Parece que Kylotonn Entertainment se ha cansado de la extrema rectitud que suponen los juegos de rally como sus WCR 5 y 6 y se ha pasado al lado opuesto: a la locura de choque y destrucción que supone la franquicia FlatOut, por otro lado necesitada de un reflote importante después de la decepción que supuso su última entrega. Además, cuenta con la ventaja de los pocos títulos decentes que han salido de este subgénero en los últimos años. Sin embargo, como iremos viendo, solo aprovecha esta oportunidad a medias.

Para quien no lo conozca, FlatOut se coloca del lado de la balanza del arcade más gamberro, acompañado por los Burnout o los MotorStorm. Normalmente nos centraremos en un estilo de carrera arcade clásico sin armas, a ver quién queda primero o, al menos, entero. Aquí iremos un poco más allá con diversos modos de juego, aparte de los típicos, para aportar una mayor variedad que la verdad es que le viene bien, por la relativa facilidad para caer en lo repetitivo.

FlatOut 4: Total Insanity

Al comenzar nos encontramos ya de bruces con una sorpresa: mientras se instala la versión de PlayStation 4 distribuida en España por Badland Games, que es la que hemos analizado, nos obliga a participar en el modo acrobacia sin explicarnos cómo funciona el sistema de juego. Quien no conozca la franquicia se esperará una carrera y en cambio se va a encontrar en un escenario gigante lanzando al piloto contra una estructura de madera, muy al estilo Angry Birds. La confusión puede ser considerable hasta recibir el mensaje de que el juego se ha instalado completamente y que ya se puede acceder al resto de opciones. Vaya susto absurdo.

Una vez en faena, tenemos tres modos de juego: el primero es el Carrera, donde tendremos que superar una serie de eventos con varios circuitos, quedando al final entre los tres primeros para pasar al siguiente. Al principio funciona muy bien para hacernos con el juego y la variedad de escenarios durante los primeros eventos es agradable, pero poco a poco vemos cómo se va volviendo repetitivo, sobre todo por la excesiva dificultad para conseguir vehículos nuevos y por la poca recompensa que en general se nos ofrece. Se nos supone casi que vayamos avanzando con el único aliciente de pasar a la siguiente ronda, pero cuando además vemos que los circuitos se repiten y que la IA se vuelve frustrante, el poco aliciente disponible pierde toda su fuerza.

Además de los circuitos tradicionales tenemos unas pruebas especiales de contrarreloj y un modo asalto con armas, del que hablaré un poco más adelante.

El segundo modo, algo más original, es el FlatOut. Se compone de unas cuantas decenas de eventos diferentes en los que tendremos que llegar a determinada puntuación para poder superarlos y acceder a los siguientes. Es bastante entretenido y como decía antes, se agradece la variedad que ofrece: desde estadios circulares donde el objetivo es quedar el último en pie al más puro estilo Destruction Derby, pasando por acrobacias en las que, como al inicio, tenemos que lanzar a nuestro piloto cual maniquí por los aires para acertar en una diana, meterlo en unos vasos gigantes de plástico o jugar a bolos finlandeses, entre otras lindezas. El problema con este modo es que es bastante corto y algunas pruebas funcionan casi más por azar que por habilidad.

FlatOut 4: Total Insanity

El último modo, como no podía ser de otra manera, es el libre, donde podemos elegir cómo queremos jugar. No tiene mucho misterio. El multijugador online nos permite carreras de hasta ocho jugadores simultáneos, cuando encontramos partidas para poder jugar, que ahora mismo no hay demasiadas.

En temas de jugabilidad es donde vemos los principales defectos de FlatOut 4: el más grave, las físicas. Es bastante desesperante, la verdad, no llega a los mínimos requeridos para un juego de estas características. La IA de los contrincantes es muy agresiva y va a ir directo a colisionar contra todo lo que se mueve, incluido tú. Eso no es un problema, pero sí lo es que en cuanto te rocen por detrás, des una vuelta de 180 grados sin mucho sentido y acabes mirando en dirección contraria, cosa que además pasa muchas veces en una sola carrera.

Cualquier choque con el entorno tiene este mismo efecto, que además penaliza muchísimo en las carreras: podemos pasar de terceros a décimos solo con que un contrincante nos roce. Esto genera dos problemas añadidos, por si fuera poco: que estemos más tensos que en el Mario Kart cuando un amigo tiene un caparazón azul mientras vamos primeros y que, en vez de buscar la confrontación como es menester en estos títulos, vayamos lo más alejados posible de los rivales.

