Traslado de un contagiado de ébola en España

Con la triste noticia del primer caso confirmado de contagio el virus ébola fuera de África ha saltado la alarma social. Es algo natural, dado que se trata de un virus muy peligroso, y ni los medios de comunicación ni la gente de la calle han tardado en dar a conocer sus perspectivas y sus puntos de vista al respecto.

Muchas son las cosas que se afirman acerca de este virus y de la enfermedad que produce, y no todas son ciertas. Hay muchos mitos, muchas verdades exageradas hasta rozar la falta de cordura, y también mucha despreocupación en otros aspectos, según con quién hables.

Y como yo siempre he defendido, ninguna opinión me parece siquiera aceptable si no está sustentada sobre las evidencias empíricas que la ciencia nos aporta. Es un tema muy delicado, demasiado delicado como para dejarnos llevar por el «he oído por ahí que…», o por las opiniones sesgadas, desinformativas o basadas en la ignorancia —no sabría decir cuál de las tres es la causa, o si están causando sinergia— emitidas, por ejemplo, por una señora que está licenciada en ciencias políticas y sociología, y que no tiene la más mínima idea de epidemiología a pesar de dirigir el ministerio correspondiente.

Lo importante, y más en casos tan delicados, son las evidencias empíricas que tenemos. No busco con este artículo crear un alarmismo, ni tampoco pretendo quitar hierro al asunto. Habrá quienes lo vean de un modo y quienes lo vean del otro. No. Lo que pretendo es aportar una información veraz y basada en la evidencia.

¿Qué es el ébola?

El ébola es un virus. Es decir, es un organismo en el límite entre lo vivo y lo no vivo, que depende directamente de las células de un huésped para reproducirse. Es un Filovirus, un género que se caracteriza por poseer su material genético en forma de ARN de cadena simple —y no ADN de cadena doble como nosotros—.

Infecta principalmente a Primates como nosotros, aunque para ser sinceros, nosotros no nos llevamos la peor parte; gorilas, chimpancés y bonobos sufren una enfermedad asociada de mayor gravedad y letalidad que nosotros los humanos. También se sabe que el virus puede ser transmitido a murciélagos de la familia Pteropodidae, que en realidad son los portadores naturales, los cuales actúan como vector a la hora de transmitirlo.

Virus del ébola
Virus del ébola visto al microscopio.

Dentro de la denominación del ébola nos encontramos con varias cepas distintas. Cada una de ellas tiene unas características que la diferencian del resto.

Cepa Ébola-Reston (RESTV): es una cepa surgida en macacos en 1989 en un laboratorio estadounidense, y fue muy virulenta en estos animales; aunque contagió a alguna persona, no resultó mortal. Sin embargo, esta cepa fue capaz también de infectar a cerdos.

-Cepa Ébola-Sudán (SUDV): es un virus cuya tasa de letalidad nunca ha superado el 65% de los infectados. Fue la segunda cepa clasificada, descubierta en 1976, y ha matado en total a poco más de 400 personas.

Cepa Ébola-Tai-Forest (TAFV): descubierta en chimpancés en 1991, en Costa de Marfil. Solo hay constancia de un caso de persona infectada, que sobrevivió tras meses de tratamiento.

Cepa Ebola-Bundibugyo (BDBV): es la cepa más recientemente descubierta tras una breve epidemia en Uganda que terminó con la vida de 35 personas en 2007.

Cepa Ebola-Zaire (EBOV): es la variedad del virus más virulenta, y también la que tiene una mayor tasa de letalidad. El primer brote ocurrió en 1976, y el paciente cero murió tan solo 14 días después de sufrir los primeros síntomas. La tasa media de letalidad de esta variedad de ébola es del 83%, y tiene picos epidémicos de hasta un 90%.

Es de este Ébola-Zaire, del que tanto se está hablando actualmente, pues es el causante de la que está siendo la mayor epidemia de ébola de la historia, a tal punto que el día 8 de agosto la Organización Mundial de la Salud declaró la «emergencia de salud pública de importancia internacional» .

