Saisei-chan Geisha Catalana

El feminismo ha ido tomando cada vez mayor relevancia en las sociedades occidentales, y ha puesto en cuestión paradigmas sociales y tradiciones arraigadas. Sin embargo, aunque tiene como base la búsqueda de la “igualdad”, el feminismo llevado a la práctica no es un movimiento monolítico, y se divide, según los debates que se plantean en su seno, en corrientes más o menos definidas, con posturas divergentes.

Uno de los debates más acalorados dentro del feminismo tiene que ver con la prostitución. En Fantasymundo hemos querido obtener una visión acerca de este mundo visto desde dentro. Entendemos que nadie mejor que una mujer que se dedica ello para entender los problemas a los que se enfrentan las prostitutas, ya que se trata de un punto de vista de primera mano que no tienen ni el Estado, ni los juristas ni los diferentes movimientos sociales.

Para conseguir esta perspectiva única, hemos entrevistado a Saisei-chan Geisha Catalana, con perfil público en Twitter, que asegura ser “feminista”, y es muy activa en redes sociales, ofreciendo su posición acerca de los diferentes debates que suscita la práctica y regulación de la prostitución.

Alejandro Serrano: ¿En qué consiste la diferencia entre “trata” y “prostitución”? Hay conexiones entre ambas por la coerción económica que en muchas ocasiones afecta a estos colectivos, pero ¿cómo se diferencian? ¿Los cánones morales estigmatizan a las prostitutas de forma injusta?

Saisei-chan: Para responder a esta pregunta, puedo plantear otra: ¿qué diferencia hay entre un agricultor y alguien que está en situación de trata en la agricultura? ¿Y entre la modista de tu barrio y las mujeres que fabrican ropa para H&M? Hay trata, esclavitud y explotación en muchos sectores, pero sólo se habla de ella en el nuestro. Esto es típico de una sociedad capitalista: por un lado, sociedad de consumo que no podría vivir sin sus móviles de pantalla táctil y que puede justificar la esclavitud infantil en las minas de coltán porque el móvil le parece imprescindible. Por el otro lado, sociedad puritana, en la que el sexo, pese a la constante exhibición, sigue siendo visto como algo sucio o denigrante. Sigue teniendo una gran carga moral y sigue produciendo mucha angustia: de ahí el amarillismo con el que se envuelve siempre el imaginario sobre prostitución. Por eso, la misma sociedad que justifica la trata y la esclavitud que sostiene su nivel de vida porque “esos objetos sí son importantes” considera que “el sexo no es importante”. Y, sin embargo, es una sociedad que vive obsesionada con el sexo. Quizás porque no le da un lugar sincero y adecuado.

No obstante, como es muy necesario clarificar los equívocos en este tema, será mejor que delimite conceptos: una trabajadora sexual es una persona que ofrece servicios sexuales a cambio de dinero. Con o sin deseo: eso es una cuestión suya. Lo que importa es que lo hace con plena conciencia y por su propia voluntad, sin que nadie la fuerce. Y éste es el factor clave: la coerción. Las mujeres en situación de trata han de ejercer la prostitución hasta que acaben de pagar una deuda. En la gran mayoría de los casos, son migrantes extracomunitarias en situación irregular, cosa que aumenta su vulnerabilidad. Pues, en caso de denunciar al tratante, caerá sobre ellas el peso de la Ley de Extranjería. Precisamente, si no fuera por esta ley, esas mujeres podrían venir aquí sin necesidad de mafias para cruzar las fronteras. Y, sin mafias, ahí sí que no hay trata.

A mí, la diferencia entre una trabajadora sexual y una víctima de trata me parece abismal. Es más: considero muy frívola esa visión que lo mezcla todo y que quiere equiparar mi situación y la de mis compañeras a la de esas mujeres. En cuanto al factor coerción, lo veo una cuestión que no tiene sentido. En un sistema capitalista, todas las personas estamos bajo coerción y, ante ella, buscamos soluciones, sobrevivimos. Pero el factor de ser migrante en situación irregular bajo la potestad de una red a quien le tienes que pagar una deuda exorbitada ejerciendo la prostitución… eso es una coerción mucho mayor que la precariedad, por ejemplo.

