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Cuando se muestran detalles de la gente que había por debajo de reyes, emires y condes, es cuando se nota algo vivo y fascinante y no sólo la cruz contra la media luna. Es una pena que no se aplique este interés al emirato de Córdoba. |
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Cuando alguien empieza a escribir un libro de historia con las palabras "Pese a quien pese", probablemente traiga consigo un bagaje considerable. Y este es el caso de José Javier Esparza, escritor, periodista y divulgador que empezó en 'ABC', fue director de gabinete del Secretario de Estado de Cultura con el PP entre 2000 y 2004 y ahora está en la COPE, donde dirige y presenta el programa cultural nocturno 'La estrella polar'. Se ha declarado a favor de los movimientos pro-vida (esto es, contrario al derecho al aborto), a favor de la objeción a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y, en fin, abiertamente católico. Lo cual tiene su importancia cuando se escribe un libro que cuenta más de 200 años de guerras entre moros y cristianos.
El prólogo empieza diciendo que "pese a quien pese, la Reconquista es uno de los procesos más fascinantes de la historia universal", lo cual es bastante neutro, excepto por el "pese a quien pese", que no le estaba disputando nadie. Continúa diciendo que "ningún territorio ocupado por el islam tras su prodigiosa expansión en los siglos VII y VIII fue capaz de expulsar a los invasores". Y es así como se ve su relato de los hechos: el islam era una fuerza de ocupación y se cuenta la historia de los que, habiendo invadido ellos antes el mismo territorio, fueron "capaces" de echarlos, cosa que otros no fueron capaces de hacer. Se llama españoles a los cristianos sólo, a pesar de que en pocos años, desde la segunda generación de "invasores" en adelante, los musulmanes eran también nacidos en España. La llegada al poder de Abderramán I en 756 es calificada, en primera persona de plural, como "lo peor que podía pasarnos, a saber, que apareció un musulmán con visión de Estado".
Lo mejor del volumen es la claridad de la organización y lo bien explicados que están los hechos. También es atrayente el interés por cómo se iba construyendo un nuevo reino hechos por "asnos salvajes" a partir de una cultura sensiblemente inferior a su rival.
Más adelante se escribe: "Contra lo que dice el tópico, el islam no fue nunca tolerante en España (...). Como hoy es costumbre dar la vuelta a todas las cosas, no faltan reconstrucciones de la historia que niegan la persecución islámica y denuncian el fanatismo cristiano. Es una forma torcida de ver las cosas: la realidad es que a aquellas tierras, que eran cristianas, había llegado una religión nueva que pretendía sepultar a la tradicional". Hablando sobre los mártires de Córdoba a mediados del siglo IX se dice: "Este episodio resulta hoy bastante políticamente incorrecto. Al discurso dominante le gusta más imaginar un Al Ándalus pacífico, de convivencia tolerante entre todas las religiones. Es una imagen bonita, pero es una imagen falsa. La verdad es más bien esta otra. Primero, que la España cristiana, romana y goda no se abandonó al nuevo poder musulmán, sino que le plantó cara incluso en su propia capital, Córdoba. Segundo, que para esa resistencia fue crucial el elemento religioso: los españoles sabían que eran, ante todo, cristianos, y que ése era el rasgo de su identidad que había que defender. Tercero, que en la defensa de su fe que en la defensa de su fe no retrocedieron ni siquiera ante el martirio y, aún más, lo abrazaron deliberadamente, a pesar de la cobardía disfrazada de prudencia de quienes apostaban por someterse al islam. Ésa es la enseñanza histórica de los mártires de Córdoba: fue la España que resistió al islam."
Toda una declaración de principios: convertirse, de grado o por fuerza, es algo cobarde, y la religión es el rasgo de identidad esencial de los españoles (de nuevo, los españoles son los cristianos), por encima de familia, posesiones, lazos de sangre o matrimonio, lugar de nacimiento o de residencia, o la mera necesidad de preservar la propia vida de uno.
Teniendo en cuenta que durante todo el relato aparecen numerosas sublevaciones y luchas internas tanto entre moros como entre cristianos (y seguramente una de las cosas más fascinante del libro son los Banu-Qasi de Aragón, cristianos conversos al islam que miraban por sus propios intereses y pasaban mayormente del control cordobés, aliándose con musulmanes o cristianos según les fuera bien), habrá que concluir más bien que la religión no debía ser el interés único del pueblo y sus gobernantes, cuando se enfrentaban correligionarios unos contra otros con cierta frecuencia.