¿Cómo se contrae el virus y qué pasa si lo contraigo?

Hay varias formas en que te puedes infectar con el EBOV. Por la mordedura de un murciélago infectado o comiendo carne de murciélago o simio infectado sin cocinar son formas teóricas, aunque en la sociedad en la que vivimos no son cosas que puedan ocurrir. Los insectos no han demostrado ser portadores, sin embargo sí que existe el riesgo de que las ratas y otros roedores puedan serlo.

También hay un tema peliagudo últimamente: ¿puede mi perro contraer ébola? Por lo que sabemos, el perro puede ser un portador asintomático. Es difícil que el virus entre en su organismo, pero no es imposible. No sufrirá ningún tipo de síntoma, sin embargo, a través de la saliva, las heces o la orina puede transmitir el virus a una persona sana e infectarla; obviamente el mayor riesgo en este aspecto radica en la saliva. No obstante, el tiempo en que el perro puede excretar partículas infecciosas del virus es muy corto, pues su organismo elimina el virus rápidamente.

La forma más sencilla de contagio es por el contacto de persona a persona. El virus no puede sobrevivir en el aire ni tampoco en el agua. Sin embargo cualquier fluido biológico es susceptible de presentar virus o formas de resistencia del mismo.

Entrada del virus ébola a una célula
Entrada del virus ébola a una célula

El acceso al organismo suele ser a través de las mucosas (fosas nasales, boca, ano, vagina…) y por roturas o abrasiones de la piel, así como, obviamente, por su inclusión directa en sangre. Los materiales en los que puede transmitirse, es decir, donde se ha detectado ARN viral o partículas virales infecciosas son: el semen y otras secreciones genitales, heces, orina, saliva, sudor y secreciones nasales, de modo que todos esos procesos pueden resultar peligrosos. También lo es el contacto con material contaminado con esos fluidos corporales —una sábana que retenga el sudor o una aguja hipodérmica que ha estado en contacto con la sangre son materiales de riesgo—. Su contagio por vía aerosol de larga duración es raro, aunque no se descarta, por lo que recomiendan máxima precaución. Una persona puede ser fuente de infección desde la aparición de los primeros síntomas febriles, y en casos de personas supervivientes, pueden seguir siendo contagioso hasta siete semanas después de la recuperación clínica.

El ébola causa una enfermedad denominada enfermedad del ébola, aunque clásicamente se ha denominado fiebre hemorrágica del ébola. Esta enfermedad incuba durante un plazo de entre 2 y 21 días y se manifiesta mediante fiebre alta, escalofríos, malestar general y dolores de cabeza. Después los síntomas se agravan, causando una afectación multisistémica —es decir, a buena parte de los sistemas del organismo—, e incluyen deshidratación, náuseas, vómitos, dolores abdominales, diarrea, sangrado subconjuntival, hipotensión, edemas, confusiones y, en ocasiones, coma. Además, durante el desarrollo de la enfermedad pueden ocurrir manifestaciones hemorrágicas como petequias, esquimosis, hemorragia en las mucosas. También, posteriormente, pueden sufrirse convulsiones, alteraciones metabólicas graves, y coagulopatía difusa. La exploración postmortem también muestra derrames hemorrágicos viscerales.

¿Hay alguna cura o alguna vacuna?

No existe vacuna contra la enfermedad del ébola. Hay varias vacunas experimentales, que de momento se están probando en roedores, y que parecen dar buenos resultados. La vacuna denominada VSVΔG/EBOVGP está basada en la de la estomatitis vesicular, y en ratones y cobayas ha demostrado proporcionar una protección completa hasta 9 meses después de la vacuna. No obstante esta vacuna experimental aún se encuentra en una fase preclínica que no se ha probado en ningún primate. Es necesaria más investigación.

