Stanisław Lem

Impedimenta ha editado, entre sus novedades de este otoño, ‘Fábulas de Robots’ (2022, originalmente publicado en 2016). Tomasz Lem, hijo del autor y responsable de gestionar todo su legado, ha seleccionado y publicado de entre toda la obra breve de su padre, el magistral Stanislaw Lem (Polonia, 1921-2006), algunos de sus mejores “cuentos” que, aquí, adoptan el sabio nombre de “fábulas de robots”.

Y decimos ‘sabio’ porque, si bien estas historias no se corresponden exactamente a lo que el canon literario mayoritario reconoce como una “fábula” (dónde el protagonista tiene que ser, necesariamente, un animal), sí posee algunas de sus otras características: todas las historias son de formato breve, tienen un claro espíritu crítico respecto a ciertos aspectos de la sociedad de la época, una orientación didáctica al mostrar los argumentos de su crítica y, también, una facilidad de lectura y sencillez estructural que hacen de todas ellas tanto una lección moral como un divertimento.

‘Fábulas de robots’ insiste sobre el tema transversal principal de la obra de Lem: la inutilidad de ese persistente intento por utilizar la tecnología para trascenderse a ellos mismos cuando, en definitiva, toda inteligencia robótica no puede ser más que una proyección técnica de los errores y los límites de quiénes la diseñan, la programan y/o la construyen

Como toda buena fábula que se precie, el espacio-tiempo no es reconocible. Todas las historias parecen suceder en un universo creativo común, con influencias claras del cuento medieval occidental que nos hacen familiar la narración, pero no existen ni datos ni pistas que nos permitan su localización. Tienen lugar, por tanto, dentro del imaginario del lector. De ese mundo propio que todos llevamos dentro desde que somos chicos y al que tenemos acceso desde que nos cuentan las primeras historias de este tipo. Ahí sucede todo.

Estas fábulas decíamos que están influenciadas por el cuento medieval occidental porque este mundo imaginario (este espacio narrativo) está poblado de reyes, de princesas y de príncipes, de sabios con extraordinaria sagacidad, de constructores con una sorprendente habilidad técnica y, por supuesto, de robots. Todos ellos construyen un universo coherente capaz de coexistir entre sí. Unos personajes se cruzan con otros, sus características se mantienen de una historia a otra, a través de disimuladas referencias, dotando así al texto, a pesar de su clara fragmentariedad, de un sentido de la unidad que hace la lectura aún más entretenida.

Paralelismo con nuestro presente y nuestra actualidad

Fábulas de robots (Impedimenta)Estos personajes nos hablan entonces desde una misma sociedad/comunidad/espacio. Al hacer así, Lem consigue que, a pesar de todo, podamos establecer un paralelismo con nuestro presente y nuestra actualidad. Un vaso comunicante narratológico que es lo que nos hace llegar, al fin y al cabo, claro su mensaje y que nos podamos identificar claramente con él.

‘Fábulas de robots’ insiste sobre el tema transversal principal de la obra de Lem: la inutilidad de ese persistente intento por utilizar la tecnología para trascenderse a ellos mismos cuando, en definitiva, toda inteligencia robótica no puede ser más que una proyección técnica de los errores y los límites de quiénes la diseñan, la programan y/o la construyen. Además, estos cuentos exponen los límites de la inteligencia y los problemas de olvidar estos límites a través de muchas historias dónde, o bien los dueños de estas inteligencias o bien sus creadores, acaban dándose de bruces con sus propios deseos de ir más allá de sí mismos.

Los límites de la humanidad y la tecnología diseñada por esta

Si lo pudiésemos resumir todo en una frase diríamos: los límites de la humanidad son también los límites de la tecnología que esta misma humanidad define, por tanto, no hay escaleras al futuro más allá de las que la misma humanidad decida y pueda construir por sí misma. Por eso, estas fábulas son humorística e irónicamente críticas con la humanidad, pero a su vez también profundamente materialistas y humanistas.

Lo son por cuanto, más allá de buscar recetas ajenas (tanto la tecnología propia como el encuentro extraterrestre no son para Lem más que dos caras de la misma moneda) o de adscribirse a creencias sobrenaturales o esotéricas, la voz narradora de estos cuentos acaba poniendo toda la carne en el asador de la propia humanidad. Estamos solo nosotros y, por ello, somos radical y profundamente responsables de nuestros actos y, en consecuencia, cualquier intento de evasión de esta responsabilidad está condenado al fracaso.

Un mensaje ácidamente crítico

Que el mensaje central sea este, ácidamente crítico (lo de pesimista es, solamente, una cuestión de perspectiva), no quiere decir que no podamos reírnos, a veces de forma bastante sonora (como los tres últimos protagonizados por el constructor de máquinas inteligentes Trurl), con todas estas historias. Siempre está presente el absurdo, la ironía, el retrato exagerado de los personajes, las inteligencias robóticas histriónicas o con cierto toque sardónico o soberbio que funcionan estupendamente bien como lo que pretenden ser: la proyección de quién las hizo, la personalidad mecánica de su “constructor”.

Es el toque de humor lo que hace distinto a Lem y lo que lleva a que, en esencia, ‘Fábulas de robots’ (Impedimenta, 2022) sea un libro que nos ha encantado por múltiples motivos.

A lo sagaz de su mensaje, lo inteligente de su diseño como obra y lo unitario de su propuesta, le tenemos que unir un tono siempre positivo, la ironía repleta de acidez y mala leche, los personajes memorables, las historias breves pero llenas de detalles que te hacen estallar la cabeza, y la grata sensación -cuando te han volado las páginas entre los dedos- de que, otra vez, has leído una fantasía científica de calidad.

Este es otro ejemplo maravilloso de porqué leer a Lem siempre merece muy mucho la pena.

Fco. Martínez Hidalgo
Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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