En cuanto a los cánones morales: sí. El estigma que nos lanzan nos criminaliza. Como si vender sexo fuera propio de psicópatas. Como si tu manera de relacionarte con tu propia sexualidad determinara tu capacidad ética. Obviamente, no me refiero aquí a cuando se fuerza a la otra persona, cuando una de las partes no está de acuerdo. Por lo demás, la manera de juzgar a las personas por su sexualidad dice mucho de cómo, históricamente, hemos sido controlados a través de nuestro cuerpo para adaptarnos a la sociedad. Por eso me da mucha vergüenza que una corriente liberadora como debería ser el feminismo utilice las mismas herramientas patriarcales para adaptar a las mujeres a sus sociedades utópicas.

Saisei-chan Geisha CatalanaAlejandro Serrano: Hay corrientes, dentro de ciertos colectivos sociales, que apuestan por la abolición de la prostitución, alegando que la coerción económica elimina el concepto de voluntariedad, y equiparan a la prostitución con el abuso sexual. En su opinión, prohibirla ayudaría a esas mujeres. Sin embargo, aún asumiendo la tesis de la coerción económica, su necesidad no desaparecerá por sí sola, simplemente se quedarán sin una vía de ingresos. ¿Cuál es la mejor manera de ayudarlas?

Saisei-chan: La mejor manera de ayudar a un colectivo es preguntarle qué necesita y, en función de eso, proporcionarle las herramientas y soluciones que estén en tu mano. Estas personas no lo hacen: les basta con presuponer que su imaginario amarillista es la realidad y que lo mejor que pueden hacer es rescatarnos de nuestra vida degenerada. Pero que no se dignen a hablar con las putas dice mucho de lo poco que les interesamos en realidad. Ese supuesto afán por ayudarnos es, realmente, necesidad de extirpar algo que no les encaja en la concepción que tienen sobre la sexualidad. La prueba está en que nadie se preocupa tanto ni pone el grito en el cielo por los hombres que ejercen la prostitución: muchos de ellos migrantes, en situación irregular y bastante precarios; es decir, bajo una serie de coerciones. Tampoco se multa a los trabajadores del sexo mediante ordenanzas “cívicas”. Entonces, si lo grave es el sexo sin deseo, ¿por qué están estos hombres tan invisibilizados?

La respuesta es que lo grave no es el sexo sin deseo, sino que la prostitución pone en jaque las concepciones sobre la sexualidad femenina. Socialmente, se piensa que las mujeres que no tenemos sexo siempre con sentimientos, intimidad, amor, etc, forzosamente tenemos un problema psicológico: o estamos traumatizadas, o estamos disociadas… incluso a mí, una abolicionista –Judith Bosch- me llegó a decir que era una psicópata. El abolicionismo, sin darse cuenta, naturaliza esa diferencia según la cual es normal que los hombres tengan sexo sin implicarse emocionalmente, pero es enfermizo o criminal que las mujeres lo hagamos… Después dicen que quieren abolir el género, pero no hacen más que perpetuarlo.

En cuanto a qué se puede hacer por las personas (mujeres trans, cis, personas no binarias y hombres) que quieren abandonar el trabajo sexual: hay que fomentar la iniciativa pública para ofrecer recorridos de salida. Nosotras siempre hemos reclamado alternativas laborales y cupo laboral para las personas trans. Esto último es muy importante, teniendo en cuenta que, según Fundación Triángulo, hay un 80% de paro en este colectivo. No obstante, recalco: tienen que ser públicas y no caer en manos de empresas privadas, como APRAMP. Asimismo, si aplicamos una lectura de clase y feminista radical, no podemos admitir que esas alternativas sigan siendo trabajos femineizados y precarios, como la costura, O pero aún: camareras de hotel, saboteando la lucha que están llevando las kellys para tener unas condiciones de trabajo dignas. Que una persona no haya tenido oportunidades para formarse y acceder a un empleo que la motive y le haga sentirse realizada debería subsanarse si el interés por las prostitutas es real. No dar unas migajas de caridad para limpiarse la conciencia y seguir teniendo a unas cuantas mujeres pobres y agradecidas porque las abolicionistas les han convencido de que no tenían dignidad y que su “caridad” explotadora se la ha devuelto.