Por otro lado, tampoco se conoce una cura eficaz y demostrada para el tratamiento de la enfermedad. Si bien también está habiendo mucha investigación al respecto, y prácticamente cada día que pasa se descubre algo nuevo. Uno de los sueros que más éxito está teniendo es el llamado Zmapp. La OMS aprobó en un acontecimiento sin precedentes su uso en tratamientos experimentales, aún cuando no ha superado las fases de experimentación previas necesarias. Es con ese suero con el que se intentó tratar a Miguel Pajares, el primero de los dos enfermos repatriados a España. El Zmapp está compuesto por anticuerpos que son sintetizados por plantas transgénicas diseñadas específicamente para ello. Aunque la cantidad de este suero es muy limitada, y su proceso de producción es caro. sus fabricantes han acordado cualquier colaboración con agencias gubernamentales para acelerar su producción.

Otro suero experimental que va a ser empleado es el procedente de un enfermo que ha superado la enfermedad. En concreto se va a emplear un suero obtenido de la sangre de una mujer, Paciencia Melgar, que trabajó en Liberia y ha padecido la enfermedad del ébola. Esta idea se basa en aprovechar los anticuerpos que el organismo de la superviviente ha sintetizado en su lucha contra el virus e inyectárselos al paciente. Este método se empleará en el caso de Teresa, la auxiliar de enfermería que ahora mismo se encuentra en el hospital Carlos III de Madrid.

De todos modos, y aunque no se conoce una cura que haya demostrado ser eficaz, sí que se sabe que con las adecuadas atenciones médicas las probabilidades de supervivencia son mayores, pues el paciente permanece en todo momento perfectamente hidratado.

¿Y cómo llegó a infectarse la auxiliar de enfermería si nos informaron de que el riesgo era cero?

En epidemiología la única forma que hay de que el riesgo sea cero es no arriesgarse, y a veces ni siquiera funciona. Traer a un enfermo —o a dos— a un lugar en el que no hay presencia de la enfermedad es arriesgado, aunque todos los protocolos se lleven al pie de la letra y aunque tengas los medios suficientes para lidiar con ello. En esos casos, los epidemiólogos suelen valorar la relación entre el riesgo que supone y el beneficio.

El cómo Teresa se ha infectado tiene una respuesta que es sencilla: porque ha mantenido contacto, directo o indirecto, con algún fluido corporal del paciente al que estaba tratando. No ha sido porque los protocolos funcionen mal; los protocolos funcionan perfectamente. Tampoco ha sido una negligencia de la auxiliar de enfermería: probablemente, muy probablemente, ella ha hecho todo lo que le han enseñado a hacer; cuando tratas con una enfermedad tan peligrosa los niveles de seguridad que tomas son máximos. Echar la culpa a la víctima es una tendencia tristemente habitual, pero no. Teresa no tiene ninguna culpa.

El motivo principal por el que Teresa ha contraído el virus es porque el virus estaba ahí. Y el virus estaba ahí porque hubo gente que decidió que era una buena idea traer a dos enfermos a un hospital que no tiene los medios necesarios para tratar un virus de categoría patogénica de biorriesgo A , que debe ser tratado exclusivamente en niveles de contención de bioseguridad 4, a ser tratado por un personal médico que no tiene la formación adecuada para lidiar con ese tipo de patógenos, con un material que es inadecuado.

En la primera versión de este artículo cometí dos errores; errar es humano: El nivel de bioseguridad requerido para manipular directamente el virus en laboratorio es, como hemos dicho el NCB4 (también BSL4 por sus siglas en inglés), el máximo. En España no existe un lugar donde existe un laboratorio que pueda admitir ese nivel de bioseguridad, aunque hay uno que está muy cerca: es el Centro de Investigación en Sanidad Animal, CISA, que tiene como máximo un NCB3+, que es cercano —aunque no equivalente como ellos dicen— al nivel 4.

