Escape room

Que hoy en día no hay nada nuevo bajo el sol –nihil novum sub sole, que decían los clásicos, por ponernos pedantuelos– no tiene vuelta de hoja; que el cine es el epítome de ese adagio, una perogrullada. Y sobre todo el cine de entretenimiento y evasión, aquel que honestamente juega a ello y no engaña a nadie: un objetivo que este filme claramente pretende ser alcanzar sin vergüenzas innecesarias; y que pone toda la carne en el asador como si le dijera al espectador: “siéntate en la butaca y déjate llevar, pues te vamos a hacer pasar un buen rato pasándolo un poco mal” (valga la redundancia y algo relativa esta segunda afirmación). Que por el camino se dejen ver algunas referencias cinéfilas (muy obvias) e incluso literarias (no menos obvias), es lo de menos. Cualquier persona que se acerque a una sala de cine sabe lo que va a ver con esta película y va precisamente a eso: a disfrutar de una fórmula cero original pero tremendamente entretenida. Eso es “Escape Room”.

Quién más quién menos sabe lo que es o ha participado en un “cuarto de escape”: un juego en el que encierran a un grupo de personas en una habitación de la que deben salir en un tiempo determinado tras resolver una serie de enigmas, acertijos y rompecabezas generalmente relacionados con el tema que sirve de excusa argumental o visual de dicha habitación. Un ejercicio netamente lúdico para pasar un rato la mar de entretenido. Tardaba en llegar esta fórmula a la gran pantalla… aunque en realidad tampoco es que el cine no haya desarrollado historias semejantes: me viene a la cabeza, por ejemplo y en clave hispana, “La habitación de Fermat” (Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña, 2007), con un grupo de personas que se reúnen un fin de semana para resolver enigmas matemáticos y acaban encerrados en una habitación. Si a esa trama le añades un aliciente de terror, la cosa se anima: ya pasó en “Cube” (Vincenzo Natali, 1997) y en la saga Saw (la primera película, a cargo de James Wan, es de 2004). A partir de aquí, variaciones las que se quieran, pero en general la fórmula de la habitación cerrada a cal y canto (o la casa, si se quiere), con dimensiones paralelas y “juegos” que acaban matando a quienes participan –con una cuenta atrás respecto a los implicados que evoca la novela “Diez negritos” de Agatha Christie (1939)– se ha repetido hasta la saciedad… y sigue funcionando.

Adam Robitel no sorprenderá a nadie con “Escape Room”. Lleva con irregular desarrollo el guion (nada novedoso) de Neil Moritz y Ori Marmur en la parte central del filme, que es la del juego, que en una presentación de personajes que se alarga demasiado (más allá de un prólogo que no es tal) y hacia un final bastante tramposo, pues deja abierta claramente la puerta hacia una continuación que no esconde la (legítima) vocación netamente comercial de la jugada: seguir arrastrando al público (eminentemente joven) a una sala de cine. La historia es mínima, con seis personas muy diferentes que son invitadas a participar en un juego que (por supuesto) acabará siendo mucho más complicado (si quieren salvar sus vidas) de lo intuido previamnte: una tímida estudiante (Zoey / Taylor Russell), un joven que trabaja en un supermercado (Ben / Logan Miller), un mibicioso ejecutivo (Jason / Jay Ellis), una veterana de la guerra de Iraq (Amanda / Deborah Ann Woll), un antiguo minero (Mike / Tyler Labine) y un nerd entusiasta de este tipo de juegos (Danny / Nik Dodani); actores, todo dicho sea de paso. que te suena haber visto en roles secundarios en películas y series de televisión de los últimos años. Los seis personajes tienen en común algo: son los únicos supervivientes de una situación traumática en el pasado y ahora deberán “sobrevivir” a un juego que un desconocido y sádico “gamer” ha creado para ellos en un edificio en el que hay diversas (y muy elaboradas) “habitaciones”; a destacar, por ejemplo, la habitación/bar en la que todo está boca abajo o el “escenario” aparentemente al aire libre en el que el frío y el hielo son predominantes.

Escape roomEntusiasmo y algunas ideas bien presentadas no les falta a los guionistas de esta película, aunque a la postre todo sea escasamente original (que sí, pesado, que no les preocupa eso, ya nos ha quedado claro). El doble objetivo del filme, hacérselo pasar mal a los personajes y que nosotros lo pasemos bien viendo cómo resuelven los enigmas (y también como lo pasan mal, reconozcámoslo), se cumple sobradamente en ese amplio tramo central que es el determinante y más disfrutable. Es una pena que el elemento Saw bastante metido con calzador y con mínima sutileza en el tramo final (casi) eche a perder un divertimento que necesitaba un cierre (de una sola película) bien escrito y mejor ejecutado. La sombra de “The Game” (David Fincher, 1997) sobrevuela el filme constantemente y aunque nos congratulemos de que al final no acabe imitando la resolución de aquella película con un “todo es un juego, amigos”, desazona que el (doble, ¿quizá triple?) desenlace no esté a la altura del entramado lúdico que se nos ha ido presentando. Más o menos como en el tramo final de “Grand Piano” (Eugenio Mira, 2013, con guion de Damien Chazelle), en el que todo el castillo de naipes se hunda… como precisamente eso en apenas unos minutos. La certeza de que la cosa seguirá para un par de personajes y que habrá un reinicio orquestado (y en el que las costuras son mucho más que visibles) resulta decepcionante y, lo dicho, tramposa.

El resultado, con todo, no es malo, ni de lejos: durante una hora y media te has dejado llevar por una trama muy entretenida y lo suficientemente bien desarrollada como para obligarte a suspender tu incredulidad, aunque la razón te diga lo contrario. Por eso y por la eficacia argumental de los juegos, la empatía de los personajes y la necesidad por saber más y más de esta historia cada vez más macabra, ya vale acercarse a una sala de cine. Saldrás sin la sensación de haber mirado el reloj en ningún momento e intuyendo que en cierto modo te han dado gato por liebre en el tramo final; pero, como en una “escape room”, el objetivo de la diversión se habrá cumplido con creces y sólo te preguntarás una cosa: “¿cuál es la próxima aventura?”

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