Alejandro Serrano: Otra opción es el modelo escandinavo, la “regulación laboral” de la prostitución, bajo ciertas condiciones, acceso a la sanidad con estrategias de prevención específicas para enfrentar a los riesgos que conlleva esta actividad, medidas de inserción social, etc. ¿Es viable o deseable? ¿Legalizar esta actividad evitaría mayores abusos por parte de las mafias o los clientes? ¿Es una solución o sólo un parche temporal?

Saisei-chan: Esto no es así: el modelo nórdico reclama la abolición de la prostitución y pretende hacerlo multando al cliente. Sin embargo, se ha demostrado que es un modelo fracasado: veinte años de modelo abolicionista en su país pionero (Suecia) no han logrado acabar con la prostitución. Sigue habiendo mujeres que la ejercen, ya sea porque lo necesitan o porque quieren. Además, ha implicado una serie de consecuencias nefastas para las trabajadoras sexuales: en primer lugar, desahucios. Puesto que es ilegal alquilarle el piso a una prostituta (so pena de que el Estado te quite la propiedad del piso), el dueño tiene que echar a una mujer si se entera de que ejerce la prostitución. Con la misma lógica de que es un proxeneta cualquiera que viva del dinero de una prostituta, las trabajadoras sexuales de los países nórdicos no pueden vivir con nadie mayor de edad, ni siquiera sus hijos. Acerca de los hijos, ha habido muchas retiradas de tutela, porque se considera que una persona que ejerce la prostitución no está capacitada para educar a un hijo.

Siguiendo la misma lógica, ha habido muchas psicopatologizaciones. Puesto que está prohibido comprar servicios sexuales, las prostitutas de calle tienen que irse a lugares alejados y peligrosos para captar clientela. Asimismo, los clientes, al saber que ahora son un bien escaso, las presionan para hacer prácticas de riesgo y han tenido que bajar los precios. En cuanto a prostitutas extranjeras que no han querido cooperar con la policía para denunciar a sus clientes, han sido deportadas. Lo mismo ha sucedido con las víctimas de trata que no han cooperado con la policía. Un caso que, desgraciadamente, ilustra parte de esta problemática es el de Eva-Marree Kullander. Ella tenía una relación y dos hijos con un maltratador. Para poder separarse de él, empezó a ejercer la prostitución. Estuvo dos semanas, se lo contó a una prima suya e, ipso facto, los servicios sociales le retiraron a sus hijos, para dárselos al padre, el cual tenía denuncias por agresión y maltrato. Es decir, que los servicios sociales suecos prefirieron darle la custodia de los hijos a un maltratador antes que a una prostituta. Fue clave en esto que ella no se declarara víctima ni se arrepintiera. Eva-Marree pasó años luchando por recuperar la custodia de sus hijos: ni siquiera se la dieron a los abuelos. En una visita, el ex la apuñaló: la mató delante de sus propios hijos. Hoy en día, nadie sabe del paradero de estos niños; ni siquiera los abuelos.

¿Y qué les ha sucedido a los clientes, que son considerados agresores sexuales? Pues esta ley que “busca proteger a las mujeres” parece bastante benévola con los hombres: multas, cursos para aprender a tener sexo con amor y basta. Ni encarcelaciones, ni nada grave. Es decir: hay agresores sexuales (los de las buenas mujeres) que van a la cárcel. Los de las putas (es decir, los que la ley considera agresores sexuales de las prostitutas: los clientes) apenas sienten las consecuencias. Las mismas leyes abolicionistas diferencian entre buenas y malas mujeres.

En Francia se aprobó este modelo y el resultado ha sido numerosas mujeres agredidas y asesinadas en el Bois de Boulogne; muchas veces, agredidas por bandas de ladrones que se aprovechan de su aislamiento. Y esto es lo que está persiguiendo el modelo abolicionista; un modelo pretendidamente feminista.

