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       Artículo de literatura
El Triángulo D, de Manuel Buil
Jaime Santamaría   30/07/2010
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     Comicidad absurda no exenta de crítica, personajes paranoicos danzando entre la poca lucidez que les quedan a otros, cultura pop cañí y yanqui por doquier (con videoreseña).
Portada de El triángulo D, de Manuel BuilNovela de pequeña tirada que ha funcionado fenomenal en su distribución y que añade un título más al ya extenso del Grupo AJEC antes del parón veraniego.

Ya sabéis que las críticas se publican pasadas unas semanas, o incluso meses, desde la puesta en circulación de los libros. Pues bien, al mes siguiente ya se pueden ir descubriendo por ahí opiniones muy favorables respecto a "El Triángulo D" (disponible en FantasyTienda) que gusta y entretiene. Por lo tanto, ya os he descubierto que este libro aprueba, aunque a continuación os descubriré más detalles y haré mejor énfasis en sus puntos fuertes.

El autor, Manuel Buil, nació en Zaragoza en 1968. Es licenciado en Ciencias Geológicas por la Universidad de Zaragoza y entre otras cosas, ha sido profesor de Biología y Geología en Madrid, Zaragoza y Huesca.

En "El Triángulo D" tenemos una obra de aventuras y ciencia ficción dura, pero sobre todo de humor.

En 2001, recibió el Primer premio del concurso de relato corto "Multicaja Huesca 2001" y en 2002 fue galardonado con el premio "Félix de Azara" de la DPH por "Ríos y riberas del Somontano. Unidad didáctica para secundaria". Si bien tiene publicados varios travajos de divulgación científica, este profesor se ha animado con la Ciencia Ficción, influenciado por autores tales como William Gibson o Bruce Sterling de los que comentó en un medio público, “ya me gustaría a mí parecerme…”.

Manuel Buil se estrenó en 2002 con “Los sueños del Canciller”. Se trata de un relato de Ciencia-Ficción, con toques de humor y sátira política, con Aragón como uno de sus ejes conductores. La novela trata de lo acontecido tras el impacto de un meteorito devastador, obligando a los restos de la humanidad a sobrevivir en un puñado de colonias orbitales. La mayor parte de los evacuados, no llegó como personas de carne y hueso, sino como copias informáticas de sus mentes a bordo de soportes digitales.

Bel XVI, detestable excanciller de Aragón, ha descubierto la existencia de una secta que amenaza a la especie humana, remendada y cada vez menos humana. Él y los suyos protagonizan una carrera contrarreloj para desbaratar los objetivos de la secta y de paso, llevar a cabo planes no tan altruistas



Pues bien, ahora en 2010, Buil nos sorprende con un texto que esconde muchas sorpresas. La trama se ambienta en un futuro cercano. Tiempos de preguerra y epidemias en el mundo desarrollado, donde los mapas no son como los conocemos ahora, en parte por el cambio climático, y en parte por cómo ha reordenado los países el escritor.

Un software proverbial, Doris, predice en su enésima simulación en el Cal Tech que una monumental obra de ingeniería espacial, un ascensor espacial todavía en construcción, terminará en desastre. La doctora Mary Trini Merton, así como sus demás colegas (Otto Guevara, Tsumura y Ramachandra) no pueden darle crédito. Predecir el fracaso de la mayor obra de la humanidad es demasiado y los puede poner de patitas en la calle si se entera su cliente, la US Space Elevator. Presentarse con ese informe ante ellos, que están forrándose a base de vender espacios en la babilónica torre al calor de la especulación inmobiliaria, no es una buena idea.

No obstante, la pregunta sigue en el aire: ¿Está Doris en lo cierto, o acaso el Programa es perfecto y por ello mismo cabe la imperfección?

Acaba, pues, de empezar en el Instituto de Investigación en Computaciones avanzadas del Cal Tech de San Bernardino (California) una aventura en la que se ven envueltas tres personas sin conexión aparente entre ellas, pero que están siendo pasto de extraños trastornos mentales. Entre ellas, Mary Trini, creadora de Doris, la cual, sin quererlo, se convierte en una heroína, si se la puede denominar así.

Otro personaje antibondades es Joao Cabeça. Un cirujano estético de cuya mano descubriremos no sólo a su peculiar novia y la sociedad pija entre la que se mueve, sino una desconocida Portugal y una Nueva Oporto que más bien parece Gotham City, en especial si deambulamos por entre las oscuras y peligrosas calles del viejo Oporto, una pesadilla a la que Cabeça recurre cuando se aburre.

Tráfico de órganos, contaminación abusiva y destructiva, realidad virtual, nanotecnología, los estragos de una superpoblación, alimentación de diseño (artificial y en masa), cirugía estética llevada al extremo, y un toque espacial son algunos de los temas recurrentes que Buil toma prestados para su trama, un poco fuera de lo corriente en cuanto al tratamiento, que me ha recordado en parte al frenético “Madrid” de Daniel Mares. Respecto a la historia en sí creo que tampoco le importaba demasiado al autor ser original, sino sorprendernos con su receta, que cumple al hacer muchas referencias al suelo patrio.

Manuel BuilLas ansias por descubrir qué les está ocurriendo lleva a los personajes, pues, a lugares como Oporto, California, Levante y Aragón (su subsuelo diría yo), el ciberespacio y la órbita terrestre. Todo ello en medio de un futuro poco halagüeño con una humanidad cada vez menos humana.

Las indagaciones de los tres personajes conducen al descubrimiento de una trama mil veces más turbia de lo esperado y a una carrera contrarreloj para desbaratar una conspiración neocón que puede acabar con todo rastro de civilización. La política y los militares, claro, no podían faltar, con el habitual tufillo del dinero de por medio, que corrompe todo lo que toca.

En "El Triángulo D" tenemos una obra de aventuras y ciencia ficción dura, pero sobre todo de humor. 24 capítulos que empiezan al más puro estilo Michael Critchon y que es reciclado al pasar las páginas por una bocanada de incorrección, situaciones grotescas (a veces demasiado), sátira política y personajes desquiciados. De hecho, el último tercio de la aventura encadena un frenesí que se excede, pero que uno admite si se hace cómplice del autor y del paisaje que nos ha pintado.

Hay que creerse su planteamiento, sus estereotipos que aquí desbordan en eso, clichés, y a unos personajes secundarios que en ocasiones destacan sacando cabeza. Efectivamente, mención aparte requieren esas viejas glorias espaciales a punto de jubilarse que se alían con Mary Trini y el capitán Terranova, que busca a su hijo Ray Abelardo. Así, al final, tendrán nuevas batallas que contar en el bar Madigan de la ISS donde se reúnen para evocar tiempos pasados más humanos.

Comicidad absurda no exenta de crítica, personajes paranoicos danzando entre la poca lucidez que les quedan a otros, cultura pop cañí y yanqui por doquier. Ésta es la propuesta de Manuel Buil, un vodevil cienciaficcionero para el verano. Que ustedes se lo pasen bien y... descubran si efectivamente se va a caer o no el famoso ascensor de marras.


(R) Jaime Santamaría de la Torre, julio de 2010.
info@escenafinal.com
http://www.youtube.com/user/LanarkMcKlaor
http://galaxiabidena.blogs.scifiworld.es

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