Sigmund Freud, en su tiempo y en el nuestro, de Elisabeth Roudinesco: gran documentación
Fco. Martínez Hidalgo. 12/04/2016  
Encontrado en http://www.fantasymundo.com/articulo.php?articulo=7615
     La obra de Roudinesco es una de las biografías mejor documentadas sobre Freud que sobre él se hayan escrito.
Portada de Sigmund Freud, en su tiempo y en el nuestro, de Elisabeth RoudinescoLa influencia de Sigmund Freud (Austria, 1856 - Inglaterra, 1939) en nuestro presente, así como en nuestro pasado inmediato, resulta innegable. La irrupción del psicoanálisis como herramienta de exploración psíquica y conocimiento humano, primero, más adelante convertida en filosofía de vida respecto a la importancia que en lo cotidiano tienen las pulsiones o las represiones o las partes más hondamente oscuras y lúgubres de nuestro ser, está presente en nuestros días también con la forma de un marco de análisis de la realidad básico en el pensamiento de filósofos destacados como Jacques Lacan o Slavoj Zizek. Alcanzando, así, una relevancia cada vez mayor y más orientada a lo esencial de la humanidad que, per se, nos explica el por qué su figura y sus ideas protagonizan, todavía hoy, algunas de las disputas intelectuales más encarnizadas de los últimos tiempos; con un alcance prácticamente universal y de radicalidad extrema entre el odio y la hagiografía.

Cuando uno se prepara para elaborar o para leer una biografía de Freud debe saber que se adentra, por tanto, en un terreno oscuro, pantanoso y con numerosas arenas movedizas.

Élisabeth Roudinesco
(Francia, 1944) lo sabe bien. Más cuando, como en su caso, además de ser una extraordinaria historiadora de la psiquiatría, y poseer unas raíces intelectuales y familiares que la hacen perfecta conocedora tanto del contexto médico de la época, como de las circunstancias sociopolíticas que afectaron a la comunidad judío-germánica entre finales del s. XIX y comienzos del s. XX, también es una conocida psicoanalista partidaria de las teorías de Freud.

No debe ser sencillo enfrentarse a la elaboración de esta biografía cuando, de partida, y sin entrar a considerar los enunciados valores añadidos que Roudinesco aporta aquí, podría mirarse a su obra como un testimonio de parte. Un análisis en exceso simple, pero al que, comprensiblemente, se podría llegar: dadas las numerosas alusiones positivas dedicadas a Freud desde la voz narradora; algo infrecuente y que, en una biografía aspirante a mediar entre los habituales extremos debatientes, debería tender a evitarse más que a exhibirse.

Por otro lado, otro aspecto destacable de la obra de Roudinesco respecto a biografías anteriores es su acceso a los archivos de Freud que, hasta 2010, han estado vedados tanto para la comunidad investigadora como para el público general. Y es que Freud no solo fue en vida un guardián celoso de su vida privada, sino que reflexionaba frecuentemente tanto sobre la recepción social de su obra, como sobre donde podría dejarlo situado la historia en el futuro inmediato o lejano a su época. Tales hábitos proceden ya de su infancia, donde tanto su padre como su madre estaban convencidos, y lograron convencer al joven Freud, que además de tener un futuro brillante también conseguiría ser un Gran Hombre. Este acceso a los archivos le permite a Roudinesco utilizar una abundante documentación tanto clínica como personal -pues Freud era un voraz lector y escritor, de gusto clásico y refinado estilo-, conformada por sus obras, históricas clínicas y numerosísimas cartas (aunque otras muchas, se sabe, fueron destruidas por Freud a lo largo de su vida).

Todavía estamos muy lejos de la biografía equilibrada y equidistante que Freud necesita, capaz de ponderarlo en su justa medida, pero ésta está muy bien documentada aunque pasa de puntillas por temas espinosos.

A partir de aquí, el retrato de hombre comparte espacio con el análisis de sus obras más destacadas (haciendo hincapié en el paralelismo con ciertos esquemas clásicos) y con las complicadísimas relaciones de amistad/enemistad que tuvo con sus distintos colaboradores. Una vida trufada de desencuentros, donde las acusaciones de plagio o de robo de ideas o de inspiración en ideas de otros son casi tan frecuentes como las disidencias intelectuales a partir de posiciones o creencias diferentes u opuestas.

