En la actual edad de oro de la televisión en cuanto a series se refiere, podemos permitirnos ser exigentes y disfrutar de un suculento menú, repleto de producciones interesantes y de buena factura, para todos los gustos. Netflix ha revolucionado aún más si cabe la parrilla con su capacidad para arriesgar con fórmulas menos transitadas, algo que los espectadores no podemos sino agradecer, al menos la mayoría de las veces.

Tal es el caso de “Dark”, thriller sobrenatural alemán, original de la plataforma de entretenimiento estadounidense, primera en este idioma, y que ha sorprendido a propios y extraños por su factura y capacidad para seducir al espectador de forma sobria y eficaz. A la primera temporada, estrenada el pasado 1 de diciembre, le seguirá una segunda, que podremos disfrutar en 2019, y que ahondará en las turbias relaciones establecidas entre las familias protagonistas. “Dark” ha sido creada por Baran bo Odar (director) y Jantje Friese (guionista).

A la sombra de la repercusión mediática de la archiconocida “Stranger Things”, su pariente alemana rodada en 4K (Ultra HD) ha sabido hacerse un hueco entre los fans del terror y el thriller sobrenatural, con una apuesta menos efectista y convencional, y más centrada en la naturaleza humana, más capaz de seducir al espectador enfrentándole a sus propias contradicciones y fantasmas, disfrazando de paso la serie de drama costumbrista.

La trama -no temáis, este artículo está libre de spoilers- se centra en las desapariciones de varios niños que suceden en la pequeña ciudad de Winden, y que alteran la que parecía ser una convivencia tranquila. La inseguridad y la incertidumbre, cada vez más patentes a medida que desaparecen los hijos de los lugareños, crearán una tormenta perfecta que sacará a la luz los odios, la hipocresía y los trapos sucios de los vecinos.

Con gran cantidad de personajes secundarios, la acción de esta primera temporada se centra especialmente en las familias Kahnwald, Nielsen, Doppler y Tiedemann, sobre quienes pivota un misterio aterrador, que hunde sus raíces en la historia de Winden, y que involucra a generaciones enteras. Podemos ver cómo la atmósfera del lugar se enrarece a medida que los capítulos se despliegan ante el espectador, hasta resultar irrespirable y sofocante, y asistimos al derrumbe de los velos que mantienen la convivencia en la ciudad y en las mismas familias que la habitan.

“Dark” dibuja un mundo con una gran cantidad de personajes y un mundo aparentemente sencillo, muy convencional y familiar. Salvo por la central nuclear que domina la economía de la ciudad, Winden no destacaría de otras poblaciones del estilo, enclavadas en un entorno rural. Familias normales, vecinos más o menos cordiales, sin sucesos de cierta entidad… vidas tranquilas y diletantes que fluyen entre comidas familiares, pequeños dramas, estudios y trabajos. Sin embargo, las cosas no son lo que parecen.

El guion se despliega con total naturalidad y calma, como un depredador que, tras permanecer largo tiempo agazapado, divisa a su presa y la acecha sin prisa hasta hundir las garras en su lomo. Los acontecimientos y las reacciones de los habitantes de Winden a lo que ocurre se suceden poco a poco, y la calma da paso a la angustia, luego a la psicosis, y después a la locura. Los personajes no son extraordinarios, sino gente común arrastrada y condicionada por un secreto oscuro y terrible, que reacciona de forma impredecible y a veces terrible. No hay héroes ni apenas villanos, y todos podríamos reconocernos en algún personaje, incluso en los más lúgubres.

La variedad de personajes sumada a los saltos temporales complica el seguimiento de una historia que en realidad se sostiene por unas pocas personas clave, pero cuyas ramificaciones -que el espectador se ve obligado a seguir al detalle- podrían modificar de modo irreversible la trama central. Ésto al mismo tiempo lastra y enriquece el guion, que se vuelve en cierto modo impredecible, gracias a un planteamiento coral que vuelve complicado adivinar el final.

La fotografía de Nikolaus Summerer y la banda sonora original de Ben Frost, plomizas y decadentes, contribuyen a exacerbar tanto la aparente tranquilidad inicial del cuadro que nos pinta el guion, como el mundo sofocante y amenazador en que se torna después Winden. Podríamos decir que la misma ciudad es un personaje en sí mismo, un laberinto espacial y temporal que atrapa a los personajes, a sus descendientes y antecedentes, hasta someterlos por completo.

El espectador se ve seducido por una puesta en escena que rezuma credibilidad, aun cuando la serie puede encuadrarse perfectamente en el género de la ciencia ficción. La buena factura técnica, el guion desarrollado con laboriosidad y el carácter coral de un reparto muy solvente en el que nadie destaca ni del que nadie queda descabalgado, consigue que la inmersión en este rompecabezas sea completa.

Sin duda, una serie que recomendamos desde Fantasymundo, ansiosos de que llegue la segunda entrega de “Dark”. No es “Stranger Things”, sino otra cosa. Tiene entidad propia, y por más que nos guste la serie ambientada en los 80′ del pasado siglo, esta serie está a otro nivel. Disfrutad.

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