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A Diez Mil Años Luz, de James Tiptree Jr.
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| Jaime Santamaría 11/06/2010 |
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Tendréis más de una oportunidad de dejaros sorprender por la autora mientras ésta especula con cómo se podría plantear una verdadera interacción con otras especies alienígenas. |
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En 1967, James Tiptree Jr. sorprendió a los aficionados conquistando el panorama de la ciencia ficción estadounidense. Con sus relatos y novelas impresionó al mundo literario por sus temáticas y frescura de ideas, inusuales hasta aquel entonces.
Bajo este pseudónimo se escondía la escritora Alice B. Sheldon. Nacida en 1916 en el seno de una familia de espectro intelectual, desempeñó un gran número de trabajos, entre ellos artista gráfica, crítica de literatura, y –con la Segunda Guerra Mundial– trabajó en el grupo de fotointeligencia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Tras finalizar la guerra entró a trabajar para la CIA, aunque en 1955 abandonó para retomar sus estudios universitarios. Completó la carrera de Arte y posteriormente se especializó en Psicología Experimental.
A partir de 1967 comenzaría su carrera como escritora de ciencia ficción, si bien su primera historia apareció publicada en el New Yorker en 1946. Empezó a usar el pseudónimo Tiptree –tomado del nombre de un tarro de mermelada–, que usó hasta bien entrados los años 70.
Los quince relatos contenidos en “A diez mil años luz” (AJEC, disponible en FantasyTienda) supusieron en su momento la mejor antología de debut de un escritor de ciencia ficción.
Y desperté aquí
Las nieves se han fundido
La apacibilidad de Vivyan
Mamá vuelve a casa
Socorro
Sabio en el dolor
Os somos fieles, Terra, a nuestra manera
Las puertas del hombre dicen hola
El hombre que volvió
Una eternidad en la bahía de Hudson
Te estaré esperando cuando la piscina esté vacía
Soy demasiado grande, pero me encanta jugar
Nacimiento de un viajante
Madre en el cielo con diamantes
Súbenos a casa
Historias ya publicadas en español como “Y me desperté aquí…”, “Madre en el cielo con diamantes” o “El hombre que volvió”, junto con otros relatos traducidos por primera vez para esta antología como “Te estaré esperando cuando la piscina esté vacía”, “Os somos fieles, Tierra, a nuestra manera”, o “Las nieves se han fundido” son ya auténticos clásicos de la ciencia ficción y demuestran todo el potencial que Tiptree llegaría a alcanzar en obras posteriores.
Son quince relatos que están llenos de atrevimiento, intriga, romanticismo, el conocimiento último de que la muerte está al final, pero también, y sobre todo, esperanza.
Sea como fuere, esta antología es una alternativa perfectamente válida y recomendable para diversificar lecturas, pero que exige del lector un nivel avanzado de atracción por la Ciencia Ficción. Sólo así se podrá degustar correctamente.
Con el pseudónimo de James Tiptree Jr., la escritora Alice B. Sheldon se convirtió durante 20 años en uno de los escritores más reconocidos de ciencia ficción de los Estados Unidos (desde 1967, año en que empezó a publicar, hasta su muerte en 1987).
“A diez mil años luz” fue, pues, su primer libro publicado, en 1973, y reunía los mejores relatos que había editado hasta entonces. Como mencionábamos, ha permanecido inédito en español hasta ahora.
Aunque se sospechaba que Tiptree era un pseudónimo, sus colegas nunca sospecharon que podía tratarse de una mujer, aunque el descubrimiento de su verdadera identidad nunca mermó su fama o elogios.
Tras la muerte de su marido en 1987, Sheldon decidió suicidarse al mismo tiempo, aunque no era su primer intento de tomar esa decisión. Aparecieron ambos muertos en su casa de Virginia. Tenía 71 años.
En su extensa obra –compuesta fundamentalmente por relatos cortos– Sheldon fue una escritora ecléctica, cultivando gran variedad de géneros y estilos, tomando tanto elementos de la ciencia ficción más científica, como de la social, y añadiendo elementos experimentadores que estaban en alza en esos momentos con la llamada “Nueva Ola”. Si bien muchas de sus historias tenían claras reminiscencias del space opera o las historias pulp de los años 30 y 40, pero con un tono mucho más oscuro y a veces desesperado, lo que más las caracterizaban eran el deseo sexual (sublimado muchas veces entre humanos y alienígenas), el libre albedrío y el determinismo biológico.
