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       Artículo de comics

Gringos Locos


Francisco Javier Illescas   25/03/2016
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     ¿Cuántos de los aquí presentes sabían que Jijé, Morris y Franquin cruzaron el Atlántico para probar suerte en la Disney? Con Gringos Locos disfrutaremos de una fabulación de cómo fue aquel viaje.
Gringos LocosPues sí: en 1948 estos tres gigantes de la Historia de la BD viajaron a los Estados unidos con objeto de intentar conquistar los estudios Disney. Así que tenemos a un Jijé, ya reconocido por su labor al frente de Spirou junto a su mujer y cuatro hijos pequeños, a un Morris que ya dibujada sus primeras historietas de Lucky Luke –aún sin los guiones de Goscinny- y a un perfectamente reconocible André Franquin que todavía no había inventado a Tomás Elgafe ni a Marsupilami buscándose la vida y trabajando para Dupuis desde Méjico a causa de la grave crisis que sacudió los estudios Disney a lo largo de los años 40 a causa de la fuga de talentos hacia otras productoras a raíz de la huelga de 1941.
   
Así que, como ya hemos dicho, cruzan la frontera hacia Méjico, y se establecen en Cuernavaca  (estado de Morelos, a menos de 100 Km del DF). Todo el desarrollo de sus aventuras se enmarca en el típico devenir de una “Road movie” al más puro estilo de lo que habría escrito Jacques Kerouac.

Así que seremos testigos de los éxitos e infortunios de esta variada banda a lo largo de su periplo americano con un estilo desenfadado, novelado e idealizado contado con humor, pero sin malicia.
   
Gringos LocosComo ya estamos acostumbrados a esta pareja consolidada de artistas, se repiten los elementos que ya observamos en la reseña de “El botones de verde caqui”: extremado mimo al detalle, estilo de dibujo “Atoomstiji” (os recuerdo su definición: un subestilo dentro de la línea clara con un toque retrofuturista), y multitud de guiños al lector.
   
¿Y qué guiños hace al lector? Pues bueno, para empezar las caricaturas de los personajes, que recuerdan con precisión a los originales y, si no, comparad: éste es Jijé , éste es Morris , y éste es André Franquin  con su inconfundible napia. ¡Pero no acaba ahí la cosa! Porque también se recrea con precisión a Anne Gillain, esposa de Jijé (cuyo nombre verdadero era Joseph Gillain).
   
¿Y qué más detalles observamos? Bueno, comenzaremos con la recreación del vehículo de los “Gringos Locos”, que se reconoce perfectamente: un sedán de cuatro puertas Hudson Commodore , posiblemente un modelo de 1947, del que se hacen eco de la desagradable tendencia que tenía su potente motor a recalentarse.
   
Gringos LocosLuego tenemos el reflejo de la atención que Olivier Schwartz presta a las vestimentas y uniformidades (y no hablo de esa casi eterna boina estilo “Laulhére” que luce Jijé), como la uniformidad de los dos oficiales de las fuerzas aéreas estadounidenses o el marinero de la primera viñeta de la página 29 (aunque comete un pequeño error de documentación, puesto que el cuello de la marinería estadounidense era azul, no blanco, como podemos ver aquí . Y no nos dejemos aparte los trajes regionales mejicanos, perfectamente visibles en la página 36: la vestimenta de “charro”   -vaquero adinerado mejicano- para ellos y el de “china poblana”  para ellas. Así como los tradicionales bailes “jarabe tapatío”  típicos del estado de Jalisco, pero que han sido adaptados como un símbolo del folklore mejicano. ¡Por cierto! Nota curiosa: el sombrero charro  tiene el ala levantada en la nuca con objeto de que el lazo no se enganche con él en el momento de lanzarlo.
   
