La gran brecha, de Joseph E. Stiglitz: repetición de ideas hasta el infinitoRecibí este libro con muchas ganas de conocer la opinión de un economista estadounidense sobre la crisis mundial, sobre lo que piensa un americano acerca de su propio país y cómo la desigualdad es una traba en la rueda del avance del mundo. Sin embargo, lo que me encontré ha sido un refrito de artículos sin ton ni son que desmerecen tanto título como currículum de Stiglitz y que aburren a las piedras del desierto.

Joseph E. Stiglitz es un economista nacido en 1943 en Gary, Indiana. En 2001 recibió el Premio Nobel de Economía por su visión crítica de la globalización y su rechazo a los fundamentalismos del libre mercado.  Ha trabajado en el Instituto Tecnológico de Massachussets, en la Universidad de Cambridge, Yale, Duke, Stanford, Oxford, Princeton y Columbia. Fue asesor de Bill Clinton, economista jefe del Banco Mundial y miembro del Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC). Además del Nobel, en 1979 recibió la Medalla John Bates Clark.

Ha publicado una gran cantidad de obras sobre economía, entre las que cabe destacar "Whither Socialism", "El malestar en la globalización, ¿Cómo hacer que funcione la globalización?", o los más recientes: "Freefall: America", "Free Markets and the Sinking of the World Economy" o "The Prize of Inequality: How Today’s Divided Society Endangers Our Future".

En “La gran brecha”, la editorial Taurus nos ofrece una recopilación de artículos de Stiglitz centrados en varios procesos mundiales y varios años, clasificados por temática en varios apéndices: Grandes ideas, Reflexiones personales, Dimensiones de la desigualdad, Las causas de que aumenten las desigualdades en los Estados Unidos, Consecuencias de la desigualdad, La política, Perspectivas regionales y Poner a Estados Unidos a trabajar de nuevo.

El libro comienza lento, analizando las causas históricas de las desigualdades latentes en el Estados Unidos actual, sobre todo desde la época de Bush en el poder y los tímidos esfuerzos de Obama para mejorar algo la situación, que, desgraciadamente, no llegaron a buen puerto. En estas primeras cien páginas se comenta la excepcionalidad que supuso después del crack del 29 y la II Guerra Mundial el crecimiento de las clases medias en el país, una anomalía que permitió que todo el mundo empezase a creer en el “sueño americano”, donde no importaba, supuestamente, la clase social o la educación al principio, puesto que todos tendrían las mismas oportunidades.

Sin embargo, las políticas neoliberales posteriores corrigieron esa anomalía, sólo producida en EEUU bajo el libre mercado y, con la especulación bancaria y la decisión de rescatar a unos bancos con un tamaño demasiado grande para dejarlos caer, propició la destrucción de los pequeños bancos que ofrecían crédito, los recortes en servicios básicos como la educación y la maltrecha sanidad (Medicaid) y provocó que la brecha se aumentase aún más. Esta es la base de la teoría del 1% que defiende Stiglitz, donde lo importante sería aumentar el tamaño de la tarta, no el porcentaje de la misma que ese 1% amplía, arrebatándoselo al 99% restante que, por supuesto, cada vez está más lejos de la “cumbre”.

La gran brecha, de Joseph E. Stiglitz: repetición de ideas hasta el infinito

Esta es la idea básica que flota en las cuatrocientas y pico páginas del libro. El problema del mismo es que, al tratarse de un refrito de artículos pasados, y siempre de diferentes publicaciones, durante al menos 300 páginas no se expone nada nuevo y la lectura se hace ampliamente tediosa con la repetición de términos y argumentos que parecen no llevar a ninguna parte. Y no llevan, puesto que las recetas que Stiglitz ofrece: mayor inversión en educación y servicios públicos, caen de cajón para un público europeo, desacostumbrado al Estados Unidos que se nos describe y, para más inri, acusando a Europa de estar “anquilosada” o ser “la vieja Europa” donde nada cambia. Ni siquiera en las introducciones del autor a sus artículos encontramos novedad, puesto que se limita a comentar el contenido de cada uno y poco más.

Aunque las últimas cien páginas, donde se centra en problemas locales concretos, como los casos de Isla Mauricio, España o Australia, mejora bastante y se empieza a apreciar realmente la escritura y las ideas de Stiglitz. Sin embargo, esto no es suficiente para remontar un libro que considero totalmente un despropósito. Creo que se debería haber tenido más mimo en la selección de artículos, tanto aquí como en la edición original, evidentemente, porque la repetición es cansina y agobiante y da la impresión de haber entrado el lector en un día de la marmota con un fin demasiado lejano y que causa muchísimas ganas de abandonar el ejemplar en la estantería para siempre.

Stiglitz sabe de lo que habla y lo cuenta muy bien, exponiendo sus argumentos de manera clara y concisa. Sin embargo, la configuración del libro es pésima y aburrida para el lector. Un libro fallido.

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