Patrick Rothfuss

Las editoriales suelen tener la mala costumbre de comparar unos autores con otros en las contraportadas o en las bandas publicitarias que en ocasiones acompañan un libro. La mayoría de lectores huye de una novela que compara a su autor con algún otro merecidamente famoso por sus escritos. Y yo no soy una excepción. Así hubiese ocurrido con «El nombre del viento» (Plaza&Janés), de no ser porque un día, la propia editorial me sorprendió enviándome un ejemplar.

Venía en un precioso envoltorio color tierra negra cerrado por una cuerda de esparto, y con unas hojas secas dentro. Me negué a buscar información sobre la novela para no contaminar mi parecer y comencé a leerla. Quería comprobar si de veras su autor, Patrick Rothfuss, merecía las comparaciones con J.R.R. Tolkien, Ursula K. Le Guin y George R.R. Martin, que el diario The Times se atrevió a establecer y cuya referencia venía junto con el libro.

Sí, habéis leído bien. Tolkien, Le Guin y Martin, nada menos. Normalmente hubiese huído ante esto, pero decidí asumir el reto. Las primeras páginas no se distinguieron especialmente por ningún rasgo transcendente, pero ya se sabe que las cosas comienzan de una forma y terminan de otra. ¿Cuántas maravillosas obras nos habremos perdido por desecharlas a causa de sus inicios?

Como decía, las primeras páginas, aún bien urdidas, seguían por debajo de las expectativas (falsas o certeras) creadas por The Times, aunque desde luego quedaba claro que el libro iba a merecer la pena hasta cierto punto. Mi reacción era tibia, pero comprensible: faltaba Kvothe. Todos sabemos que hay personajes que sostienen una trama por si solos, tan bien dibujados, con tantas dotes comunicativas, tan carismáticos, que lograrían mantener cualquier novela.

Portada de El nombre del viento, de Patrick RothfussPero «El nombre del viento» es mucho más que un personaje carismático. Una vez terminada la novela, se comprende fácilmente la reseña de The Times. Rothfuss tiene detalles de Tolkien, de Le Guin y de Martin, pero en ningún momento median plagios. También mantiene cierto paralelismo con la famosa saga de J. K. Rowling, Harry Potter, pero en muy pocas cosas y en ninguna transcendente. Pero «El nombre del viento» es algo muy distinto a las historias de todos estos autores.

Fantasía. Sólo la palabra ya sugiere criaturas mitológicas o extraordinarias, personajes con poderes sorprendentes, en ocasiones luchas, argumentos imaginativos… En más de un sentido, «El nombre del viento» es una novela clasificable en el epígrafe fantástico. Pero al mismo tiempo se trata de algo muy distinto, muy realista y cercano, tanto que es sencillo identificarse con más de un personaje y olvidar la magia o cualquier accesorio fantástico, por innecesario.

Suele decirse que la principal virtud de una novela es que «llegue» al lector, que provoque la tan buscada «suspensión de realidad». Rothfuss no sólo suspende la realidad, sino que la dibuja a su antojo y la convierte en la única posible. Tanto el mundo en que se desarrolla la historia como los personajes que la pueblan rebosan credibilidad.

El objetivo, narrar una historia de iniciación y aventura en un mundo hostil, no es nuevo, y de tan manido en muchas ocasiones parece ridículo o directamente poco creíble. Patrick Rothfuss consigue reinventar este tipo de historias, darle un sesgo tan real a la suya, dotarla de tanta complicidad y huír de arquetipos, que da la impresión de asistir a la auténtica historia de la vida de un héroe que jamás creyó serlo.

No encontraréis nada sobre el argumento de la novela en esta reseña, no osaría desvelar nada. Como digo en ocasiones, hacerlo en determinados casos diluye la impresión del lector, y en esta ocasión sería un crimen. Estamos ante la novela más adictiva que he leído en mucho tiempo, con un tono equilibrado durante toda su extensión, con una impresión de maravilla constante, y sin embargo, con una cercanía que raya la realidad. Es sencillo creer que acompañas a Kvothe mientras narra sus memorias, que sentado a su mesa degustas una cerveza mientras asistes a la historia de su vida. Y sin embargo, te sientes parte de ella, no un simple oyente.

Rothfuss es un autor novel, esta es su primera novela. Nadie lo diría tras terminarla, parece una broma. Es el tipo de obra que uno podría esperarse de un autor consagrado, que a fuerza de escribir y publicar haya llegado a un nivel de maestría tal que, con soltura, logre plasmar en el papel la historia que ronda por su cabeza. Pero no, es su primera obra publicada… y ya escribe la segunda parte.

Hablábamos antes del carácter fantástico de «El nombre del viento». La magia es parte esencial del argumento de la novela, pero tampoco es usada de forma abusiva o se convierte en el típico deus ex machina. La lógica real preside todo lo escrito por Rothfuss, su argumento sigue una linealidad de causa y efecto palpable, si encontró caminos sin aparente salida mientras escribía logró sortearlos con suma habilidad. Sabía a donde se dirigía o tuvo una increíble intuición tras otra mientras urdía la historia. Da lo mismo, es magníficamente real, como decíamos. La magia que se usa en «El nombre del viento» no produce rayos espectaculares o resulta apabullante, sino que se basa en vínculos y objetos. No es fácil de manejar, pero tampoco está al alcance sólo de unos pocos. Se enseña, pero también se nace con el don de usarla. Y es todo lo que lograréis arrancarme en esta reseña del argumento.

Muchos de los que han leído «El nombre del viento» han sucumbido a ella, da lo mismo cuanta experiencia tuviesen con el género, o cuales fuesen sus gustos. Si buscas una novela transcendente, la encontrarás, si buscas una simple aventura, la encontrarás. Si buscas amor, lo hallarás en pequeñas y justas dosis, si buscas magia sucederá lo mismo. Si buscas una historia creíble, que llega al cerebro y lo seduce y llega al corazón y lo atrapa, esta es tu novela. Yo ya espero la segunda parte de la trilogía, espero que Patrick y luego Plaza&Janés se den prisa…

Me atrevería a decir que la novela seduce de esta forma porque realmente Kvothe es como muchos de nosotros. Anhelamos saber, recorrer el mundo real en muchos sentidos, encontrar aquello que buscamos, perder de vez en cuando para volver a hallar, a veces sufrir y en ocasiones disfrutar, en definitiva: vivir. Él está en otro mundo y busca el nombre del viento, pero eso no cambia nuestros anhelos ni nuestra identificación con su forma de ser.

Afortunadamente para nosotros, lectores, Tolkien, Le Guin y Martin tienen una dura competencia. Quizá Rothfuss pueda semejarse más con el último de estos autores que con los otros dos, por su forma de narrar, pero creedme, tiene lo mejor de los tres, al menos de momento… y servidor es admirador rendido de todos ellos. Espero con toda el alma que mantenga este nivel en los otros dos libros… disfrutad de «El nombre del viento», no os arrepentiréis.

«He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y escrito canciones que hacen llorar a los bardos.

«Me llamo Kvothe. Quizás hayas oído hablar de mí.»

Alejandro Serrano
Cofundador de Fantasymundo, director de las secciones de Libros y Ciencia. Lector incansable de ficción y ensayo, escribo con afán divulgador sobre temáticas relacionadas con el entretenimiento y la cultura cercanas a mis intereses.

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