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Cristales de fuego, de José Antonio Suárez |
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Space Opera de un autor reconocido, que se ciñe a la ciencia ficción sin mezclarse con la fantasía, con una pizca de ciencia fundamentada y fluida narración. |
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Recientemente tuve la oportunidad de reseñar para esta misma web el título Gel azul, de Bernardo Fernández, “Bef”. Pues bien, Fantasymundo.com agradece a editorial Parnaso que de nuevo le haya hecho llegar su más reciente estreno para así poder nosotros hacernos eco de él.
Aproveché ese momento para hacer referencia a esta editorial granadina cuya colección Vórtice se ha especializado en autores que escriben Fantástico en español, aunque hasta ahora se han tocado más bien variantes o subgéneros de ese palo mayor denominado Ciencia Ficción de la baraja llamada Fantástico y que pretende abarcar la citada Vórtice.
Ahora, pues, no me extenderé en ella; tan sólo quiero añadir que al igual que ya ocurre en otros casos conocidos de nuestro panorama, se debe empezar a ligar Vórtice con su actual editor y responsable, Víctor Miguel Gallardo Barragán. Esta cuestión no es nada baladí ya que la persona que se encuentra detrás de un sello marca el estilo de esa publicación, determinando su devenir e influencia en el sector literario que nos ocupa. Con él, y lo último publicado, se está ratificando una clara línea editorial que apuesta por la variedad y la calidad. El propio Víctor firma la introducción de este número ocho de la colección Vórtice; “el octavo pasajero”, como ha querido denominarlo con ingenio recurrente en su prólogo. Haciendo gala de una gran humildad nos presenta su nueva criatura y desde aquí le propongo que se quite los plomos de buceador de su cintura e hinche el pecho ante la tarea llevada a cabo por esta editorial, donde sacan a la luz un nuevo título que merece todo el respeto.
Creo que lo desearían desde hace tiempo, pero por fin Parnaso cuenta con José Antonio Suárez entre su nómina de escritores. Todo un lujo. Reconozco que como lector tenía una deuda imperdonable con Suárez. Su “Nuxlum” (2000), “Peregrinos de Marte” (2003) y Sombras en Titán (2006) me punzan impacientes con sus argumentos como atractivas lecturas pendientes de este prolífico autor que ha apostado por la novela como su mejor forma de expresión literaria. Tengo leídas muchas reseñas de sus libros y distintas referencias en medios de la Red y, sin embargo, no llegaba el momento. El encuentro ha sido, por fin, con esta aventura espacial, Cristales de fuego (2007, Parnaso), con la que aterrizo en la obra de este licenciado en Derecho nacido en Albacete en 1963 y cuyo apellido ya brilla con luz propia en el género y el fandom. Quien me conoce, sabe que tengo querencia por la space opera y la oportunidad la pintaban calva. Suárez retoma el universo por él creado en “Rebelión en Telura” (2002) y nos impregna con un texto bien escrito, repleto de dosis de acción clásica y salpicaduras de una ciencia ficción a caballo entre un hard fácil de digerir y un sentido de la maravilla atractivo para sus seguidores.
Con ocasión del 30º Aniversario del estreno de la primera de las películas de la saga Star Wars, he tenido la oportunidad de leer y escribir al respecto, y son muchos los textos que inciden en que La Guerra de las Galaxias creó un antes y un después en las aventuras espaciales. No quiero negar esto, y menos en el género de cine y televisión que actualmente fagocita la ciencia ficción, pero no por ello debemos olvidar lo mucho publicado antes de 1977, heredero de las aventuras decimonónicas y de las historias en papel de pulpa del primer cuarto del siglo XX. España en este campo, y es cierto que influenciada por EEUU, tuvo autores propios que editoriales como Silente, o recopilatorios desglosados en sitios web especializados, nos están permitiendo a los lectores y aficionados actuales redescubrir. Pues bien, Suárez parece seguir ese hilo conductor que hace ya décadas se empleaba para deambular por el espacio de aventura en aventura. Manteniendo ese esquema, actualizado ahora con la última tecnología, mezcla los ingredientes habituales del género: una gran corporación biotecnológica, un ejército ávido de poder y presupuestos, intereses económicos planetarios, razas conquistadoras y, en medio, los seres humanos; débiles en ocasiones, depredadores en otras. Todos, desconocedores de una realidad secreta, el descubrimiento de la Constelación negra, que se nos oculta y administra hasta ser desvelada en las páginas finales. ¿Os he contado todo? No. Suárez nos depara alguna sorpresa.
Si tuviera que buscar un paralelismo cinematográfico sería uno más bien similar a Serenity, la cual ha resultado en una cuestionada estadística, publicada recientemente, la película favorita de los aficionados.
La acción se traslada lo suficientemente lejos en el tiempo (siglo XXV) y en el espacio (varios puntos de la Vía Láctea) como para que la historia no se vea protagonizada por la sempiterna influencia de los colores de la bandera estadounidense que todo lo monopoliza. De hecho, la Confederación de seres humanos debe compartir cartel con varias razas a la hora de dividirse el pastel de los mundos colonizables.
El último desarrollo de los viajes mediante saltos cuánticos ha permitido que las distancias se reduzcan enormemente. Humanos, rudearios, drillines, arbineos y narolianos dominan el universo bajo el nombre de los Cinco de Flangaast. Sin embargo, otros muchos se alían bajo las siglas de ALC (Asociación de Libre Comercio) para compensar su menor tamaño e influencia. En medio de estos postulados, nos encontramos con que el planeta Hiloda, famoso por su producción del importante lumenio (los cristales de fuego a los que hace referencia el título) es amenazado por el ataque del Régimen de Kíar, quien ya lo intentó frustradamente diez años atrás.