El asunto de los entornos también es bastante grave porque exige una conducción más cuidadosa para no arriesgarte a chocar contra algún saliente o elemento que no detectemos a simple vista. Aquí es donde FlatOut fracasa como arcade: exige prudencia en la conducción para no acabar defenestrado por su sistema de físicas. Es una pena, porque los escenarios son buenos y la sensación de velocidad es muy decente.

Los controles son mejorables aunque depende mucho del vehículo. Al principio derraparemos como si estuviéramos conduciendo sobre nieve todo el rato, pero pronto aprenderemos a controlarlo correctamente. Mención aparte merece la utilización del nitro para dar un empujón extra necesario para compensar la enorme penalización por cualquier error menor que hayamos cometido.

FlatOut 4: Total Insanity

La barra de nitro se llena destrozando elementos del escenario o chocando contra otros vehículos, entre otros motivos. Al usarse, pega un acelerón que no aumenta tanto la velocidad como parece, aunque por su efecto gráfico parezca que hayamos entrado en Mach-2. Sin embargo, y esto es importante, nos impide controlar correctamente el vehículo, siendo recomendado reservarse su utilización a rectas o usarlo en pequeñas dosis.

Por todos estos motivos la experiencia no es satisfactoria en términos generales, ya que nos parecerá siempre que es bastante injusta. Esto no quita para que sea emocionante a veces, pero no compensa una carrera agradable con cuatro o cinco frustrantes.

Por otro lado, tenemos el modo asalto. Como comentaba, es igual que una carrera pero vamos armados hasta los dientes. Los contrincantes agresivos también. Bien, si os gusta el caos, es vuestro modo de juego, ya que no puede haber más caos que el que se concentra en estas carreras. Mira que el objetivo es, una vez más, ganar la carrera, pero la realidad se parece más a escapar como puedas, como si estuviéramos en la guerra.

Tenemos cuatro armas ilimitadas, con un tiempo de recarga entre usos, que podremos activar pulsando una combinación de botones algo complicada. El efecto sobre los rivales y por tanto, también sobre nosotros, es bastante devastador: ondas de choque, minas magnéticas y bombas poblarán el escenario por doquier. Es casi imposible librarse de los continuos ataques, salvo que vayamos los primeros con diferencia, cosa que no suele pasar porque las físicas se encargan de devolvernos a la realidad al mínimo roce contra un árbol.

FlatOut 4: Total Insanity

Por último, en los modos de acrobacia, donde lanzamos a nuestro piloto a explorar la zona en caída libre, adolece de similares defectos. La física hace que ganemos o perdamos más por azar que por habilidad salvo en contadas excepciones y nos hace preguntarnos continuamente cómo hacer para atravesar tantos aros de fuego en un solo salto. Hubiera estado bien un modelo de piloto más realista y que no pareciera tanto un dummy, que hay juegos de bajo presupuesto con más realismo en este sentido.

Técnicamente está algo anticuado pero es bastante decente, agradable al menos. Hay una cantidad adecuada de vehículos, aunque se hacen mucho de rogar para desbloquearlos y los escenarios están bastante bien trabajados, me recuerdan mucho al último Motorstorm, sin accidentes durante la carrera, eso sí. Todos tienen caminos ocultos, varias rutas, algún atajo, un montón de elementos para destruir, edificios que podemos atravesar destrozando sus puertas y varios efectos climatológicos que ayudan a su variedad.

Le falta algo de calidad en el acabado para ser de primer nivel, pero son adecuados. Lo malo es que las localizaciones son bastante estándar y se van repitiendo demasiado según avanzamos en el modo carrera; ni siquiera conducirlos al revés o con la ayuda de los diferentes climas pueden salvarlo de la sensación de estar corriendo muchas veces por el mismo sitio. La extensa banda sonora se compone de unos 30 temas rock y metal de bandas de EEUU, Canadá y Reino Unido no muy conocidas como Beartooth, Gutter Demons o Mad Parish, que entonan bastante con el estilo de juego, aunque al motor, choques y demás efectos sonoros les falta trabajo para llegar al nivel.

En general, aunque puede resultar entretenido para los fans de los arcades o los que echen de menos los buenos tiempos de la conducción agresiva, adolece de una física lo suficientemente trabajada para poder recomendarlo en términos generales. Tampoco lo compensa con un sistema de juego atractivo o con la suficiente variedad de juego o recompensas que nos permitan engancharnos, con lo que va perdiendo fuelle según pasan las horas, minando su rejugabilidad.

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