Cuando me hablas de un modelo que quiere legalizar la prostitución, te estás refiriendo al reglamentarismo, modelo que se ha aplicado en Alemania u Holanda. No es lo que nosotras estamos persiguiendo, pese a que se nos llama “regulacionistas”. La razón es que sólo beneficia a los empresarios y que dificulta el trabajo autónomo, ya que sólo se puede ejercer la prostitución en determinadas zonas, que están controladas por los empresarios del sexo. Además, exige el registro; es decir: en una sociedad en la que la prostitución está estigmatizada, se exige a una persona que, si quiere trabajar en el sector, debe quedar registrada de por vida. Esto comportará consecuencias a la hora de trabajar en otros sectores. Hay que tener en cuenta que hay mujeres que sólo ejercen la prostitución de manera puntual para saldar una deuda o porque están en paro y son cabezas de familia. El registro dificulta la salida de la prostitución. El reglamentarismo, además, dificulta mucho más la situación de las trabajadoras sexuales migrantes, ya que, para registrarte, has de estar en situación regular y cumplir una serie de requisitos que no todo el mundo se puede permitir. Este sistema también incluye el control de la salud de las mujeres.

Nuestro colectivo no busca el regulacionismo: buscamos un modelo de despenalización, el que se implementó en Nueva Zelanda. Las características son: no está penalizada la compra ni la venta de servicios sexuales, no hay registro obligatorio, pueden asociarse hasta 4 mujeres para trabajar en el mismo piso y las mujeres pueden captar clientela en la mayoría de espacios de la calle. Por supuesto, una prostituta que no tiene que huir de la policía siempre tendrá más poder sobre el cliente que la que tiene que esconderse para trabajar. Por ejemplo, nos contaba Catherine Healy en unas jornadas del Colectivo Hetaira que ahora, si un cliente no había pagado un servicio, la policía se presenciaba y acompañaba al cliente al cajero para que le diera a la trabajadora lo que le debía. Asimismo, salió la noticia hace un tiempo de que en Nueva Zelanda la trabajadora de un burdel había denunciado a su jefe por acoso sexual. No creo que esto pudiera hacerlo en una Suecia donde, si eres puta y pones una denuncia, lo primero que van a hacer va a ser llamar a tu casero y decirle que te eche de casa. Y, si alguien cree que exagero, puede leer el testimonio de Mercy, en este informe de Amnistía Internacional.

Acerca de si un modelo u otro acabará con la trata: las cifras hablan por sí mismas. En Suecia ha aumentado un 400% entre 2012 y 2016 según Ekberg (principal consejera del gobierno sueco en trata y trabajo sexual hasta 2006). En Alemania, según la web del BKA, en 2002 se detectaron 972; en 2009, 534; en 2017, 327. En Nueva Zelanda, hay unos 2 o 3 casos por año. De todas formas, reitero: la trata no está relacionada con el tipo de legislación en relación a la prostitución, sino con las leyes de extranjería. Estamos bastante hartas de que las mismas personas que nos señalas como culpables de la trata no hagan nada en relación a las dificultades a las que se enfrenta una víctima de trata para obtener protección y asilo político en nuestro país.

Alejandro Serrano: En la imaginería popular, hay diferencia entre una “prostituta” que ejerce su actividad en las calles, y una “escort” que ofrece sus servicios, presumiblemente, en mejores condiciones sanitarias y de control por parte de ella, y dispone de plataformas publicitarias en internet, anuncios en publicaciones, etc. Se considera que en las primeras hay más necesidad económica, y en las segundas algo más de libertad y voluntariedad. ¿Tiene algo de cierto esto?

Saisei-chan: El imaginario popular es clasista, ignorante y reduccionista. Que le pregunten a un migrante, a una persona LGTBI, etc lo que piensa sobre el imaginario popular.

