Pues da la sensación de que esta semana la cosa va de diversidad.
Diversidad ecológica. Dígase de la variabilidad de material genético, de organismos y ecosistemas. Por decir algo. Dígase mientras se pueda, claro.

Vamos a comenzar por la capital. Madrid prevé eliminar a todas las cotorras argentinas. En otoño van a llevar un genocidio aviar para justificar el absurdo complejo de interioristas de la naturaleza que algunos tienen. ¿Esta ave es nociva? Sí. Ocupa espacios ecológicos correspondientes a otras especies. Claro. Pero ¿por qué lo hace? Porque puede.

¿Por qué el ser humano ha colonizado montañas, llanuras, pantanos, desiertos, islas… ambientes que le son ajenos, y ha exterminado o desplazado a otras especies? Porque podemos. Este simple razonamiento puede hacerlo cualquiera, y queda lejos de mi intención profundizar en él.

Sin embargo, deseo aproximarlo de otro modo. Dicen que la cotorra acaba con los gorriones. ¿Acaso no hacemos nosotros lo mismo? Quién es el gañán que cree que por matar a varios miles de animales exitosamente adaptados a un nuevo medio vamos a hacer que vuelvan los gorriones. Los políticos, diréis. Y no solo, amigos, mucho biólogo de seso estrecho también.

La cotorra, vaya con el diabólico ser, también compite con las palomas. Sí, esas mismas a las que la gente llama ratas del aire, que provocan que los ayuntamientos contraten cetreros, o que Barcelona decidiera poner en marcha planes de control de estas aves que incluían envenenarlas — a ellas y cualquier otra pobre ave que picara del cebo, claro.

Paloma y cotorra argentina. Ea, decidid cuál es más malignosa. Foto: Ferran Nadeu.

El bicho de las narices y sus nidos descomunales. Un día matarán a alguien. Un segundo, esto no ha ocurrido. Nosotros y nuestros permanentes miedos a todo lo que no sea un plato de comida. Pero aún en el caso de que ocurriera: ¿y qué? ¿Vale la vida de un solo individuo más que la de varios miles?

No, hablo completamente en serio. ¿Es más importante el gorrión, el murciélago al que también nos cargamos y desplazamos, o cualquier otra especie que entre en competencia directa? ¿Por qué? ¿Por vuestros sentimientos? ¿Es por un concepto incompleto y sentimentaloide de ecosistema? Porque la naturaleza no entiende de sentimientos. Aconsejo buscar un mejor argumento. Uno científico.

Esta semana un grupo de científicos ha publicado un estudio en el que avisan de los efectos devastadores del cambio climático y de las consecuencias de la desaparición de diversidad. Al mismo tiempo, hace unas semanas, el lector medio se escandalizada al enterarse del enorme porcentaje de especies de aves que han desaparecido en unos años.

Así que planteo la siguiente cuestión, cuando por fin nos hayamos cargados a todas las especies nativas —y en el caso de la península ibérica lo de nativo se debería de coger con pinzas y mirar al trasluz—, ¿qué va a quedar para ocupar sus nichos? ¿Van ustedes a poner a sus niños a comer granos y a dispersar sus semillas, les enseñaran a alimentarse de insectos? Porque como no sea de ese modo, en serio que no entiendo cuál es el plan de los seres ilustres que deciden eliminar de forma drástica especies que se adaptan con éxito a ambientes cada vez más hostiles para otros organismos que ya no encuentran un hogar acogedor en ellos.

La cotorra es una especie invasora. Curioso término. ¿Los seres humanos pueden moverse sin fronteras pero el resto de organismos ven limitados sus desplazamientos? Aún incluso cuando somos los responsables de que cambien de ecosistema. Vaya. Qué criaturas tan consecuentes.