La historia es narrada por boca de un tapir malayo; un humanimal. Animales creados en laboratorio que, en este caso, ha servido para que se vuelque en su cerebro la matriz de los recuerdos almacenados de un escritor de una famosa franquicia de novelas fantasiosas llamado Simón Daldasarre. De hecho, el tapir/narrador en ocasiones se dirige a nosotros, lo lectores, de forma coloquial apostillando de manera ácida los acontecimientos con su peculiar forma de vivir y pensar. Nos presenta a un hombre mediocre, Cleo, (con el que se verá unido para lo bueno y lo malo en ésta y posiblemente futuras aventuras) recientemente despedido de su empleo, adicto a la ViRed, abandonado por su esposa y fracasado en la vida, el cual cae en las garras de una religión sectaria que abre sus brazos a los incautos que ni tan siquiera saben que un planeta es esférico.
De nada le sirve llevar un implante de felicidad en su cerebro; el líder se hace con su voluntad y le convierte en un esclavo para sus servicios personales, esto es, utilizarlo como técnico informático en la sala de máquinas de su nave. Este ser esclavizante se llama Iqx y es un goffon, representando a su raza en los acontecimientos que rodean a la invasión del sistema Hiloda. Tras completarse la que será la tripulación de la nave Xonxo (Ebo, un viaci sirviente de Iqx, Simón, el tapir, Cleo, el humano, Yrru, un inteligente y desconfiado tleneci, y Shina, una bióloga humana que trabaja vinculada a la empresa Comu, especializada en terraformación), se encadenan toda una serie aventuras que se desarrollan botando de planeta a planeta. Atentados, una nave hallada en un yermo planeta que esconde importantes secretos y la propia guerra alojada en varios sistemas solares, nos hacen avanzar en una historia que no baja el interés aunque éste tampoco llegue a cotas insuperables. Es difícil esa continua tensión por lo ya comentado en ocasiones anteriores, lo muy manido de estos relatos, pero esto lo compensa el autor por cómo ha querido enfocar la narración de la historia y lo ajustado de las páginas.
Suárez, que escribe bien y fluido, sin apabullar pero sin ser mediocre, hace que las 201 páginas transcurran sin ser pesadas, condensa lo que quiere contar e impregna la narración continuamente de reflexiones (compartidas o no, lo ignoro) de temas tan diversos como la adicción a la realidad virtual o, mejor dicho, la extrapolación de lo que hoy en día son los innumerables foros de internet. Se critica veladamente, también, que un avance tecnológico no evite el estancamiento mental de los sedentarios seres que se adormecen ante las facilidades que otros les ofrecen a cambio, claro está, del consiguiente precio contante y sonante.
A la hora de diseñar los personajes, Suárez no se complica entrando a fondo. Dibuja un par de características identificadoras para cada uno y estos actúan ante las diversas circunstancias ciñéndose al guión acorde a lo que se puede esperar de ellos. Las personalidades no presentan dobleces y las relaciones se quedan en la piel exterior, sin profundizar. La trama política, una retahíla de razas y los distintos escenarios se llevan el protagonismo, bajo la batuta del tapir malayo que nos dirige cual guía turístico que ya se sabe el itinerario y las sorpresas que nos deparará el camino.
La trama avanza en una única dirección, adoptando algo más de complejidad (que se agradece) hacia la mitad del libro. A veces el autor fuerza hacia sus intereses el devenir de los acontecimientos, pero este aspecto se ve compensado en una historia que no se alarga de manera infinita como en otros libros. Las escenas de acción del último tercio del libro están bien hilvanadas y todavía se puede disfrutar de escenas plásticas en las páginas de un libro.
El tapir continuamente filosofa con nosotros. Razonamientos de mesa frente a un café, de barra de bar o de asiento de taxi, pero con el interés suficiente para poder sonreír ante la capacidad de observación que tiene Suárez ante temas tales como la eternidad o el trato a los animales. Para ello, el autor hace uso de muchas frases coloquiales de nuestro idioma que hacen la concepción de la obra nos sea más cercana. La conclusión de la historia la resuelve el autor con una solución que no es nueva en el género pero que aquí encaja sin chirriar (dependiendo de la sensibilidad de algunos oídos).
Este título puede engañar en un principio y parecer una de esas novelas de consumo que el protagonista Simón Daldasarre escribía para voracidad de los adolescentes, pero la correcta factura cumple. Su formato cómodo, que se ciña a la ciencia ficción sin mezclarse con otros géneros como la fantasía, sus fundamentos físicos basados en teorías actualizadas y un ritmo de narración fluido con píldoras del estilo personal del autor, le hacen un título a tener en cuenta por aquellos que busquen algo en el género que hemos definido. Quizá el propio Suárez esté calificando su propia obra en la última página del libro de manera un tanto irónica.
Como anécdota final, decir que la numeración de las páginas, al principio, nos ofrece una curiosa correlación: ...9, 8, 11,12,... y, sin embargo, el texto es correcto.
Concluyo como ya lo he hecho en otras ocasiones con libros de similar corte: Cristales de fuego se lee rápido y entretiene. Quien busque esto, ya sabe... por el precio de una película de dvd para el fin de semana te llevas otra forma de entretenimiento que no le hará daño a tus neuronas. Y recuerda dos cosas: cada semana, un libro; y, siempre es un buen momento para regalar a alguien un libro. Vive el placer de la lectura.
(R) Jaime Santamaría de la Torre, junio de 2007.
http://www.escenafinal.com
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