El invierno más largo, de Cecilia Ekbäck: lo que el monte se lleva y no devuelveHay regalos envenenados, tratos injustos y oportunidades que son mejor dejar escapar. Pero eso, aún no lo saben Maija, su marido Paavo y las hijas de ambos: Frederika y Dorotea, todos ellos, afincados en Finlandia,  cuando el tío Teppo parece proponerles el negocio del siglo, o para ser exactos, de principios del siglo XVIII: un intercambio de hogar, de granjas.  Una oportunidad de cambiar de aires, de vida, precipitada por la repentina fobia, pánico y angustia de Paavo, de tradición familiar pescadora, hacia el mar abierto: ya no le es posible ni subirse a una inofensiva barca pesquera.  Así es como la familia decide levar anclas, y dejar atrás las aguas finlandesas para recalar en los bosques suecos, donde les aguarda una sorpresa que cambiará la vida -de forma muy diferente-, de cada uno de ellos. “La vida es elección" dicen, ellos eligieron mal.

Dicen los sabios, que basta un insecto para derribar un país… “El invierno más largo”, de Cecilia Ekbäck (Roca editorial, colección thriller y suspense) cuenta la historia de cómo un crimen, alteró completamente la vida de todo un pueblo, hasta casi dejarlo sepultado bajo las píceas, palabra que por cierto, la autora repite hasta en una veintena de veces en el primer tercio del libro, y que no se si achacar a los nervios del debut o a una pasión desmedida de la autora hacia los árboles de corte piramidal.

El invierno más largo, de Cecilia Ekbäck: lo que el monte se lleva y no devuelve Es oscura, es intrigante, es sobrenatural y fría, muy fría. Es un prometedor debut, donde prima, por encima de todo, su opresiva ambientación.El invierno más largo, de Cecilia Ekbäck: lo que el monte se lleva y no devuelve

Dicen que el invierno más largo es aquel que, pese al paso de las estaciones, no termina. Ese tipo de invierno, real o metafórico, que, aunque ya pasó, dejó poso en nuestro interior, y sobre el que ni siquiera un calor de verano, consigue erradicar esa especie de frío desasosiego. En el caso de hoy,  el invierno más largo o “invierno lobo” como dicen los nórdicos,  puede tener dos significados: en su expresión sueca o vargavinter, es un invierno tan largo como frío, extremadamente crudo y de gran hambruna para la población; pero es en su significado tradicional lapón, donde más se asemeja el significado de “invierno lobo”, a lo que vamos a encontrarnos en esta novela: esa clase de invierno que nos recuerda que somos mortales y que estamos solos en este mundo.

Como solo está el cadáver que se encuentran las hijas de Maija una mañana de invierno mientras pasean a las cabras.  Nacemos solos y morimos solos, y en la montaña hay un cadáver de  un hombre, con una extraña herida «hecha por lobos», asegura sin lugar a dudas uno de los pocos vecinos que habitan las montañas de Blackåsen, donde la vida es de todo menos fácil.  Pero Maija, que sabe reconocer las marcas del cuerpo humano, no está de acuerdo: las heridas son demasiado precisas, la muerte es demasiado violenta, el ambiente que rodea al cadáver, destila demasiado odio y resentimiento.  Sin duda no es cosa de lobos, es más bien obra de un lobo con piel de cordero… y el círculo de sospechosos es pequeño y está acotado: pocos son los vecinos que habitan en los alrededores, apenas cinco familias, no muy bien avenidas y un sacerdote para poner paz y repartir el cuerpo de cristo a los pocos colonos distribuidos por el agreste monte.  El misterio está servido, el invierno es largo, Maija quiere poner rostro al culpable y lanza una sutil pero implacable advertencia a sus vecinos:«mientras no estéis del todo seguros de lo que ocurrió, dudaréis. Siempre tendréis miedo».

El invierno más largo, de Cecilia Ekbäck: lo que el monte se lleva y no devuelve

Pero no se entiende esta novela sin su contexto histórico, aquel que la autora, de una forma totalmente premeditada, ha querido establecer como escenario para entender un poco mejor el comportamiento de los personajes: la acción se sitúa en 1717 año en el que por una parte, aún seguía viva la superstición en torno a las brujas, y no era raro ver a la iglesia mediando en un proceso de supuesto culto al diablo y por otra, que Suecia, goberanda por Carlos XII, se hallaba inmersa en una gran transformación,al  encontrarse batallando contra Dinamarca, Polonia, Sajonia, Hannover, Prusia y Rusia en lo que, históricamente, se dio a conocer como la “Gran Guerra del Norte”, causando cerca de medio millón de muertos en una población, la sueca, que en el 1700 rondaba el millón y medio, lo que trajo consigo un gran impacto negativo en el cultivo, una merma más que considerable en la población masculina, altos impuestos para sufragar la guerra y la anulación de títulos nobiliarios, a la par que se cedían tierras a los Lapones para intentar incrementar la agricultura. 