Para empezar: no todas las que trabajamos en interiores somos scorts. Algunas también somos masajistas, webcammers, bailarinas eróticas, pole dancers… Asimismo: ¿es que una mujer, por el hecho de ser pobre, no puede empoderarse frente a un cliente? ¿Es que una mujer, por el hecho de ser rica, está empoderada frente a los hombres? Entonces, si extendemos esta lógica a otros ámbitos: ¿sólo hay maltrato de género en entornos sin recursos económicos? Quienes contraponen a la scort frente a la puta de calle y victimizan a esta última, como si el hecho de ser pobre te impidiera reflexionar y desarrollar herramientas esgrimen una manera de pensar que a mí sí que me parece clasista.

Además, ¿quién dice que una scort realmente tenga más dinero que una trabajadora de calle? Puede ser que, por servicio, ganemos más las que trabajamos en interiores. Pero por eso, precisamente, quizás tengamos menos volumen de trabajo. Además: esa publicidad que mencionas, el lugar de trabajo, las sábanas, etc: todo eso son gastos que nuestras compañeras de la calle se ahorran. Mira, en mi caso: de media, diariamente gasto unos 30 euros de habitación, 10 euros de publicidad, 10 euros de cuota de autónoma, el 21% de IVA, el 20% de IRPF, los aceites, gel, preservativos, sábanas desechables (pongamos que son 5 euros diarios) más gastos como viajar, o gastos esporádicos como renovar materiales (toallas), sesiones de fotos… ¡Tampoco es que sea rica precisamente!

El imaginario social, además, como es ignorante, ignora que las pioneras en nuestro movimiento político fueron Trabajadoras Sexuales de la calle. Que busquen acerca de Griselidis Réal, de Silvia Rivera, Marsha Johnson. O, en nuestro país, Margarita Carreras, Putas Indignadas, Afemtras… Si realmente fueran esas pobres putas indefensas, ¿cómo han podido llegar a ser referentes políticos?

Mis propios referentes directos son putas de calle y de polígono. Ellas prefieren ese lugar, porque así se desentienden de los gastos y el engorro que conlleva mantener un lugar de trabajo.

Alejandro Serrano: Hace tiempo que la mayoría de ayuntamientos del país parecen dirigirse a la persecución de las prostitutas mediante sanciones, y sin embargo los clientes no se ven tan afectados. Incluso la Policía parece ejercer cierta violencia contra ellas. En otros lugares de Europa la legislación claramente va en sentido contrario, y protege más a estas mujeres, mediante sanciones a los clientes y apoyo a las primeras. Bajo su punto de vista, ¿Cuál es su punto de vista sobre estas sanciones?

Saisei-chan: Esto ya lo he contestado antes: las políticas abolicionistas en nada benefician a las prostitutas. Tenemos la experiencia de Suecia, que lo único que ha hecho ha sido precarizar a las trabajadoras sexuales. Pero, aunque careciéramos de este ejemplo: ¿qué lógica puede defender que a una mujer la beneficias cuando le dificultas su sustento? Lo único que hacen estas personas es proyectar su propia escala de valores: como a ellas el sexo sin deseo les parece lo peor del mundo y lo equiparan a sus propios abusos, piensan que para todo el mundo debe significar lo mismo. No se paran por un momento a ponerse en el lugar de la otra persona y pensar que cada vida es distinta y tiene unas necesidades y preferencias distintas. No piensan, ni por un instante, que para otras personas pueda haber cosas mucho peores que el sexo sin deseo. En pocas palabras: ni empatizan ni escuchan. Sólo proyectan su propia subjetividad y, como en esta subjetividad –en la mayoría de casos- no se incluyen las necesidades de las trabajadoras sexuales –porque son situaciones que jamás han vivido-, invisibilizan cuáles son los verdaderos problemas.

Pensar que sancionando al cliente estás ayudando y protegiendo a las mujeres porque les evitas el sexo sin deseo es egocéntrico y tan naïf, que yo no me creo que la gente pueda pensar esto realmente. A la gente le horroriza ese sexo sin deseo. Que una prostituta llegue a casa y no tenga qué dar de comer a sus hijos, eso no les importa. Que un cliente, al saber que es un bien escaso –por la aplicación de estas políticas- se sienta con derecho a imponer sus condiciones, esto tampoco les importa. Que las prostitutas mueran o sean atacadas por tenerse que ir a captar clientela a lugares apartados, esto tampoco les importa. Que en Suecia la criminalización del cliente se extienda a la de la trabajadora y ahora la mayoría de la población piense que también se debería multar a las mujeres, esto tampoco les importa. Les importa el sexo sin deseo porque es el único lugar en el que pueden proyectar su egocentrismo. Ya se sabe: mi ombligo es político.

