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¿Se puede decir que Hamlet es una porquería sin parecer un ignorante?
16/11/2008 - Comentarios (2)
¿Qué es un libro bueno? ¿Puedo denostar una obra de Shakespeare o de cualquier otro autor intocable sin parecer un necio o sólo puedo determinar que no me gusta pero, todo y así, reconocerle unas cualidades inherentes?
Antes de sumergirnos en tan peliagudas cuestiones, advertir que para hablar de cualquier tema siempre es condición sine qua non reírse de lo intocable, ridiculizándolo, reubicándolo en el justo lugar donde deben estar todas, absolutamente todas las cosas: a ras de suelo, lejos de altares, de genuflexiones versallescas, de protocolos, de persignaciones, de viriles antibalas con alarma de seguridad y de etiquetas con los precios hinchados por la especulación, el charm de pacotilla, la inercia y la moda.

Dicho lo cual, empecemos.

En primer lugar, asombra que muchos de los llamados expertos en Literatura ignoren (y hasta desdeñen) disciplinas fundamentales para el conocimiento íntimo del arte, como pueden ser la neurobiología, la psicología evolutiva o la genética. Los expertos de este tipo, cerrados en su conocimiento, me hacen el efecto de mecánicos que sólo conocen los colores con los que se pueden pintar la carrocería de un coche pero que jamás han levantado el capó para examinar el motor. Todavía no entiendo por qué en las facultades de letras no se imparten al menos nociones sobre estas disciplinas y, de una vez, se aclara un poco la niebla conceptual que convierte la exégesis literaria en hermética y dogmática.

Así pues, ante la pregunta de si existe algún baremo fiable para catalogar cualitativamente las obras literarias, la respuesta por necesidad deberá ser multidisciplinar. Y en base a ella, hoy en día sabemos cuatro cosas y poco más sobre el asunto: el resto de discusiones bizantinas son estériles, un pasatiempo como otro cualquiera, donde cualquier postura se puede defender o atacar si se dispone del armamento retórico necesario. Estas cuatro cosas que sabemos son las siguientes:

Biológicamente SÍ existe codificado en nuestro cerebro qué es bonito, feo, armónico, etcétera. Da igual dónde hayamos nacido o quién nos haya educado, todo ello viene de serie al nacer. Lo que sucede es que la cultura en la que esté inmerso el cerebro puede matizar (aunque no tanto como se cree popularmente) algunos de estos conceptos predefinidos o hasta tergiversarlos en base a estos intereses:

1) El ser humano precisa de la construcción de filtros artificiales para asimilar mejor la información, así que suele depositar su confianza informativa en individuos que se designan como autoridades en la materia (aunque no sea así o sea imposible ser docto en cuestiones subjetivas).

2) La gente está interesada en sobresalir frente a los demás, mostrando posesiones, fuerza, conocimientos… así que inconscientemente a la gente le gusta que exista una división entre obras buenas y malas para poder decir que ha leído las buenas y, por tanto, demostrar que es superior intelectualmente y más interesante en general del que dice haber leído las obras malas.

3) Las elites y los creadores de opinión tratan de desprenderse del vulgo cuando el vulgo abraza los preceptos que ellos defienden a fin de no ser confundidos con ellos. De modo que en su necesidad por descollarse del vulgo, la elite será capaz de adscribirse a obras manifiestamente excéntricas. Pero cuando la mayoría abrace lo excéntrico, entonces volverán a lo clásico. Hay largas listas de críticas feroces a obras que hoy se consideran maestras y viceversa. ¿Significa eso que los críticos no tienen ningún consenso? En parte no lo tienen, y en parte deben flexibilizarlo para mantenerse ajenos al vulgo. Un ejemplo paradigmático de este movimiento pendular es la noción duchampiana de que el arte se encuentra en todo tipo de objetos y situaciones: Duchamp vio en un urinario de caballeros una Fuente de agua pura, y cierto sector de la elite aplaudió. Ahora, en el Ego Gallery de Barcelona, Victoria Campillo ve en los calzoncillos de Calvin Klein de rayas a Jonhatan Lasker o a Daniel Buren.

