El pasado octubre llegaba a librerías una novela sobre el pasado, la pérdida y las historias jamás contadas de los olvidados. Se trata de El pasado es un cazador paciente, primera novelette de la autora Laura S. Maquilón, que publicó con la editorial Sportula y que pudimos leer y reseñar en Fantasymundo.

Ahora volvemos a tener el placer de entrevistar a su polifacética autora, Laura S. Maquilón, que no solo nos ha hablado sobre su novela y la experiencia de escribirla, sino sobre literatura, feminismo y sus futuros proyectos. Conozcámosla un poco más:
 
 
Cuéntanos ¿qué se van a encontrar los lectores en El pasado es un cazador paciente?

Van a encontrar una historia breve y condensada pero llena de matices. Un futuro en el que han desaparecido los combustibles fósiles pero ha sido inevitable el cambio climático; un futuro en el que el capitalismo es todavía más atroz, por lo que las diferencias económicas entre ciudadanos son aún más grandes; un futuro donde no se ha aprendido del pasado. Y, en medio de todo ello, una mujer madura que tendrá que enfrentarse a lo que un día dejó atrás. Es una historia más bien íntima, cerrada, más centrada en los personajes que en el mundo en que están inscritos.
 
 

¿Cómo surgió la idea de la que partió la historia?

Hubo varios factores. Me suele pasar a menudo que no parto de una sola idea, sino de varios elementos que van readaptándose hasta encajar. En primer lugar, yo tenía la idea (y aún la tengo) de qué pasaría si los recuerdos pudieran comprarse y venderse a raíz de un anuncio que pusieron antes de la proyección de Wonder Woman en el cine. Después llegó la convocatoria de Cachava y boina y la idea de ambientar un relato de género en la España rural. Todo ello se fue conectando y cambiando hasta llegar a la idea del gremio y los atrapasueños. Pero cuando acabé el primer borrador, lo que tenía entre manos era más que un relato, así que me tomé con más calma la revisión y reescritura hasta llegar a la versión final.

 

El libro fluctúa entre la ciencia ficción y la fantasía, tocando también el costumbrismo, la fantasía onírica o incluso acercándose al realismo mágico. Es un buen collage de géneros. ¿Es lo que buscabas?

La primera intención era escribir ciencia ficción pura, pero conforme iba desarrollando el relato me di cuenta de que no me atraía la idea de tener que explicar concienzudamente el funcionamiento de los atrapasueños. Tampoco me encajaba en el tono y el devenir de la historia. En ese momento me pregunté qué pasaría si lo dejaba en el aire, si lo dejaba más del lado de lo maravilloso que de lo científico, y las implicaciones me motivaron mucho más. Siempre he sido más lectora de fantasía, supongo que eso también influye. En la fase creativa las cosas tienen que fluir, y las piezas encajaban mucho mejor con el punto fantástico. No tenía sentido constreñirlo todo si tampoco me apetecía. El costumbrismo y la fantasía onírica son más el resultado de estas decisiones junto con la trama que algo premeditado. A la hora de escribir suelo tener claro el género principal o algún subgénero muy particular, pero dejo el resto de etiquetas para más adelante. Tampoco es que rompa ningún límite, porque los géneros no son conjuntos cerrados, pero es cierto que los intersticios llaman bastante mi atención.

 

La caza de sueños es uno de los elementos más curiosos de la historia. Además de la genialidad de que se realice con un atrapasueños, ¿puedes contarnos algún dato más sobre esta tecnología?

Cuando pensé en la compraventa de recuerdos lo primero que necesitaba era un dispositivo que permitiera almacenarlos y transferirlos de una persona a otra. Tengo un atrapasueños en casa desde que era pequeña y el onirismo siempre me ha fascinado. Así que la idea mutó fácilmente de recuerdos a sueños, y el atrapasueños también se modernizó (entre otras cosas, porque su cometido es radicalmente distinto al tradicional). Este permite a su portadora adentrarse en una dimensión donde los sueños son tangibles, por decirlo de alguna forma, de modo que puede apropiarse de uno de ellos. Es como hurgar en tu alma y coger un pedazo de ti que está vivo y que puede ser tan fuerte como para sobrevivir por sí solo fuera de ella. Pero el atrapasueños no lo hace todo solo, se necesita que la cazadora sea entrenada para activarlo a voluntad y coger el sueño que le interese. De ahí surge el Gremio y la formación que le dan a los cazadores. Y claro, cuando inviertes tanto en el adiestramiento, prefieres que el talento se quede en casa (o eso sería lo lógico), por lo que el Gremio se convierte en una organización muy hermética. Eso también tiene consecuencias para los que trabajan allí.