Hay asunto para largo, no se desesperen tan pronto. Esta semana Farli escuchó burradas similares en relación con el pez león, vio declaraciones del mismo tipo de una organización que se ha propuesto limpiar los océanos —qué osadía tan poco humilde— al valorar sus efectos sobre la fauna pelágica, y también le dio por acercarse a la Manga del Mar Menor para ver lo que los efectos de la DANA han desencadenado en su particular ecosistema.

Pero antes, aclaremos un término: especie invasora. Qué es lo que esto es.

La RAE ni se molesta en darle definición. Wikipedia, casi mejor que no. Vamos a ver lo que dice WWF, que se dedica a copiar a la ONU con suma soltura:

“Las especies exóticas invasoras son especies foráneas introducidas de forma artificial, accidental o intencionadamente, y que, después de cierto tiempo, consiguen adaptarse al medio y colonizarlo.
Las especies nativas, al no haber evolucionado en contacto con estas nuevas especies, no pueden competir con ellas, por lo que son desplazadas o, en el peor de los casos, mueren y se extingue.
Según la ONU, son la segunda causa de pérdida de biodiversidad en el mundo y, en Europa, una de cada tres especies están en peligro crítico de extinción por esta creciente amenaza.
Además de los graves impactos ecológicos, este problema supone un coste anual para la Unión Europea de 12.500 millones de euros al año y, por supuesto, impactos en la salud ciudadana”.

Esto no es fácil de leer sin echarse a reír. Imagino un hippie super comprometido copiando malamente lo que encuentra por internet, y escribiéndolo en la web de WWF España sin criterio.

A ver, criaturica, unos apuntes para la próxima:

  1. Pues no va a resultar que los cítricos, las patatas, los tomates, y unos cuantos puñados de organismos autóctonos son invasores. Las definiciones están bien, dan seguridad a las personas con mentes cuadradas que no saben percibir la vida como la máquina dinámica que es. Pero pueden conducirnos a ser auténticos asnos, de los de aquí de la madre patria, claro. Cuidado.
  2. Las supuestas especies invasoras tampoco han evolucionado en contacto con la fauna de la península, en este caso, este argumento ya no es que peque de evolucionista, es simplemente tonto, sin más extensión.
  3. Según la ONU… bien, y ¿cuál es la primera causa? ¿Por qué no la mencionamos? Me parece que deberíamos empezar a pegarnos tiros entre nosotros. Aparte de esto, leamos con sentido crítico. La segunda causa, sí… pero con cuánta diferencia con respecto a la primera. Los embarazos por obra del espíritu santo también son el segundo método de reproducción sexual en el mundo, pero no creo que las estadísticas impresionaran a nadie… ¡Es que los pájaros nos invaden hasta los úteros!
  4. Impactos para la salud ciudadana…

El trasunto de las especies invasoras es un tema global. Y es que las especies no deben ser consideradas invasoras. Son seres vivos que prosperan allá donde puedan hacerlo. De ahí la pretérita distribución de formas de vida por el mundo. Sin embargo, en todas partes nos damos de cabezazos por señalar a aquellos organismos que se salen del cuadro de ecosistema que tenemos pintado en la mente. En Florida tienen un serio problema con el pez león (Pterois antenata), una especie del Océano Índico y Pacífico pero extendida por el Atlántico, donde debido a sus defensas naturales no encuentra depredadores, y gracias a su particular voracidad y comportamiento agresivo, está minando las especies nativas. Esto ha provocado que en el Caribe se desaten oleadas de iniciativas para erradicar a esta especia, autorizando su eliminación por todos los métodos posibles.

Conservacionista en potencia con un capazo de peces muertos. Pero qué bien cuidamos del planeta.

Los compañeros de Farli acuden jubilosos a festivales en los que los platos ofrecidos se componen de la carne de este animal. Cabe hacerse una pregunta, y no es la del medio de llegada del pez, pues es debido a la acuariofilia, sino a la siguiente: cuando los arrecifes del Caribe terminen de morir, cuando las complejas comunidades asociadas a ellos desaparezcan, ¿qué introduciremos en el Atlántico para sustituirlas? Tal vez ya tengamos a uno de sus futuros componentes en el agua y debamos limitarlo en lugar de exterminarlo.

