Xosé M. Núñez Seixas

La conflictividad nacionalista vuelve a protagonizar la escena social española como hacía décadas no ocurría. Distintas corrientes de identidad sociopolítica, hasta hace poco soterradas, vuelven a emerger de entre las sombras para rememorar enfrentamientos antiguos y exponer a la comunidad política ante un contexto nuevo. A diferencia del pasado, hoy existe en España un sistema democrático de tendencia liberal que, si esta escalada nacionalista persiste, quizás podría amenazar seriamente su continuidad.

Esto pasa al mismo tiempo que, en otros países y continentes, otros movimientos políticos nacionalistas conservadores se levantan con discursos muy similares y contra enemigos muy parecidos a aquellos contra los que el nacionalismo español dirige también su dedo. Mientras el neofascista Steve Bannon se pasea por Europa buscando aliados y formando a sus homólogos en otros estados-nación. Y todo apunta a que, en el próximo Parlamento Europeo surgido de las elecciones de 2019, habrá por vez primera un nutrido grupo de representantes neofascistas salidos de los tradicionales grupos conservadores; hasta el punto de estar apunto de partir en dos al otrora sólido grupo parlamentario de Partido Popular Europeo (PPE).

Para analizar mejor este nuevo contexto contamos con Xosé Manoel Núñez Seixas (Ourense, Galicia, 1966), catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Santiago de Compostela, y uno de los mayores especialistas globales en el análisis del nacionalismo. Quien, amablemente, ha aceptado nuestra entrevista con motivo de la presentación de su último fantástico libro: “Suspiros de España. El nacionalismo español (1808-2018)” publicado por Crítica.

Fco. Martínez Hidalgo: Entonces, nos preguntamos, ¿es España una etapa más en un resurgir global del nacionalismo, es un fenómeno propio que surgió en el mismo tiempo, o es un caso mixto con una mezcla de ambos contextos?

Xosé M. Núñez Seixas: El nacionalismo es en sí un fenómeno global. Como afirma la historiadora francesa Anne-Marie Thiesse, no hay nada más internacional que el nacionalismo. Pero los nacionalismos xenófobos y populistas no han nacido en esta década, ni la idea de nación (liberal o conservadora), sino que se remonta a finales del siglo XVIII. Como en otras latitudes, el nacionalismo español tiene más de dos siglos de historia; pero adopta diversas formas y tendencias a través del tiempo, configurando variantes propias dentro de tendencias globales.

Fco. Martínez Hidalgo: ¿Qué aspectos tiene en común el nacionalismo español con los demás nacionalismos chauvinistas que ahora resurgen en todo el mundo?

Suspiros de EspañaXosé M. Núñez Seixas: Hay nacionalismos chauvinistas como los hay liberales, y hay patriotismos de izquierdas como los hay de derechas. Si nos referimos a la variante conservadora del nacionalismo español democrático (el de extrema derecha tiene antigua tradición), es verdad que algunos de sus componentes se han radicalizado, y siguen impulsos —nativismo (reserva de los beneficios de la ciudadanía social a los “nativos”, los autóctonos; populismo, componentes xenófobos contra los inmigrantes y refugiados extraeuropeos— parecidos a los de buena parte de Europa. Creo que hay tres especificidades: la prioridad que ese neonacionalismo español de derecha radicalizada concede a la preservación de la unidad de España a cualquier precio, es decir, la primacía del antiseparatismo; la menor visibilidad del discurso antiinmigración; y que, salvo sectores marginales, no se pone en duda la pertenencia a la Unión Europea.

Fco. Martínez Hidalgo: A nivel europeo, los nuevos nacionalismos han puesto a la Unión Europea en el punto de mira, al mismo tiempo que desde los EE.UU. se están invirtiendo muchos esfuerzos diplomáticos en debilitar a la UE. Según su parecer, ¿corre peligro, a corto plazo, la UE y la integridad jurídico-política de Europa? ¿Y a medio plazo?