adoro las historias con cierto grado de complejidad. Las que tienen matices que incluso los escritores no son conscientes de que existen.

El pasado es un cazador paciente es una oda a los olvidados, a las víctimas de guerra a las que quisieron borrar de nuestra Historia, pero también al dolor de las familias que nunca obtuvieron respuestas. ¿Qué te llevó a querer tratar sobre este tema?

Supongo que toda la polémica en torno a la Memoria Histórica que llevamos sufriendo los últimos años. ¿Por qué no dejar a los muertos tranquilos? ¿Por qué remover el pasado? Y a mí siempre me surgían las mismas preguntas: ¿qué pasa si no es el pasado lo que se quiere remover? ¿Qué ocurre si ese pasado sigue siendo un presente para algunas personas? ¿Quién se pone en la piel de los familiares a la hora de hacerse esas preguntas? Estas cuestiones se unieron a otras dos: en primer lugar, lo poco que se trata la Guerra Civil española en el género (o, al menos, esa es mi impresión, puedo equivocarme); y, en segundo lugar, lo poco que se trata a un nivel más íntimo las consecuencias de la guerra en el género, lo que ocurre con la gente de a pie, la que no tiene poder. Son temas que me interesan, como tantos otros, y que esta historia me permitía explorar.

 

Pero además de este mensaje central, en la novela hay toda una miríada de temas o reflexiones…

Como lectora, adoro las historias con cierto grado de complejidad, aunque su desarrollo pueda parecer simple. Las que tienen matices que incluso los escritores no son conscientes de que existen. En un relato es más complicado hacerlo, pero cuando cuentas con el espacio suficiente, es inevitable que suceda, porque cada decisión que tomas es algo que quieres mostrar o sobre lo que quieres reflexionar. El protagonismo de una mujer de mediana edad, la transcripción de un acento, la diversidad sexual de los personajes, el enfrentamiento entre pueblo y ciudad, el trasfondo distópico… estos aspectos los medité antes de ponerme a escribir, pero seguro que les lectores son capaces de hacer interpretaciones que ni siquiera habría imaginado, y eso es maravilloso, porque esta historia ya no me pertenece por entero.

 

La carencia de recursos es uno de los problemas más grandes del mundo en el que se mueven los personajes del libro. ¿Pretendías con esto lanzar un mensaje ecologista?

Totalmente. Las posibilidades que tiene España con las energías renovables son tan grandes y están tan desaprovechadas… ¿Qué sucedería si se agotaran los combustibles fósiles y no estuviéramos preparados? Mi pesimismo me dice que se liaría parda, aunque espero que no tanto como planteo en El pasado es un cazador paciente. Sin embargo, a veces para criticar algo tienes que irte al extremo. Y después de una guerra siempre hay hambre y la recuperación depende de la gestión. Luego está el tema del cambio climático, claro. Eso lo empeora todo. Quizá aún estamos a tiempo de atenuarlo, pero se necesita mucha más concienciación social. Y que esta llegue a les líderes gubernamentales.

 

En relación con lo anterior, uno de los elementos que más me llamó la atención del libro fue el uso de insectos como sustitutivos protéicos de la carne y el pescado. ¿Crees que esta sería una posible solución a la falta de recursos?

Siempre nos quedarán las cucarachas. Espero que si llegamos a ese extremo yo no siga con vida, pero es una fuente de alimento mucho más sostenible. De hecho, me suena que algunos supermercados ya tienen grillos a la venta, por ejemplo, aunque por el momento son carísimos porque se ven como algo exótico. Pero cuando hay carencia, se coge de donde se puede, así que me parece factible. Y sigue siendo mejor que el canibalismo.