Y hablando de ecosistemas devastados y organismos aniquilados. El Mar Menor. ¿Qué ha sido? ¿Qué ha ocurrido?

Los restos del Mar Menor. Mirad el lado positivo. Cada vez se parece más a una piscina pública. Foto: EFE.

¡Vamos a buscar responsables políticos!, dicen los ciudadanos de a pie, y los voluntariosos políticos en campaña electoral. Los crucificaremos y nos comeremos a sus vástagos.
Pero antes de esto. La llegada de toneladas de materia orgánica a una laguna previamente degradada, seguida de su descomposición a gran profundidad, causa la desaparición del oxígeno disuelto. Obligando a las especies del fondo a ascender a las capas con mayores concentraciones —las nacras no, RIP Pinna nobilis—. Al menos hasta que en estas también desaparezca el oxígeno. No hay que quemar a los agricultores, ni a los políticos… al menos esta vez no, no por esto. Esto nos lo hemos buscado todos. Y la joya del Mediterráneo que era el Mar Menor, ha terminado de morir a manos nuestras. Todos tenemos las manos manchadas.

Otro inciso debería hacer respecto a los comentarios escuchados en los vídeos en los que se aprecian a los peces agonizando a orillas de la laguna. Por favor, escuchadlos. Necesito que apreciéis el bajo nivel cultural científico presente en la población. Esto es en sí mismo casi tan grave como los efectos de la DANA.

Por último, deseo señalar los efectos del proyecto de The Ocean Cleanup. Seré breve porque tengo sueño y me cansa dar la turra.

Es simple: niño listo diseña proyecto para limpiar océano de plásticos – el mundo se emociona – se crea un proyecto para eliminar las islas de plásticos flotantes tan bellas que hemos fletado – esto se lleva a cabo con gran ilusión y eficacia en modo beta, hasta que una bióloga marina aprecia en las fotos proporcionadas por la ONG pequeños cadáveres. Elementos integrales de ese grupo de seres vivos que se encuentran en el área que separa atmósfera y agua en los océanos. Se los cargan. Se los llevan para delante. Y los genios del proyecto, emocionados por el protagonismo, y el dinero, que obtendrían con sus buenas intenciones, no habían modelado algo tan simple. Porque ni siquiera personas capaces de diseñar un sistema que limpie los océanos hace el esfuerzo de estudiar y desterrar la ignorancia.

Si vas a limpiar el océano, por favor, antes debes tomarte la molestia de conocerlo. Pero no ha sido así. Y ellos se obstinan en continuar con su proyecto. Lo que nos acarreará la eliminación del conjunto de organismos del neuston. Y entonces, ay amigos, entonces Farli os dice que lo del Mar Menor os parecerá una risa.

Algunas de las víctimas “invisibles” de The Ocean Cleanup.

Todo el mundo quiere hacer algo frente al cambio climático, proteger a las especies de su desaparición (eso sí, solo a las más monas o las más lamentables). Todos se creen esenciales. Todos creen tener razón y la solución. De nuevo, el hombre actúa en el medio natural con concepto mesiánico, sin pensar que es esta pretendida deidad la que nos ha traído aquí.

Fuimos nosotros, en nuestra concepción de curadores del museo natural, quienes desplazamos especies de acá para allá, los que les hicimos habitables nuevos ecosistemas. Y ahora nos sorprendemos. Manos a la cabeza. Desmayos en la sala. Ahora queremos acabar con ellas, poniéndonos de nuevo la barba divina y blandiendo nuestro patético haz de rayos led.

Lo más triste de esta situación, es que pasaremos por estos infiernos, a los que Dante temería, sin aprender nada nuevo. Y las tragedias seguirán sucediéndose, como las estaciones del año, como nacimiento y muerte. Y a palabras duras, oídos sordos.

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