Xosé M. Núñez Seixas: En mi opinión, la UE no corre peligro a corto plazo; pero sí lo corre a medio plazo, en el caso de que los populismos antieuropeístas sigan ganando espacio: están ya en el gobierno en Italia, Hungría o Polonia, y ganan adeptos en otros países. Eso tiene que ver con un fenómeno paradójico, a mi entender: los nuevos miedos de este siglo (la decadencia económica de Europa en el marco global, la inmigración extraeuropea, la degradación del medio ambiente…) generan una reacción nostálgica entre muchos ciudadanos: la de creer que un Estado-nación reforzado, siguiendo los patrones tradicionales fijados en el siglo XIX, puede contener esos miedos, preservar el Estado del Bienestar y los puestos de trabajo. A eso se unen los déficits democráticos de la gobernanza de la UE, que llevan también a un creciente euroescepticismo y a desconfiar de decisiones tomadas lejos, en “Bruselas”, no controlables directamente mediante el voto de la ciudadanía.

Fco. Martínez Hidalgo: ¿Cómo cree que ha sido posible que, en poco tiempo, un país tradicionalmente europeísta como España haya bajado tanto en su apoyo a las instituciones comunitarias? ¿Es el nacionalismo español el causante o identifica otros motivos?

Xosé M. Núñez Seixas: El descenso del eurooptimismo en España tiene que ver más con el rechazo al modelo de gobernanza de la UE y a las políticas de austeridad dictadas en la zona Euro para los países del Sur del continente, que con un rechazo real a los valores originarios que inspiraron la UE. Creo que se desaprueba la gestión de las instituciones y la política económica, pero aún no su naturaleza. Y en comparación con otros Estados de la UE, los niveles de europeísmo siguen siendo altos. “Europa” significa aún para muchos un bálsamo de males identitarios y se identifica de modo positivo con modernidad y democracia. No creo que el nacionalismo español sea un causante directo de ese descenso de popularidad, aunque en algunos sectores (tanto de izquierda como de derecha) del mismo se vea con recelo la cesión de soberanía a instancias superiores.

Fco. Martínez Hidalgo: ¿Suponen los populismos conservadores patrioteristas, desde Trump hasta Bolsonaro, pasando por Polonia o Italia o la España de Vox, el síntoma de una globalización que ha acelerado demasiado deslocalizando derechos propios del Estado-nación? O en otras palabras, ¿tienen los nuevos nacionalismos algo de reacción ante la decadencia de los Estados-nación, como consecuencia de la globalización?

Xosé M. Núñez Seixas: Como afirmaba más arriba, sí, creo que son un síntoma de la creciente decadencia económica de Europa, en su conjunto, y de las incertidumbres y miedos generados por la crisis del Estado del Bienestar y la globalización económica, acentuados por la crisis financiera global que arrancó en 2007. En el caso español, sin embargo, Vox obedece más bien a otra dinámica: la radicalización de una parte del nacionalismo conservador (español) ante el desafío soberanista planteado desde el País Vasco, primero, pero sobre todo Cataluña, y en menor medida el impacto de la inmigración. La variable europea en ese caso no me parece tan relevante, aunque puede que jueguen la carta del euroescepticismo si ven que les puede dar réditos.

Fco. Martínez Hidalgo: Centrándonos ya en el caso de España. ¿Por qué cree que el nacionalismo español se niega a sí mismo la condición de “nacionalista”, mientras sí es capaz de identificar como “nacionalistas” a otros?

Xosé M. Núñez Seixas: Ningún nacionalismo de Estado se considera a sí mismo “nacionalismo”; y, curiosamente, son cada vez más los independentistas (catalanes, escoceses, etc.) que también rechazan esa etiqueta. Es más, en otras lenguas y contextos culturales, la palabra “nacionalismo” está connotada negativamente, y es sinónimo de fascismo o xenofobia (también en parte en Latinoamérica). La acepción preferida es siempre patriotismo, definido como lealtad a la nación existente y expresada en instituciones estatales, y visto como una virtud cívica. Ha habido excepciones, también en España, pero la etiqueta habitual de los nacionalistas españoles es también la de patriota (o constitucionalista, etc.) Pero una cosa es para mí el uso del concepto “nacionalismo” con fines analíticos, y otra las acepciones que tal concepto pueda tener en la esfera pública en cada coyuntura concreta.

