Realismo y memoria necesaria en un país que se resiste a ofrecer justicia y reparación a sus desaparecidos.

La memoria histórica no es un tema baladí. Aunque últimamente ha saltado a la palestra por temas que no nos ocupan aquí, lo cierto es que seguimos conviviendo, 80 años después, con un porcentaje vergonzosamente alto de españoles y españolas que tienen a sus familiares desaparecidos, enterrados en cunetas o en fosas comunes que, afortunadamente, se están recuperando poco a poco y con el trabajo voluntario de mucha gente. Créanme cuando les digo que cualquiera que dude de la necesidad de otorgar paz a esas familias cambiaría de opinión si hubiera estado en la fosa común en la que trabajé como arqueóloga el año pasado, cuando el familiar, hijo y sobrino de los fusilados (a traición, antes de la cena de Nochebuena de 1937), vio los primeros restos, se arrodilló y dijo: “Hola, papá”. Como les digo, la memoria histórica es necesaria, urgente y humanitaria.

Y cuando hablo de memoria histórica no sólo hablo de los miles de voluntarios tanto arqueólogos como paleadores o documentalistas que se afanan en devolver la dignidad, también hablo de personas que después narran el horror, que lo hacen llegar al mundo a través de las asociaciones o en libros como el que nos ocupa hoy aquí, “Honrarás a tu padre y a tu madre”, de la periodista y escritora zaragozana Cristina Fallarás.

Fallarás no es una desconocida ni en la escritura ni en el periodismo. Se licenció en la Universidad Autónoma de Barcelona, siendo jefa de la redacción catalana de El Mundo y Cambio 16, cofundadora del diario ADN y periodista en Cadena SER, RNE, Antena 3, Telecinco y El periódico de Cataluña. Ha publicado los libros “Rupturas” (2003), “No acaba la noche” (2006), “Así murió el poeta Guadalupe” (2009), “Las niñas perdidas” (2011), “Últimos días en el puesto del Este” (2011) y “A la puta calle. Crónica de un desahucio” (2012). Hace un mes fue nombrada consejera de RTVE.

“Honrarás a tu padre y a tu madre” es un libro sobre memoria personal y memoria histórica. Está relatado en forma de pequeñas historias familiares entremezcladas con una “aventura” personal de búsqueda de sí misma de la autora, que se pone a andar y a reflexionar sobre sus orígenes. En sus páginas vamos a encontrar las historias antiguas de Presentación Pérez, Pablo Sánchez Larqué, La Jefa, Félix el Viejo y Félix el Chico, entre otros familiares. Y aquí, en sus páginas se cuenta de todo, porque, como en todas las familias, hubo personas de uno u otro bando y unas y otras ideas.

A través de estos pequeños relatos que conforman su historia familiar, atravesamos la represión de postguerra, que causó el asesinato de miles de personas en España, muchas veces (como es el caso o no, deberán descubrirlo en sus páginas) de personas que poco o nada tenían que ver con política personalmente. También hablará del otro bando, por supuesto, porque sus raíces se hunden en represaliados y vencedores. Y lo hará con un personaje que se convierte en fundamental para conocer la vida de los años de postguerra, como es “la Jefa”, abuela de la autora, señora bien con un carisma inaudito en el relato, que arrolla y permanece en la mente del lector incluso meses después de haber concluido la obra.

Pero es que Fallarás, por supuesto, demuestra su gran talento como escritora en la parte del relato que pueda parecer más aburrida, quizá, su narración de cómo abandonó Barcelona para sumirse en su pasado, a la sombra de las ruinas del Gran Oasis Park, una urbanización antaño gloriosa, donde los ricos se escondían del resto de la humanidad. Y digo que demuestra su talento porque en ningún momento (bueno, quizás sí, un poquito) se siente la necesidad de saltar a la historia de sus antepasados, porque reconocer la memoria y reconocerse a sí mismo es un proceso que se imbrica con el autoconocimiento y se ve, se hace necesario, expresar cómo se ha llegado a comprender el pasado. De hecho, probablemente, a cualquiera que tenga una inquietud similar y se haga con este libro, le sucederá como a mí, que estas páginas se convertirán en una propia reflexión en comunión con la de Fallarás.

En fin, ¿qué les puedo decir más? Compren el libro. O léanlo. Sin duda, Cristina Fallarás es una de las escritoras más talentosas del país y sin duda, en esta obra nos pone entre la espada y la pared con un tema polémico (por el carácter innato de los españoles) que, sin lugar a dudas, debería estar solucionándose antes de que personas como de la que les hablé en el primer párrafo hayan muerto sin la paz de enterrar a sus familiares. Por ello y porque la memoria de un país la construimos entre todos, los que cogemos la brocha y el paletín y los que la narran primorosamente y sin tonterías, como Fallarás, creo que deberían adentrarse en la historia de la autora. Porque es ella, pero también nosotros.

Y quiero acabar esta reseña con lo que me dedicó la propia Cristina en su libro:

“Querida Natalia, nunca más el silencio, compañera”.

Nunca más.

 

La fotografía de la autora es de Montserrat Boix para Wikipedia.

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