Detective de novela negra
Detective de novela negra

Hace poco (el 18 de octubre) se cumplieron diez años de la muerte de Vázquez Montalbán… ¿No tiene la serie de Pepe Carvalho un digno heredero?

Bueno… La novela negra no es uno de mis géneros preferidos, pero creo que todos hemos disfrutado del género en ciertas dosis. Así y todo, me sorprendió la declaración de Lorenzo Silva a Paula Arenas publicada en el diario 20 Minutos en la que decía que, diez años después de la muerte de Manuel Vázquez Montalbán, sigue sin haber un detective comparable a Pepe Carvalho.

El hecho de que alguien con el currículo de Lorenzo Silva, que también escribe novela negra (“El alquimista impaciente” es su obra más conocida) y dirige el certamen Getafe Negro, diga algo así puede dar la impresión de que se trata de un género en franca decadencia. ¿Es así? Pues… Depende de cómo se mire.

Vamos a intentar analizar si, efectivamente, la novela negra goza o no de buena salud en nuestro país analizando sus características y tomando ejemplos de obras realizadas por autores españoles.

Lo primero de todo: ¿Qué es una novela negra?¿Cómo podríamos delimitar el género? Difícil cuestión que obedece a un criterio bastante subjetivo, pero procuraremos dar una definición lo más ajustada posible: la novela negra es una suerte de novela policiaca protagonizada por un personaje normalmente decadente que, movido por un curioso código de honor, intenta resolver una situación motivada por algún tipo de ruindad humana (normalmente lujuria, codicia, ansia de poder o todas las ramificaciones conocidas del odio). Se caracteriza también por la presentación de una serie de situaciones violentas (en el sentido de resultar “políticamente incorrectas”), la falta de definición entre héroes y villanos (la frontera queda muy difusa), y por la falta de garantías de un “final feliz” (la situación que debe ser resuelta no tiene que serlo necesariamente, o bien el protagonista no recibe el apropiado reconocimiento a su esfuerzo).

Creo que ha quedado bastante delimitado, pero… ¿Os suena este esqueleto argumental? Seguro que a muchos sí, y referiréis sin duda obras que nadie pensaría que estarían ligadas a la novela negra. Esta situación se debe, sin duda, a la delgadísima diferencia entre el género que nos ocupa y otros de definición igualmente vaga, lo que puede hacer que mucho lector crea que está leyendo otra cosa sin ser consciente de que sigue novela negra. Veámoslo.

Caricatura de Manuel Vázquez Montalbán, creador de Pepe Carvalho
Caricatura de Manuel Vázquez Montalbán, creador de Pepe Carvalho

Tomemos un género argumental que se puede aplicar a cualquier obra y que se escucha hasta en la sopa: Thriller. ¿Qué narices es un “thriller” aparte de una pieza musical de Michael Jackson? Pues ni más ni menos que el género de “suspense” de toda la vida. ¿Cómo lo definiríamos? Pues sería algo así como un argumento de intriga y acción en la que todos sus elementos están al servicio de la trama. La historia presenta un ritmo rápido con abundantes escenas de acción, y se centran en los esfuerzos del “bueno” para acabar con los planes del “malo malísimo”… Y se basa mucho en la figura del “suspense” (lo siento, no me gusta usar la dichosa palabra “cliffhanger”) con objeto de mantener enganchado al lector.

Bien… ¿Tiene el “thriller” elementos en común con la novela negra? Sí, obviamente. Pero si bien toda novela negra podría encajar (aunque sea con calzador) en la definición, no todo “thriller” encajaría como novela negra. Para muestra un botón terriblemente evidente: las aventuras del James Bond de Ian Fleming serían un “thriller”, pero jamás encajarían como novela negra.

Pero sigamos adelante. También hemos empleado y escuchado con profusión el término “novela policiaca”. ¿En qué consiste este género? En este caso está mucho más claro: se trata, lisa y llanamente de un género narrativo cerrado centrado en la presentación y resolución de un caso o, según una certera definición de Thomas Narceaj (prolífico escritor de novela policiaca): “La novela policíaca es un relato donde el razonamiento crea el temor que se encargará luego de aliviar.

¿Es, pues, motivo de confusión de género con respecto a la comparación con la novela negra? Puede serlo. Pero la novela negra no se ajusta necesariamente a ello: insisto en la apreciación hecha al principio por la cual no es preceptivo un final honroso y feliz, siendo así que el caso presentado no tiene por qué ser resuelto. Paralelamente a ello, ni siquiera tiene que ser el objetivo del personaje, puesto que el protagonista no ha de ser preceptivamente un detective o policía… Perfectamente puede ser la víctima del caso, el criminal que lo ha perpetrado o el fiscal que lo persigue.