Es decir, el mundo de los personajes se encuentra en contínuo cambio, y no es extraño indentificar, a aquellos que se esconden para eludir la llamada a filas, a otros que han perdido algún familiar o están lisiados, o a esos otros, que una vez fueron parte importante de la nobleza y ahora cultivan patatas; además de los lapones, que intercambian carne por alojar, bajo techo y durante el invierno, a parte de su ganado.  Como tampoco nos será ajeno, ciertos comportamientos anómalos de algún que otro vecino y que será tachado de prácticas en contra de la fe cristiana, en una palabra: de brujería. Todo este ambiente belicoso, supersticioso y la repentina aparición del cadáver, propiciará que los personajes, se vean forzados a enfrentarse a sus temores más profundos y todo ello, bajo la atenta y perspicaz mirada de Maija.

El invierno más largo, de Cecilia Ekbäck: lo que el monte se lleva y no devuelve

El invierno más largo”, es un thriller poco convencional, donde no todos los personajes son de carne y hueso.  De hecho, quizás los más influyentes o primordiales no lo son: así tenemos a la propia montaña, el frío, la nieve, o los lobos, o más bien, el temor ancestral arraigado al lobo.  Y digo que es atípico, porque en él están integrados a la perfección una serie de elementos fantásticos que, en mi opinión, son de lo mejor de la novela y que obviamente, no mencionaré ni de pasada.   Es más que probable, que sin este "toque fantástico", la novela no pasaría de ser un thriller más con uno o varios cadáveres, una serie de sospechosos, giros más o menos inesperados y en un previsible -que en este caso NO lo es- desenlace, y del que solo sería destacable mencionar, que para tratarse de un debut, no está nada mal.

Pero no es el caso, quizás es todo lo contrario y además cuesta creer que se trate de una primera novela.  Cecilia Ekbäck demuestra tener un gran talento, por encima de que repita más veces de lo debido una palabra ("píceas") o deje sin cerrar una escena en el campanario de la iglesia, que por más veces que he leído, no le encuentro ni explicación ni sentido tal y como decide cerrarla la autora.

El invierno más largo”, me inquietó desde su portada: una mujer de negro, un cuervo posado, un paisaje árido de árboles muertos, y un color gris que lo cubre todo. Si las portadas cobrasen vida, no me extrañaría escuchar una fuerte ventisca, el graznido de ese cuervo, y la falda de Maija moviéndose con vida propia, pero habrá que conformarse con ese gris que no solo impera en la portada: «La gente lo ignoraba, pero el gris podía ser el color más violento de todos. Todo prosperaba calladamente bajo el gris».

El invierno más largo, de Cecilia Ekbäck: lo que el monte se lleva y no devuelve

Como prospera muy acertadamente la opera prima de esta autora que emergió del frío lapón. Tanto la ambientación, el contexto histórico y su influencia en la trama y desenlace, como los personajes están muy bien construidos, sobre todo en el caso del párroco, Olaus Arosander o de Maija, cuyos aspectos básicos, están extraídos de las vivencias de los abuelos de la autora, descendientes de Laponia.  La trama de investigación alrededor del cadáver está muy bien hilvanada, fusionándose perfectamente con los aspectos supersticiones que pululan a su alrededor, y sobre todo con la vertiente digamos… más fantástica.  Los secretos, que son muchos y alguno de ellos muy inconfesables, aquellas partes más oscuras y según qué casos, aberrantes, de cada uno de los colonos, no se irán desvelando hasta el momento justo, consiguiendo que el lector haga cábalas respecto a los sospechosos, continuamente   A esto hay que añadir que las tramas secundarias, alguna de ellas muy escabrosas, que se generan al ir “deshojando la margarita”, no hacen sino incrementar la avidez lectora. Y luego están los sigilosos y feroces lobos, los lapones con sus ancestrales tradiciones, y en la cúspide, la montaña, esa montaña que «[…] está acabando con nosotros, uno a uno. Nos hiere a todos de un modo u otro. Y una vez debilitados, se nos lleva».

«Miraba a Frederika con ojos nublados. Yacía torcido. Destrozado. Tenía el estómago abierto y las vísceras fuera, sobre la hierba: unas vísceras fibrosas, de un rojo violento. Las moscas pululaban por su reluciente superficie. Una se coló volando por el negro agujero de la boca…»

Grge_dixit: fabuloso thriller histórico de tintes fantásticos. De paisajes fríos, duros, de los que raspan la piel y la curten, e ideal para este verano de arena fina, playas cristalinas y cremas protectoras. 

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