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       Artículo de literatura

Colosseum. Sangre en la arena, de Simone Sarasso: fuerza y honor


 Historia
Jorge Lara Gómez   15/07/2014
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     La historia de los gladiadores de Roma contada de forma diferente: desde el principio, desde que el esclavo es tan solo arcilla por modelar hasta terminar siendo un cruel asesino y un dios de la arena.
Portada ColosseumTomemos prestados a Cronos, el dios del tiempo, un par de minutos para analizar la portada y título del nuevo trabajo de Simone Sarasso. En la portada vemos lo que a todas luces parece el coliseo de Roma, con todas sus gradas llenas como manda la tradición del Imperio: senadores y vestales en las primeras filas, los caballeros justo tras ellos; en las gradas los ciudadanos varones de cualquier clase social y en lo más alto, en el gallinero, los extranjeros, los esclavos y las mujeres, el perfume de Roma.  En la arena vemos dos parejas de gladiadores, mirmillones paracen. Se baten el cobre y la vida para divertimento de los allí reunidos para degustar su ración de circo, del pan de momento no se acuerdan. En el centro de la foto, destacando por completo, la imagen de espaldas de un quinto gladiador, gladio en mano y pose desafiante, modo “aquí estoy yo”, dirigido, supongamos, hacia el pueblo de Roma. Y ahora detengámonos en el título: “Colosseum. Sangre en la arena”, lo que nos da pistas (más que fiables a tenor de lo que reflejado en la sinopsis) de que lo que nos vamos a encontrar en esta novela de 412 páginas encuadernadas en tapa dura, es por una parte, la historia sobre el comúnmente conocido como Coliseo de Roma (o “Colosseum”, llamado así por una gran estatua, el Coloso de Nerón, que ya no existe, ubicada junto a él) pero originalmente denominado Anfiteatro Flavio en honor a la Dinastía Flavia de emperadores que lo construyó, y que en esta novela tomarán el cuerpo de los hermanos Tito y Domiciano, hijos del emperador Vespasiano; y por otra, las luchas a muerte (por lo de "Sangre en la arena") entre los Dioses de la Arena, es decir: los gladiadores.

Pues bien, mi sorpresa ha sido mayúscula -y no precisamente agradable- al comprobar que lo que encierra es más arena que sangre. Por resumirlo de alguna manera, se decía varios siglos atrás que la grandeza de Roma se medía, en otras cosas, por la cantidad de cuerpos amontonados en sus calles, y eso esperaba yo encontrar: luchas salvajes a cara de perro entre asesinos hechos a base de cincel y martillo, peleas entre animales salvajes, carreras de caballos y de carros, ¡naumaquía!... en definitiva, sangre para el Dios de la Sangre, pero me he dado de bruces con mucha arena, la compactada bajo los pies del protagonista, en su interminable odisea hasta encontrar su destino.

No es esta una novela donde la acción fluya por sus líneas. Más bien es la historia de cómo se construyó una de las siete maravillas del mundo moderno, como influyó en la sociedad romana y como un joven britano arrancado por la fuerza de su pueblo, llegó a convertirse en aquello que más ansiaba: un venerado gladiador.


Colosseum. Sangre en la arena”, del italiano Simone Sarrasso (Planeta, disponible en FantasyTienda) me ha dejado un sabor bastante agridulce, a la par que ha generado en mi, durante su lectura, bastantes sentimientos encontrados, siendo el de “tedio” el más duradero, solo viéndose superado por el de “emoción” en el último cuarto del libro. Y es que durante gran parte del tiempo que he invertido en su lectura, y sobre todo debido a las declaraciones impresas en portada y contraportada: “Deslumbrante” dice Santiago Posteguillo (autor de la Trilogía de Trajano, cuyas dos primeras entregas publicadas por Planeta: “Los asesinos del emperador. El ascenso de Trajano” y “Circo Máximo. La ira de Trajano” están disponibles en FantasyTienda) o “Sarasso escribe con un estilo adrenalítico” y “Dinámica, sorprendente e insólita” de diversos medios italianos, me he llegado a preguntar si no estaría yo leyendo otra novela, porque lo que aquí se puntualiza como “insólito” o “sorprendente” no es nada que no hayamos visto ya en “Ben-Hur”, “Gladiator” o “Espartaco” por citar algunos ejemplos y más bien parece una mezcla de todas ellas, con lo que el extracto de una de las frases promocionales: “la historia de los gladiadores de Roma como nunca la habían contado” está un tanto carente de consistencia –siendo generosos– y más bien es un “como pocas veces se ha contado” o "reunido en un solo volumen", ya que, por lo menos yo, no he descubierto nada nuevo en la novela que no supiera ya, a excepción de los distintos tipos de gladiadores: tracios, mirmillones, hoplómacos, secutores, reciarios, crupellarios, provocadores, andábatas o bestiarii, entre otros, o ciertos detalles sobre los protagonistas.