Pero me siento más orgullosa cuando soy capaz de transmitir emociones, ahí es cuando siento que de verdad he conseguido algo especial: conectar con quien está leyendo.

Cambiando de tema, esta es tu primera novelette, tu primer trabajo “en solitario” después de haber publicado varios relatos en revistas y antologías. ¿Qué se siente ante esta transición?

Es una experiencia diferente. He tenido la suerte de publicar relatos junto a gente que conozco y admiro muchísimo, y eso es fenomenal. Pero también mola ver tu nombre en solitario en la portada, no nos vamos a engañar, aunque eso significa estar más expuesta. Sin embargo, la mayor diferencia es que me siento más responsable. Hasta la fecha yo entregaba una obra, había una pequeña revisión del texto y se me pagaba o no, dependiendo de las condiciones, pero no había mucho más contacto en ese sentido. Con El pasado es un cazador paciente sí, hay una persona que ha confiado en la obra y en mí a largo plazo, y yo no podría estar más agradecida a Rodolfo Martínez por el trato recibido en todos los sentidos. Así da gusto publicar, y más siendo novata.

 

¿Dirías que El pasado es un cazador paciente es tu niña bonita? ¿La obra de la que más orgullosa te sientes?

Estoy orgullosa de ella, pero también de historias como la que aparece en Iridiscencia, “Desconexión“. Es cierto que con la novela corta hay cuestiones de estilo más notables, aunque me quede mucho por aprender. Pero me siento más orgullosa cuando soy capaz de transmitir emociones, ahí es cuando siento que de verdad he conseguido algo especial: conectar con quien está leyendo.

 

¿En qué otros proyectos literarios estás trabajando? ¿Veremos alguno publicado en breves?

En poco tiempo saldrá otra novelette en solitario, esta vez con Hati, llamada Izahi, a tus hijas. Es una historia juvenil de fantasía ambientada en un mundo en el que llevo tiempo trabajando, algo muy diferente de lo que encontramos en El pasado es un cazador paciente. Más cercano a esa línea está el relato que aparecerá en Actos de FE, la próxima antología de Ed. Cerbero. Por lo demás, tengo varios proyectos empezados, pero no creo que estén finalizados a corto plazo.

 

También eres escritora de no ficción. Y en ella, uno de tus temas recurrentes es el feminismo en la literatura. ¿Qué te llevó a interesarte y desarrollar este tema?

Todo empezó hace ya dos años y medio, cuando pregunté por escritoras de género y me dieron una buena lista. Yo solo había oído mencionar a unas pocas y había leído a dos o tres, y eso que leía prácticamente todo lo que pudiera caer en mis manos. Ni siquiera sabía que Robin Hobb era una mujer. En mis estanterías apenas había escritoras. No podía ser casualidad y fruto del azar, y además vi que no me ocurría solo a mí. Yo ya conocía el proyecto de Alucinadas y entonces cobró todavía más sentido. Luego comenzamos el proyecto de La Nave Invisible y compruebas de primera mano cómo está el panorama, cómo va cambiando y lo que queda por hacer. El mundo es muy grande y hay tantos aspectos mejorables. Pero aquí siento que puedo aportar algo; que mi granito de arena, junto a los granitos de muchas otras compañeras, puede formar una montaña que, si bien no cambie el panorama, lo haga al menos mucho más atractivo y asequible para las que vienen detrás.

 

Fundadora de La Nave Invisible, editora y redactora en Windumanoth, colaboradora en Libros Prohibidos, además de gestora de tu propio blog, Más que veneno, y escritora. A ver, confiesa, ¿dónde guardas la máquina para alargar el tiempo?

Si me acordara de dónde la guardo, créeme que la utilizaría más. Pero llevo casi tres meses sin actualizar el blog y dos sin escribir ficción. He vuelto a estudiar y no es fácil aceptar que no tienes tiempo para todo, pero intento organizarme lo mejor que puedo y cumplir con mis compromisos. Lo más difícil es luchar contra esa sensación de que si no publicas algo cada poco tiempo estás tirando trabajo a la basura, pero tampoco quiero dejarme arrastrar por la vorágine del mercado. Si necesito tiempo y cierta estabilidad para escribir lo que quiero contar, esperaré a tenerla, y si el mercado tradicional no me abre las puertas, pues buscaré una ventana cuando sea el momento.

