El pasado mes de enero la editorial Héroes de papel publicaba “Cocina Geek”, de Gemma Ballesteros (también conocida como Rikkura). Un recetario friki con más de cincuenta recetas inspiradas (o directamente extraídas) del mundo de los videojuegos. Y es que la comida ha estado siempre muy presente en nuestros juegos favoritos como método de recuperación de vida, y pocas cosas más satisfactorias puede encontrar el geek amante de la cocina que fusionar sus dos hobbies en un plato para chuparse los dedos.

Para los que no conozcáis a Gemma Ballesteros (y porque los cocinillas solemos mirar mucho quién es el cocinero que nos va a guiar en nuestro periplo culinario), os diré que es una apasionada de la cocina redactora en la sección de gastronomía de la revista Games Tribune, embajadora de Koch Media y que tiene un blog y un canal de Youtube, Cocina con Gemma, donde da rienda a su lado más friki preparando recetas sobre videojuegos, manga y anime (entre otras).

Y ahora, a los fogones. Como todo buen recetario, “Cocina Geek” está dividido en cinco grandes apartados. Además de un prólogo de Nacho Requena y una breve introducción de la autora, nos encontramos con las Armas y artefactos (que nos resume los principales utensilios que deberemos blandir para terminar nuestra misión con la máxima experiencia); el Sweet World (que como su nombre indica, es un paseo por el mundo de los postres); en el Savory World, por su parte, encontraremos un buen puñado de platos salados. Finalmente, entre las Potions nos enseñan a preparar las bebidas que todo buen héroe necesitará en su aventura. Cierra el libro Spells and cheat codes, trucos que te facilitarán tu viaje por esa mazmorra que es tu cocina.

Así, mientras saltamos de mundo a mundo en “Cocina Geek” nos encontraremos con dos clases de preparados: comidas extraídas directamente de sus videojuegos (como las míticas manzanas asadas del “Breath of the wild” o los paquetitos de pollo de “Skyrim”) o recetas que por su montaje y decoración evocan distintos títulos (como las galletas Kirby o el curry rice de  “Final Fantasy”).

En cuanto al formato, cada receta explica el videojuego de origen, los efectos que provoca en tu estado si la consumes, los ingredientes y finalmente las instrucciones de preparación en cinco o seis pasos con fotos. En sí todo el libro es bastante visual, muy colorido y editado en tapa dura con páginas de gran gramaje. Como la comida, también entra por los ojos.

Las elaboraciones son, en general, bastante sencillas y asequibles a todos los bolsillos, aunque hay alguna que lleva decenas de ingredientes (tengo que preparar esa hamburguesa Cluckin’ Bell sí o sí); y alguna que o tienes precisión de cirujano o ni la intentes (en serio, esas galletas Locust son imposibles para el común de los mortales). Y, en general, quedan bastante resultonas. De hecho, te pueden salvar a la perfección un regalo de cumpleaños de un amigo friki.

He aquí mis rupilletas. No me juzguéis. No sé hacer líneas rectas.

Aunque hay un poco de todo, en “Cocina Geek” predomina lo dulce y sobre todo las galletas ( Gemma Ballesteros no tiene puesto en su Twitter “la de las galletas frikis” por nada). Así que, si no eres goloso o fan de estos dulces, mejor búscate otro libro.

Pero si en tu vida los videojuegos y la comida son dos partes fundamentales, si te gusta hacer recetas divertidas y sorprender el paladar de tus allegados, entonces dale una oportunidad a este recetario. Y si no estás convencido del todo, siempre puedes darte una vuelta por el blog o el canal de Rikkura, donde tiene algunas de las recetas que encontrarás aquí.

A mí solo me resta añadir que espero de verdad que hagan una segunda versión con recetas del manganime. Porque yo no quiero morir sin comerme un Katsu pirozhki de “Yuri on ice!” o las bolas de arroz de “Fruits basket”. Héroes de papel, ahí os lo dejo.

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