Sin embargo, a pesar de estas notas que de vez en cuando se ven repartidas por el libro, en su gran mayoría el texto sigue el viejo esquema que define la historia como una sucesión de sucesos sucedidos sucesivamente: desde principios del siglo VIII hasta mediados del X, asistimos a ataques anuales de unos sobre otros cuando llega la primavera (llamados razias o aceifas), batallas más o menos ciertas históricamente, subidas de nuevos reyes y emires a los tronos de Oviedo y Córdoba, florecimiento de varios condados y marcas, nacimientos, muertes, fundaciones de conventos y demás fechas importantes. En este sentido el relato, cuando se ciñe a los hechos, está muy bien contado, y se puede navegar bastante bien en el mar de Alfonsos, Muhammads, Fruelas, Ordoños y Abderramanes que se suceden unos a otros continuamente. Sólo hay que indicar un par de tics, seguramente heredados del programa radiofónico del autor.
Uno es las continuas recapitulaciones tras cada apartado, que a veces son útiles cuando volvemos a un lugar o situación que no se ha mencionado en varias páginas, pero no tanto cuando el primer párrafo de un apartado resume el último del justo anterior. La labor de corta y pega de guiones radiofónicos se podría mejorar un poco en este sentido. El otro tic es el anunciar algo que "vamos a contar más tarde, en su momento". Casi se puede oír en voz baja "después de la publicidad". Señor Esparza, ya tenemos el libro, no hace falta que nos ponga zanahorias delante para mantener la audiencia. Tranquilo, no va a perder usted su share si alguien deja de leer.
A esto se une otro tic, seguramente procedente de revistas de divulgación histórica, para las que el autor también ha escrito, que es el continuo hacerse preguntas en nombre del oyente/lector y responderlas a continuación. Los moros. ¿Quiénes eran los moros? El conde se rebeló. ¿Por qué se rebeló el conde? Se descubrió la tumba de Santiago. ¿Cómo fue este descubrimiento?
Por último, decir que con la excusa de que es un libro de divulgación, no hay notas ni a pie de página ni al final, y se da una bibliografía de sólo una decena de títulos. Durante la narración a menudo no está muy claro de dónde sale tal o cual afirmación o descripción. Se mencionan de pasada los títulos de algunas fuentes, como crónicas medievales, pero casi siempre se deja todo en un "según dice la tradición", o "según cuentan las crónicas", sin especificar cuál lo dice ni dónde. Parece que hay gente que piensa que si un posible lector hojea un libro y ve notas a pie de página va a salir huyendo.
"La gran aventura del Reino de Asturias" (La Esfera de los Libros, disponible en FantasyTienda) ha tenido bastante éxito, van más de siete ediciones entre noviembre de 2009 y marzo de 2010, y según el autor, cuando ha ido a firmar en público, hay gente que se le lleva varios ejemplares de una tacada. Está prevista una continuación para verano de 2010. Aparte, un sobresaliente para los autores de la portada, con ese guerrero de barba lobuna, ojos verdes, cruz en ristre (acompañada de collar tribal pagano, que lo celta vende mucho) y sol que empieza a deslumbrar por entre las montañas al fondo.
Lo mejor del volumen es la claridad de la organización y lo bien explicados que están los hechos. También es atrayente el interés por cómo se iba construyendo un nuevo reino hechos por "asnos salvajes" a partir de una cultura sensiblemente inferior a su rival. Como ocurre a menudo en estos tiempos, e incluso más antiguos, a veces sabemos muy poco de un rey o batalla determinados, pero por azares del destino nos llegan detalles de repente de un simple campesino a quien le es concedida una tierra, y sabemos su nombre y el de su esposa e hijos, o una tumba de piedra nos deja constancia de la edad de quien murió bajo ella y en qué año ocurrió. Cuando se muestran estos detalles de la gente que había por debajo de reyes, emires y condes, es cuando se nota algo vivo y fascinante y no sólo la cruz contra la media luna. Es una pena que no se aplique este interés con igual ahínco al emirato de Córdoba.
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