¿Quiere decir todo esto que uno puede lanzar el temerario juicio de resulta más interesante Harry Potter que Cien años de soledad? Pues sí, según lo que el lector esté buscando en la lectura y considere interesante en una obra. Por ejemplo, si nos basamos en qué obras aportan más conocimientos e instrucción intelectual, pues entonces todos deberíamos lanzarnos de cabeza a las enciclopedias.

Y ¿los que consideran más interesante Cien años de soledad que Harry Potter son personas más instruidas? Según lo antedicho, no. Sólo se acostumbran a que sea así porque uno quiere encajar y sobresalir en los grupos sociales en los que compite. Por ello, incluso, aunque al principio la música máquina no suele ser agradable para el oído, a medida que uno se introduce en un nicho social donde la música máquina es un valor añadido, el oído amolda su sensibilidad al tunda tunda, y sí, aunque sea insólito, a uno le acaba gustando genuinamente la música máquina. Como sucede con Hamlet.

Otra cuestión muy distinta es admitir que sea necesario o no, desde este punto de vista artificioso, el crear listas de libros buenos y malos. Socialmente esa dicotomía es imprescindible: todos los intentos de crear, por ejemplo, vestidos igualitarios y baratos han fracasado, porque el ser humano precisa de elementos diferenciadores que demuestren su grado social e intelectual. Pero, como en todo, lo importante es conocer las reglas del juego para jugar sin radicalizar posturas, como tampoco radicalizamos posturas a la hora de dictaminar si son mejores las fichas blancas o las negras. Limitémonos a mover ficha y a jugar y no nos creamos demasiado el tono grandilocuente de nuestros juicios.
 
2 Comentarios recibidos
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Usuario: Mithrand (28-Nov.-08)

Parecer un necio no significa serlo. Siempre pongo el caso de "El quijote". Me parece infumable, no puedo con él, es repetitivo hasta la saciedad según mi criterio. Sin embargo, cuando digo esto, algunos se me echan encima. ¿Es más interesante Canción de Hielo y Fuego o Tolkien que "El quijote"? Para mí sí, para otros sería una broma, y para algunos de entre ellos, de mal gusto.

Es posible que el concepto de lo que es agradable, armónico o "bueno" esté impreso en parte en nuestro código genético, pero este palidece ante nuestra educación social, la genética pierde ante ella, o suele hacerlo, creo yo, y los conceptos cambian a lo largo de la vida de una persona, sus gustos van mudando según avanza por la senda de la vida, y en ocasiones, el humano que muere nada tiene que ver con el que fue a lo largo de su vida.

Claro, también tenemos a la pléyade de intelectualoides que considera sus gustos como algo básico e intocable, pero no deben importarnos sus criterios, y sí deberíamos formar los propios. Me reafirmo: "El quijote" no me dice nada, y ni siquiera puedo concederle la mitad de las cualidades inherentes que otros encuentran en ella.
Usuario: D3NE (27-Nov.-08)

Felicitaciones, como lo has hecho con la mayoria de tus artículos me has entretenido unos minutos del día, muy interesante lo que postulas y concuerdo contigo en cierta forma.

Claro está que existen infinitos gustos distintos y un sinnúmero de creaciones tanto artísticas como de otra índole que pueden catalogarse como buenas, malas, maestras o inútiles dependiendo del punto de vista, pero también debemos reconocer que hay muchas de estas cosas que aunque las tratemos como inútiles artefactos o libros, terminamos leyéndolos o utilizándolos de todas formas.

Un saludo, espero pronto leer otro de tus artículos.
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Sobre Sergio Parra
Nacido en Barcelona en 1978. Juntaletras con ínfulas. Corredor de fondo de la espiral con el cachondeo del que sube a la montaña rusa. Cultivador de su memesfera con la dedicación de un horticultor. Festejo el ego pero censuro al Narciso, aplaudo la frivolidad pero condeno la superficialidad. Contradictorio, científico, hiperestésico, idiota en el sentido ateniense de la palabra, aún sigo buscando la ballena blanca a sabiendas de que no existe.
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