Lo repetiré tantas veces como haga falta: ¿nos quieren ayudar? Que nos escuchen. Que no pongan más trabas en el camino a personas que vienen, muchas veces, de circunstancias más adversas que las suyas. Que permitan que cada persona afronte este capitalismo y sobreviva en él como decida. Que peleen por alternativas laborales dignas, bien pagadas, y por que el ascensor social no se quede parado. Pero no sólo con las putas: hay toda una serie de colectivos de los que la sociedad no se preocupa. Sin embargo, como no atentan contra esa idea de que el sexo es sagrado –profundo, íntimo, el pilar de la subjetividad-, no les molestan tanto.

Alejandro Serrano: ¿Al sistema neoliberal actual le interesa sobremanera que la prostitución sea ilegal, esté estigmatizada y conlleve riesgos, para disponer de una mano de obra femenina barata, necesitada y sumisa?

Saisei-chan: Exactamente: detrás de las políticas abolicionistas lo que hay son controles de extranjería. A Europa y su feminismo euroblanco no les gusta nada que vengan mujeres de países pobres y envíen capital a estos países. Prefieren que estas mujeres se mantengan precarias y cuiden a las personas mayores de unos países cada vez más envejecidos. Si al menos las condiciones de estos trabajos fueran buenas… Pero ya sabemos que, muchas veces, son condiciones de semiesclavitud. A Europa ya le viene bien tener mujeres en situación de vulnerabilidad para explotarlas. Y hablo de la atención a las personas mayores como podría hablar de tantos otros sectores.

Para controlar a las mujeres, nada mejor que equiparar la prostitución a la trata y justificar las redadas, decir que todas las prostitutas extranjeras en situación irregular son víctimas de trata… ¿para ofrecerles el qué, exactamente? ¿Ser deportadas a sus países? ¿Y por qué en otros sectores donde también hay trata no se hace esta equiparación con tanto ahínco, cuando también se dan los abusos sexuales? En la agricultura hay trata, en el trabajo del hogar hay trata, en la hostelería hay trata, en la construcción hay trata…

El estigma puta (que incluye el imaginario de que nuestro trabajo es un lugar oscuro y peligroso) siempre ha funcionado muy bien para controlar a las mujeres: que se mantengan “pobres pero honradas”. Obviamente, las políticas que dificultan nuestro trabajo van en la misma dirección.

Pero estas políticas no interesan sólo para que haya mano de obra femenina explotada en otros sectores, sino también en la prostitución. Un ejemplo de ello son las ciudades en las que se han impuesto ordenanzas municipales que dificultan el trabajo a las mujeres de la calle, pero al mismo tiempo, se han dado licencias a clubs de alterne. El PSOE (ese partido tan feminista porque tiene muchas mujeres en sus ministerios) es especialista en estas políticas. Es decir: no quieren mujeres que estén trabajando por su cuenta, con sus condiciones. Quieren mano de obra que deje dinero en los clubs, bajo las condiciones de los empresarios.

Modelo: Nadia Karenina. Autora: @angeles .slut
Modelo: Nadia Karenina. Autora: @angeles
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Alejandro Serrano: ¿Cree que en los próximos años el feminismo logrará determinar una posición unitaria al respecto de la prostitución? ¿Cómo conciliar los postulados feministas con la protección de la mujer en este ámbito?

