mundo creado, utilizando la ciudad isla como centro. La idea es muy buena y sirve para estructurar gran parte de las ideas de una manera sencilla. La primera mitad del libro fluye rápida, se lee con avidez, entre descubrimientos, aventuras y promesas de ir creciendo. Es un arranque excelente de libro y de saga, sin que el lector se sienta abrumado ante la información, que se va soltando poco a poco, entre dinámicas escenas de acción. Una vez pasadas las 200 primeras páginas y con el inicio del segundo libro, el mundo se amplía. Y crece a lo grande, presentando una nueva parte de Duniya, con sus peculiaridades que hace necesario reorganizar la información obtenida anteriormente.

“La simiente de la Esquirla”, primer volumen de la tetralogía “El hueco al final del mundo” de Rodolfo Martínez, editado por Sportula, salva todos obstáculos con ilusión, destreza y oficio, consiguiendo dar forma a una gran primera etapa del viaje y un vistazo inicial al enorme y bien detallado mundo de Duniya.

El cambio de ritmo, a mitad de la novela, si que en esta ocasión puede llegar a abrumar. La narración se vuelve más compleja, alternando historias e información pero, una vez terminada la lectura, te das cuenta de que resulta necesario ese aumento de la complejidad. Si tienes un mundo creado tan grande y diverso, hay que aprovecharlo al máximo y Rodolfo Martínez se preocupa en hacerlo. Mima cada giro de la historia, cada nueva información, cambio de escenario, lenguajes, comportamientos sociales… todo un mundo que va creciendo párrafo a párrafo. “La simiente de la Esquirla” es uno de esos libros que hace imprescindible la presencia de un mapa para buscar y seguir los movimientos de la narración. Y tiene uno, bien detallado y ampliado en sus páginas finales, al igual que una guía de personajes por zonas, cosa de agradecer.

El libro, como había comentado, se divide en dos partes pero hay un prólogo, dividido en cuatro partes y que presenta otras tantas historias distintas, inconexas en un principio y que adquiere su pleno sentido según se avanza en la lectura. Resulta muy gratificante, casi como un juego, ver como esas cuatro pequeñas historias se van enraizando en el resto del libro. Hasta ese nivel de mimo y detalle llega este primer volumen, con todos sus puntos fuertes bien ejecutados.

Duniya, el mundo que se nos presenta, es original y tiene una cronología bien detallada en la web, pero la obra maneja ciertos referentes, ideas que dentro de una obra que pretende ser el eje central de la obra de su autor, se pueden enlazar a los gustos desarrollados por Rodolfo Martínez durante su vida. Hay algunos claros (la ciencia ficción clásica, detalles de Batman, Superman, Spiderman…) y otros que pasarán desapercibidos. Seguro que, en algún momento, Rodolfo nos deja un post en la web detallando parte de esas referencias. Para que tengamos algún guiño en mente nos deja un par de páginas (336 y 337) casi para la historia, en un ejercicio de amor al género dentro de una parte muy especial del libro.

En definitiva:

“La simiente de la Esquirla” juega con elementos de ciencia ficción, de aventuras y acción e incluso de algunos aspectos cercanos a la fantasía (aunque los aspectos de ciencia que se presentan no me resultan fantasía sino ciencia demasiado avanzada). Cumple con creces su papel de primera entrega de una saga, dando forma a su mundo, dejando pistas abiertas para el resto de libros. Una narración vibrante, ágil como sus escenas de acción pero que no tiembla a la hora de ir un paso más allá y añadir un plus de complejidad. La novela tiene una estructura y desarrollo envidiable, casi en capas, que te deja a ti, como lector, a cargo del nivel de inmersión en el que te quieres sumergir con la lectura. En los niveles altos de inmersión juega un papel importante la web que Rodolfo ha desarrollado, llena de contenido adicional, además de sus procesos creativos como escritor, con historia y desarrollo de Duniya y sus habitantes. Pero la novela también resulta accesible para lectura menos profundas y más directas. Un equilibrio nada fácil. La edición de Sportula destaca por su portada, obra de Prez y una serie de ilustraciones interiores a cargo de Luccer_art, además de por el mapa final.

No se le puede exigir más a un primer paso (de cuatro) en un nuevo universo literario. Rodolfo Martínez sale triunfante de su dura tarea autoimpuesta, dejando una entrega inicial entretenida, interesante, vibrante y con un final que incita a seguir deambulando por Duniya. Exprime sus herramientas como narrador, haciendo accesible la entrada a un extraño nuevo mundo para subir el nivel en su segunda parte pero sin exprimir demasiado al lector. “La simiente de la Esquirla” es un hito en la literatura nacional (negaré haber dicho y escrito tamaña cuñadez: si Rodolfo Martínez fuese un escritor extranjero publicado por un editorial grande, el éxito sería masivo) que queda pendiente de evolución en los volúmenes restantes. El nivel inicial es muy alto pero todo apunta a que las siguientes entregas van a ir mucho mas allá.

Podéis leer las primeras páginas y comprar el libro en diferentes formatos desde el siguiente enlace.

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