Roudinesco incide, especialmente, en la personalidad de un Freud contradictorio e intenso, incluso podría pensarse que extremo, por el fervor con el que afrontaba las distintas facetas de su vida y cómo, cuando alguna experimentaba cambios, semeja era para virar de un lado hacia su opuesto. No obstante, se echa de menos una mayor incidencia en los aspectos de su vida que, según la autora, más meya hicieron tanto en su personalidad contradictoria como en su intenso carácter, y que incluso el autor austriaco reflejó en no pocas obras suyas: la difícil convivencia entre la ciencia y la pertenencia a la comunidad judía, la relación compleja con su padre, la atracción sexual hacia su madre y hacia su nodriza, las amistades de carácter radicalmente cambiante, su abandono extremo de ideas o teorías elaboradas por él con anterioridad, o la difícil compatibilidad entre sus arriesgadas perspectivas científicas y su conservadurismo personal.

Lamentablemente, aunque todas estas cuestiones se perciben como de una importancia capital para comprender a Freud en toda su inmensa profundidad y rica esencia, este ensayo no acaba de afrontar sus componentes principales de forma directa; dejándonos no pocas preguntas sin respuesta. ¿A qué se debe el radical paso de un Freud científico positivista, asentado en la medicina neurológica, hasta un Freud defensor del psicoanálisis que era, como lo definió Thomas Mann, un “romanticismo hecho ciencia” ?, ¿Cuánto de verdad hay en una infancia pretendidamente marcada por las pulsiones y los sentimientos reprimidos, pero de la que sin embargo siempre se aportan pocas certezas?, de hecho se nos insiste en que Freud, inspirado por el Werther de Goethe, fue un defensor coherente del “Sturm und Drang” a lo largo de su vida, pero ¿qué prueba de fuerza e independencia se aportan para comprobar las dudas surgidas alrededor de si esa supuesta coherencia está basada en algo más que su palabra?

En ‘Sigmund Freud, en su tiempo y en el nuestro’ (Debate, 2015) estamos ante una biografía que apuntala los territorios confirmados (y ya conocidos) tras darse a conocer la documentación liberada en 2010, explora con mayor ahínco el contexto sociocultural alrededor de Freud y cómo le afectaron todos sus cambios, y aprovecha para -a través de estos nuevos datos- rechazar algunas de las afirmaciones o dudas claramente exageradas alrededor de su figura vertidas por sus defensores y (sobre todo) por sus críticos. Sin embargo, quizás por la falta de una documentación capaz de darnos más información, o quizás por el control del propio Freud sobre los retos que para su imagen posterior pudiese tener su vida, las dudas más firmes y razonables sobre él siguen manteniéndose en pie; y aquí tampoco se afrontan con la claridad debida.

Élisabeth Roudinesco

De esta forma, aunque estamos ante un libro perfectamente documentado, escrito con un estilo claro y directo, por alguien que conoce a la perfección las principales claves del contexto alrededor de Freud, y ha tenido a mano una documentación excepcional a la hora de poder ahondar más en la figura de Freud y sus aristas, su excesiva timidez a la hora de afrontar las cuestiones más espinosas nos deja una sensación agridulce. Dulce por todo lo nuevo que podemos conocer, y amargo tanto por lo prosaico de las respuestas que aporta, como por lo fundamental de las preguntas que sigue dejando en el aire.

Todavía estamos muy lejos de la biografía equilibrada y equidistante que Freud necesita, capaz de ponderarlo en su justa medida. Y quizás, siendo realistas, no lleguemos nunca a leerla. Mientras la duda persista, la obra de Roudinesco es una de las biografías mejor documentadas que sobre él se hayan escrito, si bien no hace muchos esfuerzos por disimular su posición favorable en este eterno debate sobre si estamos ante un genio evasivo inmerecidamente discutido o ante un manipulador egocéntrico terriblemente astuto. Posiblemente la verdad esté, como casi siempre, oculta en algún lugar en medio de todo esto.

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