Saisei-chan: La verdad es que no lo sé. Por un lado, veo cada vez más gente dispuesta a escucharnos. Lo único que necesitaban estas personas era información. Por otro lado, la presencia de la extrema derecha contribuirá precisamente a lo opuesto. Las autoproclamadas feministas radicales tienen muchas cosas en común con la extrema derecha: su feminismo eurocéntrico es racismo maquillado; su transfobia es digna de “Hazte oír”; su “abolicionismo” es un prohibicionismo disfrazado de buenismo. Y, teniendo en cuenta que tanto migrantes como transexuales son colectivos muchas veces atravesados por el trabajo sexual, pues aún van a ser menos solidarias con las necesidades de las putas y aún van a tener unas miras más estrechas hacia nuestras problemáticas. De hecho, en Estados Unidos, “feministas” “abolicionistas” como MacKinnon se aliaron a la extrema derecha y a los antiaborto, haciendo del control del cuerpo de las mujeres una causa “feminista”. Parece absurdo, pero es lo que se está repitiendo en nuestro país.

Creo que ya he contestado acerca de la protección de las mujeres en la prostitución y cómo el “abolicionismo” –lo escribo entre comillas porque no tiene nada que ver con el Abolicionismo de Angela Davis, por ejemplo- es incompatible con un feminismo real cuando se lleva a la práctica. Pero me gustaría hacer una observación acerca de esa pregunta: según la empresa Feminicidio, en 2018 hubo 98 feminicidios. 47 fueron en un contexto de intimidad oficial; 2 fueron en un contexto de intimidad no oficial; 6 fueron en un contexto no íntimo; 21 fueron en familia; 9 fueron a niñas; 7 feminicidios sin datos suficientes; 1 feminicidio violencia juvenil; 1 por robo; 3 varones fueron asesinados en un contexto de violencia machista; una mujer cuya muerte está siendo investigada; 2 desapariciones de alto riesgo. Esta es la fuente.

Entonces, si hay contextos en los que las mujeres mueren constantemente -como la pareja o la familia-, ¿cómo conciliar los postulados del feminismo con que el mismo feminismo permita que sigan existiendo estas instituciones que matan a las mujeres? Si aplico la lógica con la que se me acusa, debería decir que las mujeres monógamas están educando a los hombres para que piensen que la sexualidad y la vida de las mujeres es de su propiedad y que esto, a su vez, fomenta que los hombres nos maten. Debería decir que sus elecciones nos afectan a todas las mujeres. Que basar su seguridad, su autoestima y su estabilidad en una pareja responde a lo que el patriarcado ha hecho de nosotras, a sus formas de controlarnos y de someternos desde la intimidad. Seguramente, mi discurso rechine mucho más que el suyo: ésta es la prueba de que el suyo está socialmente más aceptado que el mío. O, en otras palabras, que pese a su apariencia de mayor feminismo, su discurso está más aceptado por el patriarcado.

Ahora bien: yo no quiero jugar a tirarnos la culpa para ver de qué decisión individual se construye el patriarcado, porque es un juego que convierte el feminismo en una perorata irreal y una autoobservación egocéntrica y nada pragmática, donde las lecturas siempre son parciales. El feminismo debe encargarse de que todas las mujeres seamos libres de decidir y que todas nuestras decisiones seann seguras. No debería, de manera indirecta, privilegiar unas decisiones sobre otras, dotándolas de contextos de mayor seguridad física y psicológica, mayores derechos, menor violencia simbólica, menor precariedad y un largo etcétera. Y más cuando estas diferencias entre decisiones coinciden con la línea que el patriarcado ha trazado, dividiendo entre buenas mujeres (las que merecen amparo) y malas mujeres (las que merecemos, como mínimo, humillación).

Alejandro Serrano: ¿Cómo se inició usted en la prostitución y cómo concilia este hecho con su feminismo militante? ¿Hay conflicto entre ambas cosas o es sólo una construcción moral?

Saisei-chan: Yo me inicié en la prostitución leyendo “Le deuxième sexe”, de Simone de Beauvoir. Creo que ésta es la mejor manera de responder a esta pregunta. El resto son datos personales que no vienen a cuento. Porque lo personal es político, sí, pero cuando hablamos de prostitución, al ser tan pocas las que estamos visibilizadas (de un bando y de otro), estamos cayendo en el error de hacer política a raíz de las vivencias personales. Me parece un grave error: esto va mucho más allá de nuestros casos individuales. Lo que importa son las circunstancias comunes que atraviesan a todo un colectivo.