Xosé M. Núñez SeixasFco. Martínez Hidalgo: El hecho de que los nacionalismos centrífugos y centrípetos no se reconozcan entre sí, y esto haga imposible cualquier diálogo, ¿hace de España un Estado-nación fallido?

Xosé M. Núñez Seixas: Es difícil que dos o más nacionalismos con distintas concepciones de cuál es su nación de referencia, pero que comparten un territorio (o parte de él) se reconozcan mutuamente. Cada uno tiende a ver en el otro una anomalía, una imposición, una invención. Pero la política consiste en aceptarse mutuamente y dialogar, y no en negar la realidad e intentar imponer la propia nación a quien no la siente. Eso debe llevar a soluciones pactadas, consociacionales. Si España es un Estado nacional fallido, o sólo exitoso en parte, es una amplia discusión. Yo creo que ni es un Estado nación prácticamente homogéneo (Portugal o Francia, para entendernos), ni tampoco es un Estado multinacional en sentido estricto: las identidades compartidas son las que predominan, también en la periferia, en mayor o menor medida.

Fco. Martínez Hidalgo: Sitúa en 1808, primer año de la Guerra de la Independencia, como el inicio de su recorrido por la historia del nacionalismo español. ¿Qué queda, en el nacionalismo español actual, de su discurso de aquellos días?

Xosé M. Núñez Seixas: El señor Pablo Iglesias y Podemos reivindicaron al pueblo patriótico del Dos de Mayo en Madrid no hace tanto tiempo. Algunos siguen viendo en la guerra antinapoleónica una muestra de la reacción del sano pueblo patriota ante invasiones foráneas y la traición o ineptitud de sus élites; otros, una muestra de solidaridad y cohesión frente a una agresión exterior. Sabemos que fue una guerra compleja, con ingredientes de conflicto civil, y presentada a posteriori como una guerra de la independencia. Pero en ella nació la primera definición moderna de nación liberal, la gaditana de 1812.

Fco. Martínez Hidalgo: ¿Sigue vivo el franquismo?

Xosé M. Núñez Seixas: La nostalgia por el franquismo, o la idealización o banalización del mismo, sigue viva entre sectores muy significativos de la población, pero eso no quiere decir que en su mayoría deseen que vuelva tal cual. Como sabemos, la transición significó que buena parte del aparato judicial, policial e institucional en general del franquismo siguiese en sus puestos. Pero han pasado más de cuatro décadas y ha habido cambios y relevos irreversibles. Algunos de los valores del franquismo, que impregnaron profundamente la socialización aún de millones de ciudadanos, y la cultura política que se transmitió a la naciente democracia, sí perviven. Por ejemplo, la preferencia por un Ejecutivo fuerte, la desconfianza genérica hacia la “política”, el miedo a los gobiernos de coalición y la priorización de la estabilidad. Y también reticencias por parte de amplios sectores del nacionalismo español hacia la pluralidad etnocultural e identitaria interna.

Fco. Martínez Hidalgo: El presidente del PP, Pablo Casado, propuso recientemente la ilegalización de los partidos que no quisiesen un modelo de Estado unitario para España. En su opinión, ¿se trata de una simple bravata de un candidato en búsqueda de votos o es una amenaza real? Y usted, ¿ve la amenaza viable?

