Im el sumo sacerdote imhotep imagen promocional

Hace ya más de un año que Norma Editorial estrenaba “Im. El sumo sacerdote Imhotep”, un shonen de Makoto Morishita que ha llegado recientemente a su final con su undécimo tomo. Destacado desde su inicio por combinar los elementos clásicos del género con la mitología egipcia, a los lectores nos ha tocado despedirnos de él en un volumen con mucha acción, drama y una pizca de emotividad.

Si no conoces el manga o todavía no lo has finalizado, te invito a leer algunas de nuestras reseñas anteriores sin spoilers, ya que este artículo destripará datos de la trama hasta el tomo diez. También puedes bajar al apartado “¿Vale la pena conocer a Im?” donde hago un pequeño análisis de la obra al completo (sin spoilers).

 

El renacer de Apofis

im el sumo sacerdote imhotep portadaA pesar de los esfuerzos de Im y los Sacerdotes de Amón por impedir que Apofis se fusionase con la momia de Zoser, este lo consigue justo al inicio del tomo, recuperando así todo su poder. Un poder con el que no solo arrasa la Tierra, sino con el que comienza a convertir a todos los compañeros del sumo sacerdote en magai.

Hasta que el dios Toth (que, recordemos, habita también el cuerpo del protagonista), decide renunciar a su neutralidad y ayudarle a recuperar el cuerpo de Zoser.

Pero ¿podrán ganar la batalla contra Apofis? ¿Logrará reencontrarse Im con Zoser? ¿Y qué destino le espera al mundo?

Así arranca “Im. El sumo sacerdote Imhotep 11”, con una batalla cruenta, dinámica y por momentos un poco confusa, que cuenta con todos los elementos que se le exigen al género y que derrocha épica por los cuatro costados. Una lucha en la que encontramos breves respiros a modo de flashbacks y encuentros espirituales, que sirven para darle impulso al lector y lanzarlo de lleno a la siguiente escena de acción. Y una batalla que no solo aprovecha el enfrentamiento físico sino que también tiene en cuenta el emocional.

 

El nuevo mundo

Ya en la segunda mitad del tomo, los Sacerdotes de Amón, Im y Toth deben decidir cómo restaurar la destrucción que ha sufrido el mundo. Mientras el verano toca a su fin, cada uno de los personajes que hemos conocido hasta ahora encuentra el final (o un nuevo principio) a su historia. Una segunda parte mucho más pausada, que se toma su tiempo para devolver cada cosa a su sitio y dejar al lector con muy buen sabor de boca y una lagrimita en el ojo.

Como despedida, Makoto Morishita nos regala una pequeña historia ambientada en el Antiguo Egipcio, con Im y Zoser como protagonistas. Un relato ligero y también un tanto emotivo que pone un digno broche final a la obra del mangaka.

 

¿Vale la pena conocer a Im?

Im. El sumo sacerdote Imhotep” arranca con la llegada de Im, un antiguo sacerdote egipcio que despierta en Japón actual. Tras un desafortunado y muy divertido encuentro con una adolescente llamada Hinome, el lector descubre que el pequeño y ególatra protagonista tiene la misión de purificar a los magai, demonios a imagen y semejanza de los dioses egipcios.

Lo que podría parecer de entrada un shonen genérico sorprende no solo por la temática y simbología egipcias, sino porque Im no es el típico protagonista que necesita ganar poder a medida que avanza la historia, sino que resulta uno de los personajes más poderosos de todo el manga.

Así, su crecimiento se dará en el plano interno, y tendrá mucho que ver con su pasado, la promesa que le hizo hace 3000 años al príncipe Zoser y la reaparición de este en el presente.

A partir de este momento (y sin abandonar nunca su demografía shonen) “Im. El sumo sacerdote Imhotep” girará en torno a la relación entre protagonista y antagonista. Su carisma, sus lazos y las decisiones que deberán tomar para mantenerlos o romperlos decidirán el destino del mundo y atraparán al lector sin remedio.

A medida que se van introduciendo nuevos personajes con arcos más típicos del género (incluidas personalidades históricas del Antiguo Egipto), la relación entre la mitología y la realidad de la obra va ganando peso en la trama hasta convertirse en otro de sus aspectos claves.

Son estos dos elementos los que otorgan su personalidad a un manga que crece a medida que transcurren sus once volúmenes. Que experimenta algún pequeño bajón de cara a la mitad de la trama y que a veces peca un poco de tirar del cliché fácil, sí, pero que mantiene el interés y es capaz de llevarte arriba con sus escenas más épicas.

 

Egipto convertido en shonen

im-sumo-sacerdote-norma-viñeta-1Como ya he ido comentando a lo largo de las reseñas anteriores, el estilo y diseños del mangaka son típicos del género, molones y muy llamativos gracias a toda la simbología en personajes, ropajes y escenarios.

En este último tomo Morishita da rienda suelta a toda su habilidad con el movimiento —factor que siempre me ha parecido de los más complicados de retratar en un manga— en una batalla que es puro dinamismo, y cuya tensión está realmente bien manejada.

 

En definitiva, “Im. El sumo sacerdote Imhotep” se convierte en una buena combinación que gustará tanto a los fans del shonen como a quienes disfruten de un buen drama centrado en grandes personajes. Y, por supuesto, los amantes de la mitología y la cultura egipcias encontrarán en esta obra un aliciente muy atractivo. Aunque no debe esperarse demasiado rigor histórico, es más que interesante ver cómo Morishita ha retratado y diseñado a las deidades, personajes históricos e incluso enemigos inspirándose en esta antigua civilización.

Por mi parte, me ha quedado un sabor agridulce al tener que despedirme de Im, Zoser y compañía. Menos mal que siempre nos quedarán las relecturas.

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