Han pasado cerca de seis años desde el lanzamiento de Limbo, un título que sin duda marco la estética indie de los títulos posteriores a él. El éxito de crítica de Limbo fue tal que era imposible de ignorar, así que el género empezó a imitar su propuesta artística caracterizada por ambientes sombríos, melancólicos e introspectivos; juegos que buscan contar una historia atractiva a la par que presentar una experiencia inquietante.
Durante un tiempo muchos fueron los títulos que experimentaron con los exitosos elementos de Limbo, pero Deadlight consiguió dejar una buena marca gracias a los esfuerzos de por el entonces incipiente estudio de Tequila Works. Deadlight recibió críticas de todo tipo, no obstante, encontró el éxito comercial.

Pero eso fue en 2012, y ya estamos en 2016. Tequila Works ha decidido volver a comercializar su survival zombi añadiendo algunos extras bajo el título Deadlight: Director’s Cut con tal de acercarlo a la nueva generación de consolas; gráficos actualizados y un nuevo modo de juego. El estudio ha hecho una apuesta por su juego convencido de que Deadlight tiene todo lo necesario para seguir siendo un juego convincente años después de su lanzamiento inicial, pero, por desgracia, no ha sido así. Esta nueva edición nos presenta un juego entretenido, pero superado con creces por otros títulos posteriores a él; a pesar del intento por entrar dentro de la categoría de clásicos atemporales no ha estado a la altura.

Deadlight: Directors Cut

Lo primero que los jugadores notarán en Deadlight: Director’s Cut es el magnífico trabajo que ha hecho Tequila Works a la hora de remasterizar el juego, un trabajo magnifico de gráficos y efectos visuales, que no está para nada fuera de lugar para una consola de nueva generación. La acción en primer plano y el fondo vivo y dinámico del juego forman una increíble yuxtaposición de elementos que funcionan tan bien como lo hicieron en 2012. En Deadlight siempre está pasando algo, aunque sea en un segundo plano, lo que hace que nunca tengas una sensación estática, como si no pasara nada más allá del personaje principal.

El personaje, sin embargo, sigue siendo uno de los mayores defectos del juego, incluso en esta nueva edición. Los jugadores asumen el papel de Randall Wayne, un guarda forestal de la costa occidental de Canadá, que ha emigrado a Seattle con la esperanza de encontrar a su familia perdida tras el apocalipsis zombi. Wayne, sin embargo, es un personaje basado en estereotipos: el clásico héroe de acción introspectivo y atormentado que pretende expresar sus emociones, pero que a la hora de hacerlo solo consigue hacerlo a través de un diario o a través de cinemáticas muy pobres en profundidad introspectiva.

Deadlight: Directors Cut

Esa falta de profundidad podría salvarse gracias a una historia mejor, más interesante, pero lo cierto es que la narrativa del juego es bastante simple y recurre a un tipo de historia que ya se ha contado muchas veces y desde las mismas perspectivas. Para profundizar podremos encontrar viejas entradas del diario de Randall repartidas por los lugares más escondidos de los escenarios y aunque son los únicos elementos que realmente ofrecen un verdadero desarrollo de la historia, se hace raro encontrar páginas de vez en cuando, supuestamente, Randall nunca ha pasado por esos lugares antes. Randall llamará a los zombis «sombras» con la intención de escribir una suerte de poesía poco afortunada en su diario; lo cierto es que es bastante mala. Además, el único personaje que merece la pena como secundario (llamado «La Rata») solo aparecerá durante unos pocos minutos de la historia.

Deadlight: Director’s Cut amplía las horas de juego en no más de una hora, por lo que nos encontramos con un título de unas cinco horas de duración tipo survival de desplazamiento lateral, en el que tendremos que correr, saltar y luchar contra zombis en situaciones cada vez más tensas. El juego sigue siendo igual de divertido que en 2012, pero el tiempo y la perspectiva hace que la primera parte del juego (más tipo supervivencia: sin armas y con muchas plataformas) brille con más intensidad ante una segunda parte que se asemeja más a una película de acción que a una historia de introspección personal.

La queja más grande del título vuelve a recaer sobre el control del personaje, que al igual que en el Deadlight original, es lento y muy simple, todo lo contrario de lo que cabría esperar en un título de supervivencia. En muchas ocasiones Randall se encontrará con repisas difíciles de salvar por culpa de un sistema de detección de entorno poco elaborado, lo que dificultará un avance fluido. Resulta algo molesto que en un relanzamiento no hayan solventado el centro de la mayoría de las críticas del juego original; conociendo el trabajo del equipo de Tequila Works, resulta incluso sorprendente que no se hayan molestado en trabajarlo.

Deadlight: Directors Cut

El combate es uno de los puntos fuertes del juego. Randall no es un experto asesino y Tequila lo ha sabido transmitir a la perfección. En momentos de verdadera tensión, ante una horda de zombis colándose por la ventana, no valdrán las armas para salvar la situación, nuestra única posibilidad será una huida desesperada; un maravilloso elemento que dota de mayor credibilidad al personaje. Lo mismo ocurre cuando un helicóptero enemigo nos dispara a discreción: tendremos que huir a toda prisa a través de las plataformas de la ciudad. La lástima es que esos momentos son muy pocos y están muy alejados entre sí.

La mayor parte del juego se reduce a la resolución de unos puzles muy sencillos o, simplemente, a ir saltando por encima de los zombis desde una distancia segura. La mayoría de las situaciones peligrosas con los muertos vivientes se pueden resolver fácilmente desde una distancia segura, lanzándoles algún objeto pesado que los aplaste o zonas que los electrocutan. Incluso más absurdo, solo con silbarles para atraer su atención, podemos hacerlos caer por agujeros en el suelo; una habilidad a veces divertida pero que tiende a la sobreutilización por su simple y gran eficacia, algo que resulta un poco aburrido. En algunos momentos el juego requiere de pensamiento rápido y ágil, sobretodo en los momentos de huida, pero esos momentos son bastante escasos y Randall siempre avisa del peligro inminente, lo que facilita el trabajo. Pese a todo, morir aplastado por una trampa o ensartado en un foso de pinchos no es raro en Deadlight.

Deadlight: Directors Cut

Pese a que el juego no ha aguantado bien el paso del tiempo y Tequila Works no ha acabado de arreglar algunos fallos de la versión original, Deadlight: Director’s Cut también ofrece algo completamente nuevo: un modo supervivencia. En este nuevo modo de juego nos encontraremos rodeados de no-muertos, mientras se nos presenta una dura prueba de resistencia para ver cuánto tiempo podemos durar con vida contra las hordas de zombis del juego. Un buen complemento que, como mínimo, hace que Deadlight: The Director’s Cut tenga un punto de frescura bastante reconfortante.

Deadlight: Directors Cut

En general, sin embargo, Deadlight: Director’s Cut es un juego que no ha cambiado lo suficiente como para justificar una nueva edición más allá de jugarlo en las consolas de nueva generación. Además tiene cierto tono anticuado si lo comparamos con otros títulos indie más nuevos del mismo género. A pesar de lo malo, el juego conserva la hermosura de su concept art y su fondo vibrante, dinámico y vivo, un elemento que, aunque los años hayan pasado, se sigue manteniendo tan fresco como el primer día. Pero eso no compensa el resto, Deadlight: Director’s Cut no es un título que pueda resultar muy atractivo al público a no ser que seas un fan de los juegos indie al estilo Limbo.

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