Trajes de seguridad vírica NCB3+ y NCB4
Trajes de seguridad vírica NCB3+ y NCB4

Para condiciones de hospitalización la CDC recomienda una serie de medidas —guantes, gafas o cobertura completa de la cara, respirador, mono resistente a fluidos con capucha…— que equivalen a un NCB3. Pocos de los trajes esos que hemos visto en las noticias cumple con los requisitos, y los que lo hacen no están bien puestos.

Lo cual, y aquí caigo en lo personal, me lleva a mí a preguntar, como hice por las redes sociales hace dos meses, ¿por qué motivo? ¿Cuál fue el motivo que llevó a tomar la decisión de traer a dos personas enfermas y portadoras de un virus que es fácilmente contagiable y altamente letal a un país que no tiene los medios técnicos para lidiar con él?

Pueden alegarse motivos humanitarios, pero podría, con los medios de que disponemos en España, y con menos costes, haber llevado a Liberia instalaciones portátiles —un hospital de campaña, el material de seguridad biológica más alto de que dispongamos, los tratamientos experimentales…— y haber tratado in situ a los dos pacientes sin necesidad de traer a España el riesgo de contagio. Porque en cualquier acto, desde el punto de vista epidemiológico, y mal que le pese a nuestra amada ministra, no existe el riesgo cero, y la salud pública de todo un país está por encima del bienestar en los últimos días de vida de una sola persona.

El pasado no puede ser cambiado. La realidad es que, en contra de lo que cualquier epidemiólogo con dos dedos de frente pudiera recomendar y me consta que fueron muchos los que quisieron poner trabas, se trajo el virus a España en primera clase de un vuelo directo desde Liberia y ahora, por la nula capacidad de previsión de los que pertrecharon tal acto de irresponsabilidad para con la salud pública, una mujer que solo hacía su trabajo está en el filo entre la vida y la muerte, y no pocas personas se encuentran en vigilancia mientras se juegan la vida al intentar lidiar con una enfermedad vírica que causa la muerte a más del 80% de las personas que la padecen.

Las irresponsables acciones de las personas que han corrido riesgos innecesarios son calificables como atentados contra la salud pública, y desafortunadamente ha ocurrido lo que todos sabíamos que podía ocurrir. Que en epidemiología, la única forma de que haya un riesgo cero es no arriesgarte.

¿Y al perro de la paciente se le debe sacrificar? No. No hay motivos para hacerlo. Si el perro está infectado va a ser asintomático, y su organismo va a terminar eliminando el virus. En mi opinión, ese perro debería mantener una cuarentena para evitar cualquier riesgo de contagio hasta que elimine completamente el virus. Sin más. De hecho, sería desde el punto de vista científico muy interesante analizar cómo se comporta el virus en un huésped como el perro; podrían analizarse las excreciones de forma periódica y comprobar de forma directa los plazos en que comienza la infectividad y cuándo deja de ser infeccioso, de cara a ampliar los pocos conocimientos que tenemos al respecto; al fin y al cabo sabemos que el animal, tenga o no el virus, no va a sufrir la enfermedad.

Yo no puedo hacer más que desear a la enferma que se mejore, que agarre la enfermedad con todas sus fuerzas, y recordarle que un 83% no es un 100%. Que recuerde siempre que las probabilidades de éxito aumentan si se recibe la adecuada atención médica, que los jóvenes tienen más oportunidades de salir, y que el suero que recibe siempre puede ser de ayuda.

En resumen, mando desde aquí a Teresa todo mi ánimo y mis buenos deseos, y a los familiares y amigos y compañeros les deseo mucha suerte y mi deseo de que el caso de ébola de Teresa se quede solo en anecdótico; a los trabajadores y a las personas que se están jugando la vida a diario les deseo mucha fuerza y que tengan máxima precaución, ya que ellos no tienen ninguna culpa de nada.

Y a los responsables últimos de esta triste y peligrosa situación no les deseo nada, porque desear cosas feas a la gente está mal.

Yo sólo invito a reflexionar.

Ldo. Mg. Álvaro Bayón Medrano.

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