Gladiadores de Roma

Pero sin duda es con la serie de televisión  “Spartacus” con la que esta novela comparte más similitudes, a saber: tenemos a un bárbaro, un hombre libre (llamado Espartaco, o como en la novela, Vero) que asiste impotente a como el ejército romano aniquila a su pueblo, hecho prisionero y vendido como esclavo y que tras varias peripecias recae en un Ludo (el Argénteo de Decio Hircio en la novela), donde será forjado a golpe de látigo, de salvajes entrenamientos de sol a sol a base de patadas y puñetazos, espadas de madera para fortalecer los músculos, con sica y tridente, poco agua y aún menos comida por el “doctore”, aquél que descubrirá el talento innato y oculto de cada asesino, para finalmente convertirse en un gladiador de pleno derecho tras proclamar el Juramento y con las credenciales suficientes para pisar la arena del esplendoroso coliseo romano y dejarse la piel, la sangre y seguramente la vida en él.   En el ludo, forjará una amistad con otro esclavo, un galo llamado Prisco (este sería Criso en la serie) que inicialmente será su Némesis pero que terminará siendo un hermano para él, inseparables, una unidad indivisible (veremos si es así): Vero y Prisco, mirmillon y tracio, britano y galo. Tampoco faltará a la cita, como en la serie, el hombre libre que entra a formar parte del ludo para poder llevar unas monedas con las que alimentar a su familia (Sergio, que en la serie sería Varro y llegando a compartir hasta casi los mismos rasgos físicos entre ambos).

Sin embargo, y para mis lamentos, ahí terminan las principales similitudes (hay algunas más pero esas las tendrás que descubrir tú) entre ambas. Eso odio que supura por todos los poros de la piel, esa sed de venganza grabado a piel y fuego contra el Imperio de Roma, está prácticamente ausente en el protagonista, y también son menos las escenas de batalla, los combates a muerte en la arena, la acción, la violencia explícita o el sexo desenfrenado propios de la época y del grandioso escenario. Si hubo un motivo principal por el que me tiré con el cuchillo entre los dientes a por esta novela fue por la promesa que rezaba en el título: “Sangre en la arena”, y autor ha utilizado mucha, arena: toda la necesaria para la construcción del recinto más grande del mundo (el coliseo), o de las villas, o de los ludos, allí donde se respira violencia y se devuelve terror… Simone Sarasso no repara en gastos, en forma de palabras, para explicarnos, con pelos y señales, los detalles arquitectónicos de todas ellas, los materiales utilizados, el estilo artístico de la decoración, las formas geométricas de las piedras, el origen de la madera, etc., sin embargo, de lo “otro”, de la sangre, de lo que se supone que va esto (los gladiadores), hace más hincapié en explicarnos su origen divino, sus tipos, vestimentas o su vida bajo el yugo de los lanistas, que a los combates entre ellos, y es éste el motivo principal de que “Colosseum” no me haya convencido o disfrutado.

Imagen Simone Sarasso

No digo que todo lo anterior no resulte interesante, llamativo o fidedigno en la novela de Sarasso, que lo es, ¡Todo es asombroso en la casa del Imperio!. O que no esté bien documentada (incluso en el lenguaje utilizado), que lo está, no olvidemos que Simone Sarasso es un autor multigénero de reconocido prestigio y no es ésta su primera incursión en la historia de la antigua Roma (ya publicó el año pasado, también con Planeta, “Invictus” sobre Constantino, el emperador guerrero). Es más, los que conozcan la historia sobre Vero y Prisco, considerados como dos de los diez gladiadores más emblemáticos de la antigua Roma, encontrarán una novela acorde con la historia conocida a través del poeta Marco Valerio Marcial, quién también aparece en “Colosseum” (como algún que otro famoso gladiador). Lo que intento dejar claro a los posibles interesados, es que no es lo que se nos “vende” a través de la promoción o el aspecto exterior de la novela. Otros puntos que flaquean son frases como “A Vero se le está escapando el pipí” (desconozco si es traducción literal del original), que no ayudan precisamente a interiorizar en el lector el carácter rudo, salvaje y asesino que poseía un gladiador, o el uso continuado y repetitivo de “latinismos” (sin notas al pie o glosario de términos que expliquen su significado) que pasa de ser curioso a ser molesto.

Esta es la historia de Calgacos, “el que posee la espada”, el siervo obediente del hierro, del fuego y del martillo. Calgacos acaba de emprender el viaje de su vida en contra de su voluntad y lo primero que le ha arrancado la maquinaria bélica de Roma es su propio nombre: el bárbaro Calgacos ha muerto para renacer como el esclavo Vero. Esta es la historia de un esclavo que avanza despacio, un paso tras otro, sin preocuparse de carceleros ni de cansancio ni de su propio destino, lo único que desea es morir. Un manto negro protege y oculta su alma hasta que conoce a Prisco, el galo. Prisco es viento helado que sopla del Ártico, Vero es lava incandescente. Pero esta es también la historia de la construcción de un titán de roca y arena, de tela y sangre, de violencia y sexo, del anfiteatro más grande que nunca se haya construido en el universo entero y que albergará durante cien días seguidos los más grandes juegos que el mundo haya conocido jamás, y a los que Vero y Prisco serán invitados de honor, el punto álgido de las celebraciones. Ambos serán obligados a mostrar su verdadera naturaleza, bajo la atenta mirada de Tito Cesar Augusto, quien decide quién vive y quién muere, porque en la arena solo existe una ley: “O todo o nada”… pero ¿y si se negaran a luchar? El desafío ha comenzado y desde hoy Roma no será la misma.

Foto Cosieo de Roma

Grge_dixit: Como novela histórica funciona perfectamente, incluyendo varios episodios que harán las delicias de los “degustadores” de este tipo de género. Como novela de acción trepidante, cojea como un caballo con tres herraduras.

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