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Sangre, dolor y sexo en grandes cantidades, una idea algo original y mala publicidad para el ministerio de turismo de Eslovaquia. Más de lo mismo, una buena opción para los que disfrutaron con la primera. |
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Hostel apareció en las carteleras españolas bajo la atenta mirada de los seguidores del cine gore y de casquería, ofreciendo algo que invitaba a ir al cine: una producción de Q. Tarantino, personaje que ha puesto otra vez de moda los revival de las clásicas “horror movies. Estaba dirigida y escrita por una joven promesa del cine de terror y sangre, Eli Roth, quien poseía como antecedente la desagradable (e irregular) Cabin Fever.
Tras esto, ¿qué ofrecía realmente? Un película que encantó y desencantó a partes iguales a los seguidores del cine gore. Sangre, dolor y sexo en grandes cantidades, una idea algo original y mala publicidad para el ministerio de turismo de Eslovaquia. Quizás se echaba en falta un mayor ritmo macabro, al estilo de Saw (al fin y al cabo, las similitudes en un principio eran inevitables), pero…no decepcionó del todo.
Lo que no se puede negar es que fue un gran éxito de taquilla que anunciaba una segunda parte inevitable. Y esta segunda parte es la que llega ahora a nuestras carteleras.
Hostel II comienza donde acaba la primera: con el personaje de Paxtón –superviviente de la primera matanza cinematográfica- escondiéndose de aquellos de los que huía. Pero no nos engañemos, no vuelve a ser el protagonista ni mucho menos.
A partir de este punto, el resto de lo que diga no va a sorprender mucho al lector y futuro espectador de la película. En esta ocasión se utiliza Roma, y no Ámsterdam, como cebo. Escenas de tensión con constantes, personajes desagradables (hombres pesados que tratan de ligar mediante medios violentos, la sensación de que algo malo se aproxima, extrañas personas que parecen tener algún tipo de relación…), y por supuesto, una chica atractiva y de aspecto ligeramente inocente de por medio.
En esta película, el grupo de chicos se sustituye por tres chicas, una joven millonaria de aspecto maduro, su amiga con ganas de fiesta y una tercera, marginada y tímida, que no se lleva bien con la fiestera. Como se puede observar, un alarde de imaginación por parte de Eli Roth. El resto de la película es más de lo mismo, haciendo honor al nombre de “Hostel 2”, el espectador conoce de antemano quien morirá y quien no, las ventajas de la riqueza de la protagonista, quienes son malos y quienes buenos, y el “giro final” que todos esperamos.
Ahora bien, el único punto ciertamente novedoso es el protagonismo de los actores Richard Burgi y Roger Bart, quienes no interpretan ni a secuestradores eslavos ni a víctimas, ellos son los acaudalados excéntricos que pagan por torturar y matar a jóvenes americanas. En esta película se ofrece una mayor visión de la vida y personalidad de los que realmente son los personajes principales del negocio del secuestro, aquellos que pagan para poder secuestrar. Al fin y al cabo, el argumento gira en torno a un negocio para millonarios basado en una “caza de élite” donde el dinero de esos millonarios sustenta el asesinato. Es por esa razón que Eli Roth ha querido ofrecer un mayor protagonismo a dichos millonarios, quitándoles el aura de misteriosos asesinos fríos y anónimos que predominaban en la primera entrega.
Eso sí, no nos engañemos, esta película no es un reflejo de la psicología de unos personajes ni una radiografía a la mente de unos asesinos. Hostel 2 es sangre y sexo. Sexo que, al igual que en la primera entrega, predomina, no de un modo tan explícito en todo momento, pero si teniendo en cuenta que está protagonizada por varias actrices bastante atractivas.
Además, tanto la sangre, la violencia como el sexo, especialmente los dos primeros, aparecen únicamente en momento puntuales. Es un film que destaca por, aun siendo bastante terrorífico y macabro, no abusa de la violencia, ofreciendo las escenas de casquería, así como los golpes de acción, en escenas contadas. El resto de la cinta se aprovecha de dos recursos, la acumulación de intriga a sabiendas de que “algo va a suceder”, y la tensión que el espectador tiene al haber visto la primera entrega y saber que el hostal donde ellas están alojadas, así como los personajes que las rodean, son realmente peligrosos. Además, se trata de un film gore, pero con cierto estilo y “buen gusto”, que no abusa de las vísceras ni de las mutilaciones, de modo que las escenas donde, de un modo explícito, se ofrece sangre, impactan más.
Resumiendo, más de lo mismo. Si te gustó la primera, una buena opción para un viernes por la tarde. Si no te llamó mucho la atención, ni te pases por el cine.
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