Hace dos años se decía que publicar a una mujer era un riesgo porque suponía menos ganancias. Ahora encontramos mucha más oferta y más gente hablando de autoras

 

Hablando de La Nave Invisible, ha sido la elegida como mejor web en los Ignotus. ¡Enhorabuena! ¿Qué ha significado este premio para el equipo? ¿Qué proyectos tenéis en mente a partir de ahora?

¡Muchas gracias! Para nosotras fue una sorpresa, porque el resto de webs nominadas tienen un gran recorrido, más seguidores y hacen un trabajo excepcional. Estar nominadas ya nos parecía bastante reconocimiento y ganar el Ignotus solo es un escaloncillo más, una certificación de que gran parte del público confía en nuestro trabajo. No hay que olvidar que son premios populares. Pero el apoyo de la gente ya lo teníamos y nuestro camino iba a ser el mismo tanto si ganábamos como si no. Ahora tenemos más tripulantes, lo que significa más perspectivas, más alcance y más variedad, que era algo muy necesario para no estancarnos, y también más facilidad para acudir a ciertos eventos. Ahora toca afianzar el nuevo equipo y seguir colaborando con otros proyectos, editoriales y autoras más allá de la web. El tiempo dirá hasta donde podemos llegar.

 

Estos premios Ignotus no están exentos de polémica debido a que varios de los premios han recaído en autoras. ¿Qué opinas de esto?

Que si escuece es que se está curando. O eso espero. Me fascina que, viendo el panorama en el mercado anglosajón, aún haya quien se sorprenda de que el cambio esté llegando aquí también. Solo confío en que no tengamos también unos Sad Puppies o que se lleguen a realizar acciones que vayan en detrimento de los premios y el género. Solo hay que echar cuentas para comprobar que no hay ningún lobby feminista, como parece que se intenta vender. Por lo que comentaba Crononauta, apenas hay un 20% de autoras nominadas en novela, y un 30% en novela corta. ¿Entonces cómo han ganado tantos premios? Porque lo que está cambiando es el público: se piden otras historias, otros puntos de vista. El mercado también ha cambiado. Si esperas que eso no se refleje en unos premios populares es que, o no sabes qué significa premio popular, o que no has salido de tu cueva para ver qué se cuece fuera.

 

También otros grandes premios internacionales de literatura de género (Hugo, Nebula, World Fantasy) han galardonado este año a escritoras: ¿Vamos por buen camino en el reto de valorar a las escritoras en igualdad con los escritores?

Creo que aún hay una exigencia mayor hacia las escritoras en muchas cuestiones, pero al menos parece que hay menos reticencia a publicarlas. Hace dos años se decía que publicar a una mujer era un riesgo porque suponía menos ganancias. Ahora encontramos mucha más oferta y más gente hablando de autoras, lo que se traduce en mayor visibilidad y, por tanto, mayores posibilidades de leer obras escritas por mujeres. Es cierto que la mayoría del público no se fija en el sexo del autor, pero eso solo funciona cuando hay igualdad. Mientras tanto, suele ser necesario un esfuerzo consciente. Ahora parece que ese esfuerzo es menor y eso siempre es positivo, pero no podemos conformarnos y dormirnos, porque puede ser algo pasajero. Sigue habiendo gente que mide a las escritoras según si escriben como los hombres o que considera algunos temas estrictamente femeninos, pero que haya menos personas que piensen así no solo depende del trabajo que se realice al respecto en el panorama literario, sino que requiere un cambio social. Y los cambios sociales son mucho más lentos de lo que nos gustaría.

 

Pues hasta aquí nuestra entrevista. Muchas gracias por tu tiempo y tus interesantes impresiones, Laura.

Gracias a ti por una entrevista tan concienzuda. ¡Nos leemos!

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