Acerca de cómo se concilia la prostitución con el feminismo, creo que ya lo he respondido a lo largo de toda la entrevista: el abolicionismo tiene una teoría muy bonita e idealista, pero llevado a la práctica es un modelo nefasto y muy antifeminista. El feminismo debe luchar para que la integridad y la libertad de todas las personas se garantice, no por la imposición de un modelo que, en la mayoría de casos, está diseñado desde lugares de privilegio: personas que nunca tuvieron que plantearse si meterse a putas para sobrevivir, por ejemplo. El feminismo no puede ser el relato y el discurso de una minoría privilegiada pretendiendo imponerse sobre las necesidades reales de millones de mujeres, ni pretendiendo modelarnos a su semejanza. Porque las diferencias circunstanciales son abismales.

A nivel personal, por supuesto que la prostitución me generó muchas contradicciones. Pero todos somos educados en una sociedad putófoba, machista, racista, clasista, xenófoba, etc. Si salir de este marco no nos produce contradicción, quizás la salida sea retórica y no radical. De todas formas, las contradicciones estaban más relacionadas con el hecho de tener que performativizar una femineidad hegemónica que con lo sexual. Nunca he comulgado con un feminismo diseñado como una herramienta de autocontrol. Las mujeres hemos sido esclavas a lo largo de toda la historia. ¿Vamos a abrazar un modo de construir el pensamiento desde la sumisión, el autojuicio, la culpa constante? ¿De qué estamos disfrazando al amo? ¿Y de qué se disfraza el amo, con este purple washing que vivimos últimamente? Son preguntas que no se pueden responder la una sin la otra.

En cuanto a tener que performativizar una femineidad hegemónica, en casi cualquier trabajo lo habría tenido que hacer. Y, si no, que me digan a cuántas entrevistas de trabajo podemos ir las mujeres sin depilar y con la cabeza rapada. Pero seguramente esto ya no les importe tanto a la mayoría de abolicionistas, ya que hay una cosificación de los cuerpos socialmente admitida porque abraza el grado de la estética patriarcalmente normalizada. De hecho, sólo hay que ver el look bien cuidado de buenas mujeres heteropatriarcalmente adaptadas que tienen la gran mayoría abolicionistas. De todas formas, ser mi propia jefa también me ha permitido darle la vuelta a este punto.

Acerca de si entre la prostitución y el feminismo hay un conflicto o es sólo una cuestión moral, creo que esto sólo se da en el caso de mujeres a las que les gusta imponer su propia subjetividad a otras mujeres, porque se sienten en posesión de la Verdad. Entonces tienen que conducir a las otras por la senda que ellas marcan. Suelen infantilizar y desacreditar a quienes no piensan como ellas. Pero esto es, otra vez más, el patriarcado disfrazado: es la jerarquía, la superioridad y el elitismo. ¿Cómo se puede hacer feminismo con las herramientas del amo y, encima, autodenominarse “radical”? Yo creo que una sororidad real –esa “sororidad” con la que tanto se llenan la boca- y una empatía de verdad –esa empatía que tanto traen a colación, cuando se trata de demonizar la prostitución- se demuestran tratando a la otra de igual a igual y aceptando que es libre de hacer lo que considere con su propio cuerpo.

Aunque hay una cosa que sí que es cierta: para que la prostitución fuera más feminista, tendría que haber más puteras. La sexualidad no puede ser feminista, mientras siga ligada a la pareja o a la meritocracia de la belleza. Que las mujeres pudiéramos (simbólica y económicamente) satisfacer nuestras necesidades sexuales pagando, igual que hacen los hombres, nos liberaría de estas cargas, nos pondría más en contacto con nuestros cuerpos y yo creo que, en consecuencia, nos empoderaría mucho más.

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1 Comentario

  1. Felicitaciones por la nota. Realmente es muy grato descubrir que las trabajadoras sexuales pueden comenzar a hablar con sus propias voces, sin censuras, ni discriminaciones. Excelente reportaje.

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