Pocos nombres de la literatura portuguesa brillan con más fuerza en la cultura universal que el de José Maria Eça de Queirós (Portugal, 1845-1900). En los pocos años que vivió, su obra y sus ideas ejercieron una influencia fundamental en su tiempo, y todavía bastante después, hasta llegar con plena vitalidad y vigencia hasta nuestros días. Incluso alguna de sus novelas, como pueden ser El crimen del padre Amaro (1875), El primo Basilio (1878) o Los Maia (1888), fueron un molde ideológico y/o narrativo para otras obras artísticas y autores posteriores. Una fuerza y potencia solo a la altura de los más grandes.

De todo esto es perfecto ejemplo El crimen del padre Amaro (Penguin Clásicos, 2018; originalmente publicada en 1875). Una novela de tal relieve e influencia que todavía remueve conciencias y causa escándalo allá adónde va. Hasta el punto de que adaptaciones cinematográficas recientes -como la mexicana de 2002- levantaron ampollas: provocando manifestaciones, exacerbando a los grupos religiosos más intolerantes, y estuvieron a punto de provocar que fuese prohibida su exhibición por el mismo gobierno que había ayudado a financiar su producción pocos meses antes. Entonces, ¿qué tiene esta novela para causar tal enaltecimiento de las pasiones?, ¿cómo puede una novela del s. XIX todavía causar tanto revuelo, en pleno s. XXI?

Eça de Queirós concibió esta novela como una exploración de la naturaleza humana capaz de, por un lado, mostrar la realidad y las consecuencias de nuestro lado pasional frente al frío retrato racionalista de la época. Y por otro lado, así haciendo, sometía a examen la verdad y la validez del discurso de las instituciones moralizantes -fuertemente ancladas a este frío racionalismo- frente unas pasiones que mostraban a sus feligreses y vicarios mucho más humanos de lo que la convención social permitía mantener por entonces. En concreto, sometía al rol del cura (el padre Amaro) al espejo de tener que verse no ya como lo que en teoría debería ser (según las normas de la Iglesia), sino como lo que en verdad era según las bases reales de su naturaleza humana pasional y sensorial.

Esta novela está considerada como el primer ejemplo de Literatura Realista dentro de la literatura portuguesa. Pero no es solo eso. Es, además, una de las mejores y más interesantes exploraciones psicosociales de la naturaleza humana que la Literatura Realista nos ha ofrecido en cualquier latitud y tiempo. La capacidad de Eça de Queirós para describir las pasiones, para observar la naturaleza física y psicológica de lo emocional, para mostrarnos a unos personajes totalmente arrastrados y enajenados por su lado más oscuro, hasta el punto de hacer añicos ante nuestros ojos las etiquetas de su rol social, desnudándonoslos emocionalmente, es sobrecogedoramente maravilloso. De alguna forma, la novela desacraliza la perfección moral y, suprimido lo idealizado y lo perfeccionado, desnudo El-Rei, solo queda la realidad y la verdad de su cuerpo desnudo, físico y sintiente, emocional y pasional.

Amado Vieira es el joven sacerdote que, gracias a algún favor del gobierno eclesial, llega a Leiria para substituir al difunto párroco José Miguéis. Ambos provenientes de parroquias rurales, no pueden ser más distintos. Mientras Miguéis poseía rudos modales y relajadas costumbres, y parecía un Hércules por su tamaño y aspecto, Vieira llega con la vitola del poder eclesial y se corresponde más a un Apolo. En cierto sentido, mientras Miguéis posee una clara humanidad, Vieira llega a Leiria idealizado en su aspecto tanto físico como moral. Pero ya se sabe que, cuanta más es la altura, más dolorosa es la caída…

De hecho, una vez instalado allí recibe influencias de otros párrocos, quienes ya habían cedido a sus instintos pasionales, algunos teniendo amantes, otros incluso viviendo con ellas, en un ambiente moralmente relajado. Y Vieira comienza aquí su camino de desmontaje moral, cuando conoce a la bella Amélia y surge el amor. Un amor que pronto irá degenerando, pasando por otras fases, trayendo otros problemas y granjeando otros retos. Paso a paso, vemos cómo Amado Vieira irá cediendo más y más a sus pasiones, degenerando más la moralidad de su rol, mientras que la aquiescencia del clero le permite mantener la presunta respetabilidad de su posición.

Un camino de conocimiento exploratorio psicosocial que destila notas de denuncia tanto a la sociedad portuguesa en su conjunto, cómplice necesaria en la vigencia de esta hipocresía, como a la clase religiosa católica, autoritariamente corporativa e insensible a las exigencias morales de su credo.

La maravilla de esta novela está en el manejo del ritmo, en como ese desmontaje del padre Amado Vieira va sucediendo poco a poco, y como cada paso se aprovecha para explorar distintas dimensiones pasionales y morales del ser humano. La persona lectora participa activamente desentrañando las claves de cada paso, observando el sentido de las acciones y las decisiones tomadas por el padre Amaro, viendo cómo esas emociones igualan a un personaje -presunto representante de un ideal moral sacralizado por el orden divino- con cualquier otro humano; ¿se reduce así a Dios, o se anula su palabra, o se critica a la religión? No lo parece. Aunque, sin duda, la novela deja el debate abierto. Y la sociedad ha respondido al reto con polémica e intenso debate.

Además, durante mucho tiempo, la crítica furibunda a una sociedad portuguesa provinciana e hipócrita, donde el Padre Amaro encuentra un espacio cómodo para seguir viviendo a pesar de su amoralidad, escoció mucho y amargamente en el país vecino. Así de potente es el relato de Eça de Queirós, que permite tanto una lectura individual (como la que hemos hecho aquí), como una lectura colectiva. Una de las mejores novelas realistas, y sin duda una de las grandes novelas de la literatura portuguesa. De tema contemporáneo e imperecedero. Merece la pena ser reeditada y releída mil veces.

No la dejéis escapar.

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