Detective de novela negraMuchas novelas negras podrían considerarse como un subtipo de novelas policiacas (las mismas de Pepe Carvalho ya mencionadas, o las protagonizadas por el inspector Barraqueta José Luis Gracia Mosteo-, o por el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro –Lorenzo Silva-, o por el inspector Juanito ProazaRafael Estrada-…), pero no todas (citemos por ejemplo al exmarino patibulario Eladio Monroy de las novelas de Alexis Ravelo; a Roberto Esteban, el pobre boxeador retirado creado por David Torres, o al pobre paciente del psiquiátrico recurrente –cuyo nombre no se desvela- en las novelas de Eduardo Mendoza al que el comisario Flores saca ocasionalmente para que le haga el trabajo).

Espero haber podido delimitar un poco los límites del género para que no se confunda con otro, aunque soy consciente de que la frontera entre ellos es bastante difusa y, en ocasiones, casi inexistente. Pero aún no hemos terminado. ¿Hay otros elementos que nos llevan a confusión con respecto a la novela negra? Sí. Básicamente la imagen que tenemos de ella, y profundicemos sobre ello.

La imagen que tenemos de ella… ¿Y qué imagen tendríamos de ella? Muy simple: la que nos da el cine. Cuando pensamos en “cine negro”, automáticamente se nos va la mente a películas como “El halcón maltés”, “El sueño eterno” o “El tercer hombre”, que nos transportan a ese ambiente oscuro y decadente creado por autores como Raymond Chandler… O, si somos algo más entendidos en cine, podemos pensar en obras más modernas como “Blade Runner”, “Heat”, “Seven” o “Sin City”, donde podemos reconocer los mismos elementos. ¿Que cuáles son? Simple: Fatalismo dentro de una sociedad decadente que amenaza tanto al personaje protagonista como a otros aderezado por la figura de una mujer fatal que, sin aparentar ser un elemento de riesgo, puede llevar al protagonista a la perdición… Y todo para llegar a un final ambiguo en el que se resuelve la trama, pero pagando un precio.

Eusebio Poncela, Pepe Carvalho en la adaptación televisiva
Eusebio Poncela, Pepe Carvalho en la adaptación televisiva

Los elementos mencionados nos llevan a cerrar nuestra mente y a no concebir una trama de novela negra fuera de esos escenarios que nos resultan tan icónicamente familiares, pero… No es tan simple. Francisco Angulo, por ejemplo, nos introduce la novela negra con elementos de Ciencia-Ficción (“El Olfateador”) o en un entorno bélico con elementos de terror (“Compañía Nº 12”); Luis García Jambrina y Félix González Modroño se atreven a mezclar el género con la Historia, el primero a través de la figura de Fernando de Rojas en el siglo XV (“El manuscrito de piedra”) y el segundo a través de la figura de Fernando de Zúñiga en pleno siglo XVII (“La sangre de los crucificados”)…

Y, por supuesto, no olvidaremos mencionar el tema de que, pese a que los protagonistas de este tipo de novelas suelen ser hombres, notamos con notabilísimas excepciones, siendo la más notable la inspectora Petra Delicado (debut de este personaje en “Ritos de muerte”): mujer irónica, capaz, altamente eficiente e independiente creada por Alicia Giménez-Bartlett en cuyo personaje se basaron para el desarrollo de la serie de televisión homónima del 99 protagonizada por Ana Belén y Santiago Segura (en el papel del subinspector Fermín Garzón), y que debió o pudo ser la inspiración para la creación de otra serie: “Los misterios de Laura”.

¿Conclusiones? Efectivamente, aunque ninguno de los ejemplos citados llega aún a la popularidad de Pepe Carvalho, disponemos de un amplio catálogo de novela negra escrita por autores españoles. ¿Qué puede no ser reconocida apropiadamente o confundida con otros géneros? Vale, puede ser, pero ello no implica ni que haya dejado de existir, ni que el género se encuentre en decadencia. La cantidad y variedad de autores y temáticas, a lo que hay que sumar los éxitos constantes de certámenes como el “Getafe Negro” o la “Semana Negra de Gijón” (dirigida por el mejicano –aunque nacido en Gijón- Paco Ignacio Taibo, otro prolífico escritor de novela negra), nos indican que goza de muy buena salud en nuestro país.

Y… ¡Ojo! Hemos hablado exclusivamente de autores españoles y de personajes creados por ellos. Si ampliamos el abanico de búsqueda a autores en lengua española –es decir, no exclusivamente españoles-, la cantidad de referencias se multiplicará exponencialmente.

Así que, amantes de la lectura, os invito a descubrir a estos no tan conocidos –en comparación con Carvalho- personajes.

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