Max Brooks regresa a las librerías, casi quince años después del bombazo que significó “Guerra Mundial Z”. Si, “Guerra Mundial Z”, el libro, no la película que comparte título y que tan poco tiene que ver con la novela, por desgracia. Zombis aparte, Max Brooks se reveló como un conocedor del terror como género y modernizó la narración de algo tan trillado como un apocalipsis mundial fragmentando las historias, con relatos directos de múltiples personajes, a medio camino entre un reportaje periodístico con entrevistas y documentos personales.
“Involución” retoma ese estilo, con matices, para dejarnos una historia relacionada con la naturaleza, esta extraña sociedad en la que vivimos y nuestra posición como especie en el ecosistema general. 

Ah, y con Bigfoots, claro. 

El argumento:

Greenloop fue, hasta la inesperada erupción del Rainier, una selecta comunidad ecológica. Ubicada en los bosques del estado de Washington, a poca distancia de Seattle, ofrecía una vida idílica a sus habitantes, gracias a unos avances tecnológicos que estaban en comunión con la naturaleza.

Ahora, de entre los escombros y los rastros de sangre de la urbanización, han podido recuperarse los diarios de Kate Holland. En ellos se relata una historia demasiado espantosa para ser olvidada, tan horrenda que podría romper nuestras convicciones. Incluso las más firmes, como la solidez de nuestra civilización.

En las páginas de Involución, Max Brooks no solo hace público por primera vez el extraordinario testimonio de Kate, sino que también expone los resultados de su propia investigación sobre la masacre de Greenloop y sobre las letales criaturas que la llevaron a cabo, seres con un aura legendaria pero que se han revelado como terroríficamente reales.

Max Brooks, haciendo gala del sentido del humor de su padre, Mel.

Resulta indispensable hablar de “Guerra Mundial Z” y su comparación con “Involución”. Aunque tienen ciertas similitudes, la envergadura de ambas historias no es comparable. En “Guerra Mundial Z” el fenómeno es a nivel mundial y, a pesar de que se pone el foco en algunas historias principales, las ramificaciones son múltiples. “Involución” es una historia más cercana y directa, con un grupo de personajes cerrado y definido. De ahí la, casi, necesidad de utilizar un único personaje como narrador e hilo conductor. La situación se presenta bien resuelta desde el inicio ya que lo que tenemos entre manos es la investigación de un periodista, casi una personificación del propio Brooks, sobre lo sucedido en Greenloop. El grueso del trabajo es el diario que Kate escribe a su terapeuta, rescatado de la hecatombe.


El papel de Kate como narradora es esencial. Como en casi todas las obras similares, hay un punto en el que la complejidad de la trama hace que las observaciones y el papel de Kate como narradora resulten poco creíbles, pasa a ser casi una voz en tercera persona que todo lo ve y oye, pero es un mal necesario. El resto del libro se completa con detalles del hermano de Kate, que prosigue su búsqueda y fragmentos de una entrevista con Josephine Schell, agente forestal y que aportará los datos técnicos de la tragedia a posteriori. 

“Involución” funciona a la perfección como novela de terror, con unas amenazas en forma de Bigfoot que ponen al ser humano frente a un oscuro espejo y se completa con una fina y punzante ironía, haciendo mella en algunos aspectos de la sociedad actual.

Si hay algo de lo que puede presumir “Involución” es de su ritmo. En 20 páginas ya estás dentro de la historia. Si que tiene una parte “llana” en su tramo medio pero su último tercio es un disfrute continuo. Esa estructura, heredera del mejor blockbuster veraniego, no falla y prepara al lector a devorar el libro en un par de tardes. La narración fluye, apoyada en algunos trucos narrativos propios del estilo que Brooks domina como acelerar o frenar utilizando entrevistas o información ajena a la narradora. El climax final está a la altura de lo esperado, subiendo en intensidad y violencia, haciendo que ese último tercio de la historia se lea en un sangriento y salvaje suspiro.

Diarios encontrados y bigfoots por doquier.

Ahora bien, todo depende de que te creas, como lector, la historia que te intenta vender Max Brooks. La sensación de amenaza que transmite la naturaleza, en cualquiera de las formas representadas (de fenómeno natural a amenaza animal) es constante y genera una atmósfera muy especial. Esa sensación se completa con algún exceso en su parte media y final, haciendo de “Involución” una novela que va a acertar de lleno con los aficionados al género de terror y catástrofes varias. Ahí reside otro de sus puntos más discutibles: los personajes pueden resultar un poco insoportables y cuesta establecer conexión con algunos o en determinados momentos. Nada grave, sin duda. Quizás, dentro de los aspectos negativos o discutibles, hay que apuntar que los bigfoots tardan bastante en aparecer de manera directa. Hay mucha atmósfera y presencia pero no aparecen hasta casi el centenar de páginas. No es un escollo insalvable, el interés en ese punto de la narración está en otros aspectos, pero para haberlo comentado en las primeras líneas del libro, se hace de rogar. Sus apariciones, eso si, dan exactamente lo que prometen: puro salvajismo. 

Mítica “foto” de un bigfoot fechada en 1967 en Bluff Creek

Más interesante que su parte formal o su lectura como novela found footage (por ponerle una etiqueta) de terror, son sus capas irónicas y críticas. “Involución” pone en plena naturaleza a un variopinto grupo de personajes, ajenos a la vida salvaje, atados por la vida moderna y tecnológica, en un intento por crear un sistema sostenible y ecológico… pero sin tener en cuenta que su mera presencia en la falda de un sistema volcánico es el mayor impacto que se puede pensar (además de una deliciosa locura). En los personajes protagonistas se reflejan la mayoría de problemas de la sociedad actual: pretendidos gurús de la modernidad manteniendo un discurso falso, viviendo en la naturaleza con una necesidad absoluta de la tecnología más ridícula, autoayuda barata como remedio para todo… También resulta interesante el papel protagonista de Kate, al estilo de las final girls de las películas de terror; una persona ajena al mundo de Greenloop, que llega ahí por una serie de circunstancias en un momento delicado de su vida, aquejada de problemas de autoestima y ansiedad, pero que resulta ser la única con un instinto claro de supervivencia (además de Mostar, otro personaje femenino clave del libro).

“Involución” nos llega en perfecto castellano, en una edición a cargo de Reservoir Books, con traducción de Raúl Sastre, apenas unos meses después de su salida en su idioma original.

En definitiva:

“Involución” funciona en casi todas sus propuestas, incluido su papel como evolución (involución, incluso) del estilo que Brooks puso sobre la mesa con “Guerra Mundial Z”. Más comedida y limitada que el libro zombie, cambia la pretensión de una historia de alcance mundial por una narración centrada en un grupo pequeño de personajes, aislados de la sociedad en un escenario aterrador. Historia perfecta para los tiempos de pandemia que nos toca vivir. Funciona a la perfección como novela de terror, con unas amenazas en forma de Bigfoot que ponen al humano frente a un oscuro espejo y se completa con una fina y punzante ironía, haciendo mella en algunos aspectos de la sociedad actual. Con una duración medida, exacta, y una escalada en la intensidad, la novela se devora con soltura, entre crítica social, teorías sobre la existencia de los bigfoots, miembros arrancados de cuajo, conceptos de ecología y respeto al medio ambiente.
No se le puede pedir nada más. 

Puedes comenzar a leer “Involución” desde éste enlace.

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