Xosé M. Núñez Seixas: Casado propuso la ilegalización de partidos independentistas (no es exactamente lo mismo que defender un modelo de Estado unitario, eso en teoría hoy no lo propugna casi nadie) con el argumento de que son contrarios a la Constitución. Es un globo sonda que cada cierto tiempo han emitido otros políticos del PP, de Ciudadanos y diversos intelectuales o hacedores de opinión, que va un paso más allá del consabido reclamo de reforma de la ley electoral para que no “beneficie” a los nacionalistas subestatales. Es en buena parte una bravata, sin duda, con pocas perspectivas de éxito (haría falta un amplio consenso, más allá de las filas conservadoras), que contravendría la propia Constitución y libertades fundamentales, como la de expresión y asociación. Pero sí revela un cierto mar de fondo: la radicalización de algunos sectores del nacionalismo español conservador ante el desafío planteado por el independentismo catalán.

Fco. Martínez Hidalgo: ¿Por qué cree que, cuando se habla de “nacionalismo español”, el imaginario colectivo solo piensa en la visión conservadora o en la fascista, y no en las demás? Y a raíz de esto, ¿cree posible un nacionalismo español socialmente exitoso sin los componentes racistas e intolerantes?

Xosé M. Núñez Seixas: El uso y abuso por parte del franquismo de los símbolos identitarios (bandera rojigualda, himno) heredados por el nacionalismo español de épocas anteriores, así como la hipertrofia de su discurso nacionalista, provocó sin duda una deslegitimación paralela de los referentes discursivos y simbólicos del nacionalismo liberal y republicano español, que se diluyó en buena parte. La izquierda antifranquista tenía en teoría un modelo federal y en teoría también asumía la plurinacionalidad, después tuvo problemas para encontrar un modelo de nación española alternativo y democráticamente legitimado. Eso sigue en parte hasta hoy. No veo racismo (en sentido biológico-genético, pero tampoco cultural) significativo en el nacionalismo español actual; sí actitudes intolerantes hacia la diversidad interna (o las lecturas políticas de esa diversidad) en sectores muy significativos, que hallan retroalimentación en algunas actitudes de los nacionalismos periféricos, así como (en su momento) en la violencia de ETA. Por lo demás, la idea de nación española es bastante exitosa: más del 85% de los ciudadanos se identifican con ella, con diversas lecturas. Sus problemas se localizan sobre todo en dos territorios, en particular (desde 2011) Cataluña.

Fco. Martínez Hidalgo: Con el actual discurso nacionalista español desbocado, acelerado por la competencia electoral entre tres fuerzas políticas (PP, C,s y Vox), ¿le queda esperanza al nacionalismo liberal o al socialista para plantear una alternativa?

Xosé M. Núñez Seixas: Sí, siempre tienen esperanza. Pero hasta ahora no han ofrecido soluciones o conceptos innovadores, no se han realizado propuestas proactivas de cierto calado, sino que se ha intentado buscar un futuro en el pasado: que Pedro Sánchez, por ejemplo, recurriese a la “nación de naciones”, concepto inventado en el exilio por Anselmo Carretero y ya resucitado por el PSOE y Felipe González en los años setenta y ochenta, es revelador de esa cierta indigencia de ideas. Se pone por delante la Constitución, se habla de “federalismo” sin mucha concreción, y no mucho más.

Fco. Martínez Hidalgo: ¿Es el actual discurso del nacionalismo español una amenaza para la democracia?

Xosé M. Núñez Seixas: Si predomina un discurso y praxis cívica, que haga de los valores democráticos, la tolerancia hacia la diversidad etnocultural y de adscripciones identitarias su bandera, no tiene por qué ser una amenaza mayor que la que representen nacionalismos de distinto signo. Si se refugia en la defensa del gobierno por la ley, y no en la divisa del gobierno de la ley, puede generar situaciones de bloqueo político y radicalización identitaria en varias direcciones.

Ha sido un placer conversar con el profesor Xosé Manoel Núñez Seixas, y muy estimulante la lectura de su libro Suspiros de España. El nacionalismo español (1808-2018) publicado en Crítica. Pronto publicaremos en Fantasymundo.com su reseña. Mientras tanto, si quieren encontrarse con él, les espera en las librerías. Merece mucho la pena.

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