El Planeta se va al carajo. ¿Esto lo sabías?

Bueno, en tal caso, va a ser necesaria una pequeña reflexión. Una ayuda para modificar cómo sabemos lo que creemos conocer, no tanto su contenido. El Planeta no se va a ninguna parte. Por lo menos no lo hará antes que nosotros. Lo que sí nos estamos cargando es su actual distribución. Esto en términos de diversidad, de abundancia y de disposición topográfica.
Vivimos rodeados de pasividad e ignorancia. La pasividad se debe a todos y cada uno de nosotros. Que nadie se confunda. Hasta el más ecologista es responsable de esta historia. Y la ignorancia… bueno, esta es complicada de combatir. La prensa colabora a ello. Les pueden los titulares sensacionalistas, esos de “click” fácil. De este modo, claro, es inevitable crear una muchedumbre desinformada y con poca idea de lo que ocurre.

¿Calentamiento climático? ¿Extinción de especies? ¿Fenómenos meteorológicos catastróficos? ¿Especies invasoras? ¿Veganismo? ¿Organismos modificados genéticamente? ¿Deshielo?
Y así podría seguir con una lista mucho más larga que este artículo. Los interrogantes son necesarios, porque acostumbramos a meter todo esto en dos sacos, el de “bueno” y “malo”. El problema de esta práctica, dejando de lado su parcialidad, es que nos mantiene con los ojos vendados e inactivos.

Perros de trineo caminan sobre un glaciar que se deshiela en Groenlandia. Foto: Steffen M. Olsen/Danish Meteorological Institute (DMI)

Desde una universidad en Estados Unidos, la principal institución de estudio de los océanos a nivel mundial, un investigador y estudiante se cansa de asistir pasivo a tanta inactividad. Es el día en que el comité de asesores científicos de la ONU publica su reporte, de más de mil páginas. En ese informe se anuncia un futuro funesto. Los peligros no son pocos. Hambrunas, sequía, inundaciones, incendios… Qué fácil sería ser católico para creer en un apocalípsis y desentenderse de todo.

Los compañeros y profesores de este estudiante apenas muestran preocupación por los efectos del cambio climático. Asumen, con los ojos cerrados, que la ciencia encontrará una solución. Y continúan, como todos, con un estilo de vida irresponsable y costoso para el planeta y las generaciones venideras. Pero el caso de estos otros científicos es más grave. No en vano, representan a las futuras cabezas pensantes al frente de las medidas contra los efectos de la acción antrópica. El acceso a la institución de la que forman parte no es fácil, solo un 8% de aceptación y miles de aplicaciones cada año.

Sin embargo, ese día, nadie habla de la cumbre del cambio climático. Se discuten temas baladíes en comparación y se organiza un día de desplazamiento a la universidad en bicicleta. No importa que viva a 14 kilómetros del campus, localizado en un cayo del sur de Florida. Si no va en bicicleta, sus compañeros le mirarán mal. Luego planearan dónde ir a cazar o pescar el fin de semana. Es tan caricaturesco como preciso.

Es esta inactividad y la hipocresía intrínseca de nuestra especie las que llevan a este estudiante a removerse y a desear informar al público sobre todo aquello que, parece, resulta tan incómodo. Y esto implica analizar noticias, explicar nociones básicas sobre la distribución y adaptación de especies, aclarar conceptos científicos, y ayudar a cualquiera que desee leer estos artículos, a estar mejor informado de lo que nuestra vida en el Planeta Tierra supone para nosotros, para las generaciones futuras, y para las otras especies con las que compartimos el espacio.

