Ciudad
Fotografiamartincaballero, CC BY-SA 3.0 , via Wikimedia Commons

La historia del cine nos ha regalado lugares para enmarcar. Casi como en un contrato de reciprocidad, las películas y sus localizaciones se han venido tendiendo la mano mutuamente en un ejercicio de codependencia sana.

En ocasiones son los filmes los que aprovechan la fuerza retórica y escenográfica de determinados lugares emblemáticos para brillar. Qué sería del musical Moulin Rouge sin el particular cabaré en el que se basa o de las diferentes versiones de King Kong sin el Empire State Building.

De la misma manera ocurre lo contrario. Son muchos los lugares, que habiendo sido siempre igual de hermosos, no se han popularizado hasta que no han servido como escenario de una producción cinematográfica. Pongamos como ejemplo los bosques lituanos donde se rodó El Señor de los Anillos o la capilla escocesa de Rossyln tras aparecer en el Código Da Vinci.

Tal es el impacto del binomio cine-espacio que se ha generado toda una industria del turismo cinematográfico dedicada a promover rutas por localizaciones reales e incluso sets de rodaje abandonados. España es buen ejemplo de ello. Almería fue pionera en los años 60 y todo un paraje de referencia para los westerns, aunque si hablamos de superproducciones recientes, es inevitable destacar los múltiples escenarios de la serie Juego de tronos que tuvieron lugar en diferentes puntos de la geografía española.

Especialmente paradigmático es el caso de esta adaptación de HBO. Y es que los productores encontraron en España su Poniente particular. La gran diversidad orográfica y arquitectónica del país lo convierten en un enorme y versátil plató capaz de recrear desde los lugares más gélidos a los más tropicales; desde los más puramente occidentales a los más multiculturales.

Por motivos geográficos, históricos y socioculturales España siempre ha tenido su propio modo de hacer las cosas. Las diferentes corrientes de pensamiento y estilos artísticos siempre han tardado en atravesar los pirineos, pero una vez en la península se desarrollaban de una manera única y especial.

El resultado es una nación repleta de localizaciones perfectas para todo tipo de narrativas. Sin embargo, no se les está prestando la misma atención a todos los lugares, habiendo ciudades enteras todavía por explotar. Date un paseo con nosotros y descúbrelas.

Zamora

Castilla y León ha sido escenario de multitud de películas medievales e históricas. La superpoblación de castillos, fortalezas, iglesias y conventos centenarios de esta comunidad autónoma la hacen perfecta para este tipo de producciones. La ciudad de Zamora, como capital mundial del románico es ideal para cualquier producción ambientada en los siglos XI, XII e incluso XII. Pero no ese no es su único atractivo explotable, el municipio también está incluido en la Ruta Europea del Modernismo y dispone de otros tantos edificios de interés como la cárcel abandonada donde se rodó Celda 211. Una prueba reciente de que hay material mas allá de los destinos típicos.

Darse un paseo por Zamora es dar un paseo por calles y monumentos que están pidiendo ser inmortalizados. La calle de Balborraz, la plaza Sagasta o el antiguo casino, que nada tiene que envidiar a otros como el Casino Barcelona, son sólo algunos ejemplos de potenciales sets de rodaje.

Teruel

Teruel existe ¡vaya que si existe! No podemos decir que la provincia haya pasado desapercibida por los productores de cine nacionales e internacionales. La Sierra de Albarracín y otros parajes de la provincia turolense han sido protagonistas de numerosas películas y series de televisión.

Sin embargo, la capital, que al igual que Zamora también forma parte de la Ruta Europea del Modernismo debería ser tomada más en consideración. Sobre todo, teniendo en cuenta que también es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por su arquitectura mudéjar ¡Imagina la de localizaciones que se está perdiendo el cine!

Soria

Esta puede que sea una elección polémica. Y es que durante los 60 y 70 Soria fue un destino recurrente para los rodajes de cine. Películas que ya forman parte de la historia del cine como Campanadas a medianoche de Orson Welles, la mítica Doctor Zhivago de David Lean o las dos películas de Los Mosqueteros de Richard Lester fueron rodadas en esta provincia castellana.

Precisamente por eso, por su ya no potencial, sino valía demostrada, entristece saber que durante las últimas décadas no se han vuelto a rodar producciones tan relevantes como las de ese Hollywood setentero. La capital de provincia, pequeña y desafortunadamente despoblada conserva esa atmósfera tradicional e inamovible que tan bien casaría con cualquier drama de tipo costumbrista.

Melilla

Este enclave español en Marruecos apenas tiene antecedentes cinematográficos y la verdad es que no se entiende el porqué. La ciudad tiene ese toque multicultural que le aporta su posición privilegiada en el norte de África. También destaca su arquitectura europea en contraste con otros edificios historicistas de influencia musulmana. Las vistas del recinto amurallado y la fortaleza desde el puerto son dignas de cualquier escena de desembarco o batalla naval.

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