Este amplio perfil biográfico que se nos ha facilitado nos propone, pues, una mano dispuesta a trasladar todo ese bagaje vital a las más fantásticas historias. Es decir, no sólo no debéis perder de vista el libro que nos ocupa hoy sino lo que esta escritora publicó después.
Normalmente, mis reseñas de libros-compendio de relatos cortos suelen girar en torno a la impresión general que me queda tras leer la última página. Sí es cierto que en ocasiones tomo notas y trato de resumir el argumento de las historias, pero en esta ocasión parto de la base de que este libro, singular por varios aspectos que ahora os desarrollaré, me ha dejado buen sabor en general.
Cuando se mezclan tan distintas historias y se salta de una a otra, en ocasiones en la misma sentada, pues te queda una impresión de batiburrillo. ¿Qué ocurre? Que a veces el nivel es tan alto en las historias que te dices, “paso de sorpresa a sorpresa, qué gozada”. Aunque no te quede un poso completo en el recuerdo de cada historia, sí puede ocurrir que su tronco principal no lo olvides. Eso ocurre mucho con los clásicos o los publicados de manera suelta en revistas (aprovecho para recordar a la versión española de “Asimov” o “Galaxia”, esta última con sello español cien por cien).

Aquí, sin llegar a extremos, es lo que me ha ocurrido, que el tono general me ha satisfecho porque he disfrutado de una fantasía desbordante en medio de los más diversos escenarios, muchos arquetipos acuñados en esa época. Han quedado en mí imágenes de alienígenas tomando su primer contacto con la Tierra, una carrera multiestelar en plan Gran Derby de Ascot pero elevado a la categoría de deliciosa locura, historias de amor donde los amantes sufren o gozan a veces separados por distancias insalvables,… estamos hablando de Ciencia Ficción a caballo entre el clasicismo de las décadas anteriores a los años 70 y esa “Nueva Ola” que se estilaba en el momento de edición de este libro.
Entonces… ¿hay alguna pega? Pues que en algunos relatos, no sé si por culpa mía (a veces determinados textos requieren una lectura más serena), tenía la sensación de estar perdido. Era como si la narración no estuviera bien cosida y mi interés fuera fácilmente evaporable. En otras ocasiones, simple y llanamente la escritora traslada sus pensamientos y se evade de tal manera que se olvida que estamos junto a ella. ¿Será éste un síntoma de su bisoñez en el momento de escribir estos relatos o es que tanto han influido el que hayan sido dos los traductores y uno no tiene color frente al otro? El editor en una nota pública algo anticipó al respecto, por lo que sigo dando todo mi crédito a la autora.
Con “A diez mil años luz” tendréis más de una oportunidad de dejaros sorprender por la autora mientras ésta especula con cómo se podría plantear una verdadera interacción con otras especies alienígenas, hasta en los aspectos más íntimos o simplemente, sociológicamente hablando, con sentimientos la plasmación de sentimientos de... ¿Amenaza? ¿Esclavitud? Todo teñido en ocasiones de desesperanza.
Imaginar un mundo postapocalíptico, la cara más siniestra de lo profundo del ser humano, qué ocurriría si no se padeciera el dolor de un viaje infinito, cómo se sentiría un ente alienígena transformado en humano, paradojas temporales, amores rotos, mensajes encubiertos de pacifismo y homenajes a las aventuras de siempre,… todo esto es lo que encierran los relatos seleccionados.
Pero la guinda se la lleva el relato “Os somos fieles, Terra, a nuestra manera”. ¿Habéis visto “La bruja novata”? Allí hay una isla habitada por animales y juegan un partido que es una locura. Pues bien, aquí, en Mundocarrera poco más o menos pasa lo mismo pero elevado a la enésima. Uno acaba estresado con la que se lía.
Sea como fuere, “A diez mil años luz” es una alternativa perfectamente válida y recomendable para diversificar lecturas, pero que exige del lector un nivel avanzado de atracción por la Ciencia Ficción. Sólo así se podrá degustar correctamente.
® Jaime Santamaría de la Torre (mayo, 2010)
info@escenafinal.com
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