La ignorancia mueve a este biólogo, al que llamaremos Farli, en honor al ecologista Farley Mowat —pues no es estadounidense—, a buscar un modo de combatirla y de compartir puntos de vista a los que no todos tienen acceso. Pues Farli es biólogo marino, ex-buzo militar, activista intervencionista —esto también en “ex”—, escritor y muchas más cosas que desea olvidar. Pero, sobre todo, Farli detesta ver a sus semejantes aquejados por la ignorancia, manipulados por los medios. Ha visto agonizar cetáceos, tiburones, tortugas, ecosistemas enteros anegados de muerte y desesperación, proveída por nosotros mismos. Tal vez Farli pueda aportar al mundo algo mejor que críticas silenciosas a todos los actos de hipocresía y silencio gubernamental a los que asiste. La ciencia y la escritura son armas poderosas si se dan la mano.

Farley Mowat en la bañera. Foto: The Globe and Mail.

Para quien se cuestione la necesidad de este tipo de artículos, quizás deba ser remitido a la incongruencia de que un periódico español de talla nacional publicite en primera página a un evasor de impuestos, declarado franquista, que presume de haber matado miles de especies de animales, entre ellas muchas en peligro de extinción. Este artículo, no solo fue redactado por un veterinario que posa en su perfil de twitter con la cabeza de una vaca decapitada, sino que además fue juzgado digno de aparecer en la sección de ciencia.

Sugeriría que analizaran la incongruencia de publicitar la captura por parte del Oceanogràfic de Valencia de dos tiburones cerdo (Oxynotus centrina), especie de elasmobranquio propia de aguas españolas y altamente amenazadas. Captura esta movida, dicen, para comprender mejor a la especie, y ayudar a su conservación. Claro, la excusa de todos los zoológicos.

Pero ¿qué tiene de conservación mantener en cautividad a dos ejemplares de una especie de tiburón que requiere para su mantenimiento el alimentarse de huevos de otros elasmobranquios (subclase de peces con un índice de fertilidad bajísimo)? ¿Y por qué los expertos del acuario, que tanto se anuncian en medios televisivos y prensa escrita, tardaron tres meses en ponerse a investigar en la literatura científica la dieta de estos animales? No digas que esto no apesta un poquillo.

Si una niña de 16 años con Síndrome de Asperger debe renunciar a su infancia, si una asesora del comité científico del panel intergubernamental del cambio climático de Naciones Unidas debe pegar sus manos con superglue al suelo frente a la sede de Shell e incurrir en desobediencia civil, si los científicos al cargo de entender los principales desafíos a los que nos enfrentamos sufren de depresión crónica por un trabajo para el que lleva 15 años formarse, tal vez sea momento de empezar a hablar más activamente de lo que ocurre con honestidad descarnada.

Farli desea explicar cuanto ve, y aportar los datos, procedentes de artículos científicos y su experiencia profesional, para que quienes lo lean, muchos o pocos, puedan comenzar a conformar un panorama en el que lo que está sucediendo deje de ser un cuadro impresionista. Algo que todo el mundo ve, pero muy pocos comprenden.

El historiador francés Fernand Braudel dijo una vez que la historia devora el presente. Es decir, el pasado devora y condiciona el futuro, por tanto nuestro presente. En ciencia, se dice que el presente devora el pasado, como es explicado por Sir Peter Medawar, Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en su libro “Consejos para un joven científico”.

Sin embargo, Farli siente que hemos llegado a un punto en el que las aseveraciones hechas por estas dos importantes figuras, consejos que creíamos atemporales, comienzan a perder parte de su validez. Como especie nos encontramos en una intersección, en un punto en el que pasado y presente están siendo devorados por el futuro. Y hay momentos en el camino, en que detenerse a reflexionar es necesario. Más que protestar, más que manifestarse para no ser escuchado, hace falta la quietud de la que las pretéritas mentes de la ciencia hacían gala, y que tan bien representan Gandalf y los Hobbits —siempre hay que ser un poco friki— para escoger con acierto la ruta a seguir.

Farli espera, desea de corazón, que sus diarios de campo puedan serviros como inspiración, para dar esos pasos que ayuden a nuestro mundo y a quienes lo habitan.

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