Todo ensayo debería ser capaz de conseguir aquello que Gonzalo Pontón (Barcelona, 1944) consigue en ‘La lucha por la desigualdad’ (Pasado & Presente, 2017): aportar una nueva mirada sobre el pasado al tiempo que, al enfocarlo desde una perspectiva contemporánea, es capaz de mostrar sus implicaciones, sus tentáculos en nuestro presente. Si a esto le sumamos la trascendencia del tema que trata: la desigualdad y los mecanismos a través de los cuales se ha construido su legitimidad y reforzado sus bases ideológicas. Además de lo extraordinario que es encontrar, simultáneamente, una escritura fluida, repleta de información y entretenida. Se explica y se comprende perfectamente su elección como obra galardonada con el Premio Nacional de Ensayo 2017.

En el centro de su trabajo: el siglo XVIII y el mito de la Ilustración.

De este siglo proceden muchos de los “micro mitos” (permítaseme la licencia) cuya acumulación da sostén y ofrece fundamento a la ideología liberal: la emergencia de la burguesía basada en una innovación creativa desconectada de las redes de poder, una clase independiente respecto a la lucha de clases, cuya emergencia estaría favorecida solo por la iniciativa y el espíritu aventurero, sin ayuda ni colaboración de los estados y/o de los gobiernos…

Mitos del liberalismo que son, a la postre, mitos de la clase burguesa. Esta mutua retroalimentación burguesía-liberalismo, además de crear un nuevo discurso ideológico-político, fue el motor a partir de cual se acabarían construyendo los instrumentos organizativos de poder encargados de difundirlo, expandirlo, consolidarlo y, con el tiempo, imponerlo territorialmente en el continente europeo y posteriormente en la cultura política occidental.

El trabajo de Pontón se asienta en los hechos, los datos y el análisis de la realidad de la época para recorrer la verdadera cara del s. XVIII y, así haciendo, desenmascarar a la leyenda liberal y echar luz sobre las realidades que la mitología burguesa esconde.

En el centro del engaño, como el propio titulo indica, está la idea de la igualdad-desigualdad. Pues, aunque estamos acostumbrados a escuchar slogans sobre “la igualdad de oportunidades” o “la igualdad de derechos”, defendido desde el liberalismo canónico. Lo cierto es que en el s. XVIII, a la hora de justificar el espacio social que la burguesía comenzaba a reclamar y a tomar al asalto, se blandía un discurso más próximo a la aporofobia que al igualitarismo. En relación con la práctica social y a la toma de decisiones, la burguesía echó mano de todos los resortes a su alcance (también los del poder estatal o de la clase noble o de la Iglesia) para imponer condiciones draconianas a aquellas personas que no tenían acceso a los medios de producción.

Para mostrárnoslo en toda su amplitud, la obra de Pontón se estructura en dos grandes partes: “Trama” y “Urdimbre”.

La primera repasa aspectos económico-productivos como son, en primer lugar, la vejación y la relegación progresiva de las personas pobres dentro de la estructura socioeconómica de la época (“Los dos linajes”), después nos introduce en las condiciones de la propiedad de la tierra y la producción de alimentos (“El fundamento de la opulencia”), desvela los motivos sobre cómo y porqué la revolución industrial se desarrolló de forma distinta según la zona geográfico-cultural y nos desmiente algunos de los mitos todavía vigentes sobre la revolución industrial inglesa (“La era de las manufacturas”), y sigue, repasando el avance del comercio y de cómo fue de trascendental el papel del gobierno de los distintos países a la hora de explicar algunas de las principales y más opulentas -o misérrimas- rutas comerciales de la época (“El dulce comercio”).

En “Los músculos del poder”, perteneciente también a esta primera parte, ya entramos un poco más a fondo en cómo la burguesía se conectó con las redes y los grupos de poder de la época, y sobre cómo usó sus resortes para beneficiarse de sus favores primero, y después para establecer una relación de poder en base a la defensa de los intereses mutuos. Una alianza retada o puesta aprueba en el período de la Revolución Francesa. Este período tiene también una importancia clave en el siguiente capítulo: “Contra el orden natural de las cosas”, centrado en las reivindicaciones obreras y en cómo la burguesía se opuso radicalmente -incluso, a través del uso de la violencia- a sus demandas de condiciones de trabajo o de jornada laboral o de salario digno.

Ya en la segunda parte (“La urdimbre”), se centra más en los resortes sociales, institucionales y de poder, que les permitieron a la leyenda liberal y a la mitología burguesa consolidarse y extenderse hasta hoy. Lo hace comenzando por la escuela y el sistema educativo como principal instrumento de ideologización (“La educación lo puede todo”); para seguir por la prensa y los periódicos y las hojas volantes u otras técnicas de (des)información, además de los intelectuales y otros autores literarios (“Los usos de la cultura”); y acaba en un extraordinario repaso a las ideas de esos autores, a su elitismo y a su menosprecio de las gentes de común, a veces asentándose en ideas modernas y a veces de un fuerte tradicionalismo, pero que sea como fuere eran adaptaciones de otras ideas preexistentes (“La vigilia de la razón”), muchas de ellas vivas todavía hoy en día.

A lo ya dicho, debemos sumar otro mérito sobresaliente de este ensayo, que está en su “bibliografía comentada” y en su “cronología”. Ambas son fuentes de comprobación y de documentación utilísimas para cualquier lector o curioso que desee ampliar sus conocimientos y precisar sus impresiones respecto a cualquiera de los muchos aspectos analizados en este ensayo monumental de exhaustiva elaboración y fantástica edición editorial.

Con ‘La lucha por la desigualdad’ (Pasado & Presente, 2017) estamos ante la obra de toda una vida para su autor, pero también ante un trabajo cuyos ecos podrán resonar durante mucho tiempo en las nuestras. La sagacidad de sus análisis, proyección de su elección finísima de las fuentes de documentación, de la bastedad y la variedad de sus conocimientos, de la profundidad de su estudio de los hechos y de la importancia de su objetivo intelectual; convierten a este ensayo en un imprescindible e ineludible trabajo de la historiografía española actual.

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