Desde que Blazing Chrome se puso en funcionamiento en 2018 lo he seguido bastante de cerca, porque personalmente me apasiona el género denominado run n’ gun que tan raro nos suena pero que tanto conocemos si mencionamos la franquicia Metal Slug o Contra. Desde 2012 JoyMasher nos está mostrando unos trabajos de temática retro de lo más disfrutables, bien pulidos y con un sentimiento de nostalgia encajado en la era actual digno de admirar, habiéndose dado a conocer gracias a sus juegos Oniken y Odallus. El estudio brasileño ha compartido su afición por la saga Contra y, a pesar de que podría tratarse de una especie de tributo con cariño, realmente podría tratarse sin ningún lugar a dudas de una nueva entrega en la saga porque todo el esmero que le han dedicado no es para menos.

Desde hace tiempo Konami planea devolver a la vida su franquicia pero por el momento sólo hemos visto sus intenciones, sin tener ninguna noticia importante hasta el anuncio de Rogue Corps. Con esta entrega volverán a entrarnos ganas de rejugar los clásicos (sobre todo en 16 bits) ya que nos golpea directamente en la nostalgia, siendo además un juego tan fácil de aprender a jugar y difícil de perfeccionar que estamos ante una de las sensaciones retro del verano.

La historia que esperábamos, es la historia que tenemos.

En estos juegos la historia no es que sea el plato fuerte de nuestra aventura; hay un objetivo claro y debemos llegar hasta él, sin complicaciones en el guión. Avanzamos disparando a todo lo que se mueva, generalmente esquivando tropecientas balas y explosiones, y tratamos de no perder todas las vidas antes de toparnos con el jefazo de cada escenario. Podemos correr y saltar, agacharnos y rodar, disparar en las 8 direcciones mientras corremos y gracias al botón de bloqueo podemos disparar en el ángulo deseado mientras nos quedamos quietos. Además de esto, si los enemigos se acercan lo suficiente a nosotros podemos ejecutar un movimiento cuerpo a cuerpo como en Metal Slug que evidentemente no nos asegura eliminar a nuestro enemigo pero le hacemos bastante daño y siempre nos puede sacar de un apuro cuando las balas no consiguen frenar a una horda, e incluso desviar las granadas y cohetes enemigos si nos la jugamos antes de que nos hagan impacto.

Además de nuestros clásicos disparos tenemos ciertas variantes que nos ayudarán en momentos peliagudos; no es que uno sea mejor que otro, sinceramente todos son útiles dependiendo de en qué momento nos encontremos y nuestra manera de jugar. Lo importante es que si los hemos cogido podemos ir rotando entre ellos para utilizarlos a nuestro antojo, en lugar de cambiar el que tengamos al coger uno nuevo. Esto nos brinda una facilidad inmensa a la hora de afrontar diferentes peligros, pero si nos alcanzan perderemos la mejora que llevemos equipada (así que si eres rápido antes de morir es mejor quitártelas) y a título personal me quedo con la granada y el láser.

También tenemos mejoras pasivas de apoyo que nos ayudarán por el camino, dentro de unas cápsulas o en paquetes de ayuda que vienen volando, y dependiendo de su forma tendrán un efecto diferente en nuestro personaje: un compañero que dispara junto a nosotros para tener una doble potencia de fuego ofensiva, mayor agilidad que nos brinda más rapidez y un doble salto, o un escudo verde que nos ofrece dos toques extra como protección. Sumado a todo esto podemos pilotar un robot gigante que nos brinda el acceso a zonas que de otra manera no podríamos explorar, pudiendo romper placas de hierro que ninguna arma logra penetrar; el robot además de su potencia destructiva tiene la posibilidad de avanzar a una velocidad desmesurada que no recomiendo demasiado ya que su vida es bastante limitada y el contacto con los enemigos hace que baje drásticamente.

Fases muy cuidadas y diferenciables entre sí.

A lo largo de nuestra aventura tenemos disponibles 6 fases para elegir, aunque desde el principio sólo podemos seleccionar 4 pero a nuestro antojo, sin seguir un recorrido preestablecido. Esto es muy bueno porque podemos ver reflejada la dificultad antes de entrar en la misión, haciéndonos una idea de cuánto tiempo puede llevarnos superar una etapa. Dentro de las fases hay varios actos con pequeños enemigos finales en cada una, por lo que se hace muy interesante de jugar. Entre saltos y disparos nos tocará movernos por tuberías enganchados mientras disparamos y, cómo no, conducir motos esquivando disparos de enemigos voladores y helicópteros. Al final de cada fase nos encontraremos con un jefe final más duro que los pequeños jefes de los actos, pero nada que no podamos afrontar con un poco de cabeza, timing y observación de sus movimientos.

A pesar de fascinarnos su entorno pixel-art 2D y su buena construcción de detalles, cuando pensamos que no pueden sorprendernos más, nos incluyen varias partes de pseudo 3D que nos recuerdan a Space Harrier y sus derivados, y aunque es verdad que no está tan bien implementado como el resto de secciones es bastante agradable de jugar. La música es bastante tecnológica y nos transporta a esa corriente noventera que tanto nos atrae, acompañando bien nuestra aventura. El juego está traducido a un buen castellano, sin hacer uso de expresiones dignas de traductores en línea.

Incentivos para tener en cuenta la rejugabilidad.

Al comenzar el juego podemos elegir entre dos personajes y dos niveles de dificultad, pero al acabar nuestro viaje se desbloquearán dos personajes con un enfoque totalmente diferente que hacen de su rejugabilidad una opción más que obligada; también desbloqueamos un modo de dificultad mucho más restrictivo que nos pondrá las cosas realmente duras, así como el modo espejo que brinda un nuevo enfoque a la aventura, y un modo de lucha contra todos los jefes que es bastante divertido de jugar. Es cierto que se echa de menos algún nivel más, porque a mi parecer alargar la duración de los existentes no sería algo positivo, pero por ejemplo tampoco cuentan con rutas alternativas o zonas secretas a excepción de las pocas zonas a las que podemos acceder gracias al robot gigante. Personalmente también me falta un objeto que elimine a los enemigos en pantalla o que podamos arrojar para barrer las múltiples oleadas que nos vengan, aunque la variación de nuestras armas es un punto a su favor me hubiera gustado tener esa última baza que en tantas ocasiones se echa de menos.

Conclusión

Blazing Chrome es una experiencia increíble, a la que se le ha dedicado mucho esmero y esfuerzo para lograr un juego tan pulido y con una calidad de pixel-art de calidad. Las armas nos ofrecen diferentes formas de abordar los peligros y el cuerpo a cuerpo es todo un extra, a pesar de faltarnos una opción de destrucción total. Los enemigos son variados, las fases muy diferentes entre sí y las zonas de vehículos son disfrutables; los jefes finales tienen su dificultad pero son bastante accesibles. Si bien es cierto que se innova poco en general, el juego es muy disfrutable gracias a la nostalgia y el cariño empleado.

 

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