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       Artículo de literatura

El libro de las cosas nunca vistas, de Michel Faber: estudio magistral del ser humano


Natalia Calvo   15/07/2016
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     Michel Faber ha creado un libro completamente magistral, una lección del ser humano y sus demonios interiores.
Portada de El libro de las cosas nunca vistas, de Michel FaberNo conocía a Michel Faber, aunque desde 2002 es mundialmente conocido a raíz de la publicación de “Pétalo carmesí, flor blanca”. Lo que realmente me llamó la atención del libro fue su sinopsis: un predicador se marcha a un planeta lejanísimo a extender el Cristianismo a los habitantes del mismo. Curioso. ¿Qué podría salir de todo esto?

Y resulta que Michel Faber, nacido en 1960 en La Haya, pero residente en Australia, no era un autor desconocido para nada, que a sus espaldas llevaba ya la publicación de varios libros tan relevantes como “Bajo la piel” (2000), “Pétalo carmesí, flor blanca” (2002) o los no traducidos aún “The Hundred and Ninety-Nine Steps” (2001) y “The Courage Consort” (2002). Además, ha ganado los galardones: Macallan Short Story Competition, Neil Gunn, Ian St. James y Premio Primer libro del año Saltine.

Es necesario comentar que Michel Faber escribió esta novela cuando su esposa agonizaba con una enfermedad incurable. Que le prometió terminarla y así lo hizo, y esa circunstancia está muy presente en la separación de los personajes.

El libro de las cosas nunca vistas” (Anagrama) comienza con una pareja y un gato, Joshua. Al marido, Peter, predicador de una iglesia local, le ofrecen un puesto de trabajo un tanto especial, que requerirá la separación de ambos, un matrimonio que lleva unido años y que ha superado todas las dificultades imaginables el uno con el otro. Sin embargo, gracias a la USIC, Peter Leight se marcha al planeta Oasis, donde tendrá la misión de evangelizar o continuar el proceso que ya han llevado a cabo otros predicadores anteriores.

El libro comienza con esta partida, aunque el viaje es bastante irrelevante y se resuelve en pocas páginas. Al llegar a Oasis, en la base de la USIC, Peter se encuentra con todo tipo de personas cuasi irrelevantes que trabajan cual enjambre laborioso y cuyas ocupaciones no interesan especialmente a Peter, al menos al principio. Cuando llega el momento de conocer a los oasianos, Peter se da cuenta de la sencillez y devoción de su carácter a pesar de su aspecto y necesitará adaptarse tanto a las condiciones del planeta, a sus nuevos feligreses, a los habitantes de la base USIC y, sobre todo, a la falta de su esposa Beatrice y las noticias que van llegando de la Tierra.

Michel Faber compone un relato desgarrador a todos los niveles. Basándose en una ciencia ficción sobria, seria hasta más no poder, no vamos a encontrar grandes historias sobre imperios galácticos, robots o viajes espaciales. Lo que Faber nos ofrece en El libro de las cosas nunca vistas” es un viaje al interior de la mente humana, un análisis psicológico de cada personaje a través de los ojos de Peter Leight y sus tribulaciones al trasladarse a un planeta extraño y lejano, al sentirse atrapado en el mismo sin posibilidad alguna de salir en un tiempo que no conoce.

Peter Leight vive todas las etapas posibles en su viaje, que también es el del lector. Del miedo e incertidumbre inicial pasamos a una euforia nada contenida en sus primeros encuentros con los habitantes de Oasis. Encuentros que se van alargando en el tiempo del planeta y que posponen los mensajes entre Peter y Beatrice, que llegan incluso a acumularse en el “shoot” (una especie de ordenador que permite conectarse y enviarse mensajes entre planetas) sin que Peter tenga ganas de responder en sus esporádicas visitas a la base. Sin embargo, esa alarma saltará cuando Beatrice, además de sentirse dejada de lado por Peter, comience a relatar la situación de la Tierra y a hacer a Peter plantearse qué está haciendo a millones de kilómetros de su casa.

Michel Faber

Faber juega con la conciencia del lector y la retuerce a lo largo de las más de seiscientas páginas de “El libro de las cosas nunca vistas”. No sólo te lleva de un lado a otro identificándote con unos u otros personajes que van apareciendo en la novela, como los oasianos en su simpleza vital y su aquí y ahora, esa visión de un presente sin futuro, un carpe diem religioso que pasa de la admiración a la saturación. Los habitantes de la base infunden un aire a persona normal que se va disipando cuando Peter se propone o accede a tratar con ellos. Aunque sin duda, Faber consigue crear una ansiedad enorme en el lector cuando comienza a espaciar la lectura de las cartas de Beatrice a Peter. Es en este punto cuando nos damos cuenta de que las cosas en la Tierra no van como deberían, que las catástrofes naturales y otros temas se han vuelto demasiado frecuentes y que todo se está yendo al garete a marchas agigantadas mientras Peter tiene crisis de fe, pero no parece preocuparse en exceso por lo que pasa en su planeta natal. Y eso tortura al lector, que en un momento dado sólo quiere tener noticias de la Tierra, su casa evidente, y que Faber racanea, creando una tensión magistral que impide poner el punto de lectura y dejarlo en la mesita.

Con una sobriedad digna de elogio, sin ningún tipo de floritura, Michel Faber ha creado un libro completamente magistral, una lección de conocimiento del ser humano y sus demonios interiores que se hace atractivo al ser mezclado con una pizca de ciencia ficción necesaria para dar, aunque parezca mentira, veracidad a la historia que tortura a los protagonistas.

Hacía mucho tiempo que no leía algo tan bueno. Mucho que no me enfadaba al cerrar el libro por última vez. Y es que las más de seiscientas páginas se hacen cortas porque Faber ha construido un libro que todos necesitamos leer (puedes comenzar a hacerlo aquí).

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