Sin embargo, observamos también el uso de muchos tópicos no demasiado bien documentados que, sin duda, se han utilizado como, digamos, contextualización popular para el lector: como los uniformes beige de la policía de Tijuana que, tradicionalmente, ha vestido siempre de azul siguiendo el modelo americano (los que han ido de beige han sido las policías se determinadas municipalidades de Chihuahua y Sonora) o los siempre presentes saguaros , los característicos cactus columnares de las películas del oeste, típicos del desierto de Sonora, pero de presencia testimonial en la baja california norte, a diferencia de los nopales, presentes en toda la geografía mejicana. O, quizás, al empleo de la figura del buitre leonado en vez de la del buitre negro americano , denominado “zopilote” en Méjico. Y, bajo cuyo nombre se desarrolla una historieta de Jerry Spring , de Jijé. ¡Y eso sin mencionar el aparente platónico enamoramiento de Franquin por la esposa de Jijé!
   
Gringos LocosEn cuanto a los guiños para el lector, observamos a un Morris tomando notas para los hermanos Dalton en la página 37 o, ya medio beodo –o beodo del todo- adaptando la canción de Lucky LukeI’m a poor lonesome cowboy”  bailando un remedo de can-can en una pulquería; vemos a un desalentado André Franquin tirando de ingenio para esbozar un personaje que, más tarde, se convertiría en Tomás Elgafe (pág. 40), la génesis de Marsupilami en la mente de Jijé (pag. 38), quizás el primer encuentro entre Franquin y la que sería su esposa en 1950, Liliane Servais, en la página 42, y un montón de trastadas y anécdotas que no hacen más que recordarme más a un ejercicio, digamos, de memoria recreativa al estilo de “Los profesionales”, de Carlos Giménez.
   
¡Ah! Y no nos olvidemos del uso de sus talentos como dibujantes a la hora de representar objetos y personajes cuando han de superar las esperables barreras del idioma. ¡Un punto magistral dentro de la obra!
   
Obviamente, no es historia de la Historia de estos tres personajes, sino una fabulación virada a lo cómico, un divertido homenaje que nos acerca a un episodio relativamente desconocido de la vida de estos tres “Gringos locos” (en contra de lo que el lector pueda pensar, el apelativo “gringo” no se le da únicamente al ciudadano de los Estados Unidos, sino a cualquier extranjero cuya lengua madre no sea el español) de forma divertida y ligera, a la par que llena de detalles.
   
Gringos Locos

No obstante, para los “puristas”, este tomo de 64 páginas en cartoné que nos brinda Dibbuks incluye 13 páginas con multitud de puntualizaciones y aclaraciones más históricas, así como un completo archivo fotográfico.
   
Lo triste de esos extras, independientemente de la interesantísima información que aportan a través de una entrevista a Yann y de los recuerdos de los hijos de Franquin y Jijé, parece ser que estos últimos no quedaron del todo contentos con el enfoque que se le ha dado al periplo americano de estos tres gigantes de la historia de la BD, así que emplearon estas páginas como una especie de “derecho de réplica” sobre la obra.
   
Me resulta muy interesante que podamos aproximarnos a la Historia real a través del testimonio de quienes la vivieron o, en el peor de los casos, de los que la conocieron de labios de quienes la protagonizaron, pero es a la vez lamentable: ¿Acaso estos descendientes no se dan cuenta de que tenemos entre manos un bonito homenaje realizado de forma ligera y que llega a todo el mundo? John Ford (utilizo este ejemplo ya que en el cómic aparece un auto-cine en el que proyectan “El tesoro de Sierra Madre”, un clásico del cine del oeste de 1948  –aunque sea de John Huston-) dijo al respecto  a través de “El hombre que mató a Liberty Balance” que “cuando la leyenda es más bella que la realidad, imprimimos la leyenda”, y es precisamente eso lo que se ha hecho en este cómic.
   
Gringos LocosTambién me da la impresión de que es una obra que está aún por completar. Es autoconclusiva, sí, pero deja muchos interrogantes en el aire. ¿Estará en ese mismo aire un segundo tomo de esta historia?
   
En todo caso, lo que os decía: un imprescindible para todos aquellos amantes tanto de la BD como de su Historia. Este cómic os invitará a profundizar sobre este poco conocido aspecto de la Historia de la historieta francesa, así como sobre estos tres bien (acabo de hacer un juego de palabras hispano francés: “Tres bien”, y a la vez son tres. ¿Lo pilláis? Y es  ahora cuando huyo haciendo la croqueta…) representados gigantes de la historia del cómic.

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