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Un buen hombre, de Javier Cosnava
Alejandro Serrano   17/11/2009 Comentarios (1)
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     Los esclavos destinados al servicio de los buenos alemanes sufrían otras si cabe peores y más deleznables que las del campo, destinadas a socavar su espíritu antes que su cuerpo.
Portada de Un buen hombre, de Javier CosnavaEl horror tiene múltiples facetas, tantas caras como en las que se refleja. Todos conocemos la facilidad que tiene el ser humano para hacer, o intentar hacer, el bien, pero mucha más familiar nos es su inclinación innata al mal, a la dominación, al terror. Suele decirse que aquellos que protagonizan una guerra conocen los extremos de la conducta humana, para bien y para mal, y conviven entre acciones de sorprendente altruismo y maravillosa bondad, y otras generadas por la bajeza más vil.

Que nadie piense que este infierno no podría volver a repetirse bajo suelo europeo. Hoy en día lo sufren en otros continentes, y nadie nos asegura que el ser humano no vuelva a vivirlo en nuestra tierra, sobre todo en estos tiempos de desinformación e involución.

De entre todos los terrores que el ser humano ha debido asumir como propios en el pasado siglo, pocos son tan cercanos en occidente y oriente como la Segunda Guerra Mundial, un holocausto humano a nivel planetario en el que perecieron millones de personas de uno y otro bando. La guerra no es nueva, es quizá el invento humano más deleznable de todos, y en ocasiones el más útil para algunos, pero esta conflagración marcó un antes y un después en el devenir de la historia humana.

Javier Cosnava firma ejemplares de Un buen hombreNo solo la Segunda Guerra Mundial fue la más sangrienta de la historia, y la que más soldados y población civil desplazó, sino que en ella conocimos otro tipo de terror, el dirigido contra un colectivo concreto, el de los subhombres. En total murieron unos sesenta millones de personas, y tan sólo esa cifra debería removernos de nuestros asientos y declarar el fin de toda guerra, pero hay más, mucho más. La historia de esta guerra no nos habla tan sólo de naciones, de intereses geopolíticos y de divisiones. Nos habla de desprecio, nos habla de bajeza moral, de odio.

¿Cómo se empuja a un pueblo a iniciar una guerra? A lo largo de los años se han dado muchas razones de la transformación de la sociedad alemana previa a la Segunda Guerra Mundial, de la recuperación del orgullo herido, de la pujanza económica y militar, de la necesidad de marcarse unos objetivos y cumplir con ellos,... pero, ¿qué empuja a un ser humano a odiar y considerar a otros como inferiores? Es muy sencillo, al calor del orgullo patrio, declarar una guerra, mas no lo es tanto corromper la propia moral y declarar la guerra a otros seres humanos en la cercanía de tu vecindad, a machacar sin piedad a otros por pertenecer a otro colectivo, profesar otra religión o ser originarios de otro lugar. Eso exige otro tipo de resorte.

Imagen de Un buen hombre, de Javier CosnavaUn buen hombre” (Ediciones Glénat, disponible en FantasyTienda), con guión de Javier Cosnava y dibujos de Dani Acuña, Toni Carbós, Carlos del Rincón, Sofía Espinosa, Bernardo Muñoz, Javier Fernández Barranco, Alfonso Zapico, Juan Bernardo Muñoz Serrano, Fernando N. Baldó, Javier Navarro Barreno y Rubén del Rincón, nos habla precisamente de esto, de la guerra ideológica diaria que se desarrolló en Alemania durante el conflicto. Y para ello, este cómic recurre al tristemente célebre campo de internamiento de Mauthausen (Austria), al que fueron deportados muchos republicanos españoles. Pero no nos muestra tanto el “campo de combate” propiamente dicho, sino que el escenario de la mayoría de la trama es la llamada “Ciudad Jardín” –siedlung-, la urbanización limítrofe con el campo, donde los esclavos que provenían de él debían servir a los “buenos ciudadanos alemanes”, los “auténticos hombres”.

Este es el escenario donde se libró la auténtica lucha por la prevalencia moral, la frontera del horror y la vida cotidiana, donde la vida de los “subhombres” no vale ni el precio del aire que respiran, y donde cualquier “buen ciudadano” tiene derecho sobre la vida o muerte de los primeros. En agosto de 2010, se cumplirán los 70 años de la llegada de los primeros trenes repletos de españoles al campo de Mauthausen, y en mayo el 65 aniversario de la liberación del campo. Este cómic pretende ser un homenaje a todo lo sucedido allí.

Imagen de Un buen hombre, de Javier CosnavaMauthausen llegó a ampliarse con varios complejos de esclavos, que surtían de armas, pertrechos y piezas de ensamblaje de aviones al ejército nazi. En total, en 1945, se calcula que estos campos tenían unos 85.000 prisioneros, y que más de 120.000 habían sucumbido en ellos durante sus años de actividad hasta el momento de la liberación. Fueron sin duda los campos más duros de toda la Europa nazi, y particularmente estos complejos cercanos a Mauthausen acogían a los prisioneros más ilustrados y recalcitrantes en su oposición al Tercer Reich, pero los mandos no discriminaban entre hombres, ancianos, mujeres y niños, de cualquier condición social y cultural. Se les explotaba hasta el agotamiento y luego se les exterminaba.

Mauthausen era conocido entre los deportados como “El campo de los españoles”; unos 10.000 acabaron prisioneros en los campos de concentración de toda la Europa Nazi, la mayoría en este complejo de campos. Precisamente fueron albañiles españoles quienes construyeron el campo de Mauthausen. El dictador Francisco Franco declaró que no existían los españoles más allá de las fronteras de nuestro país, así que nuestros compatriotas eran tratados como apátridas por los nazis, y marcados con un triángulo azul –propios para ellos de los que no tenían nación propia- y la “S” de Spanier –español-.

Tony Carbós firma ejemplares de Un buen hombreEl principal objetivo del campo principal era la extracción del granito, material esencial para la reconstrucción nazi de las principales ciudades europeas tras la guerra. Los españoles estaban tan convencidos de la victoria aliada, que los presos, al llegar al final de la escalera cargados de granito, al peldaño número 186, pronunciaban la famosa frase: “Una victoria más”. Sabían que la guerra terminaría y no querían que los actos de barbarie de los “buenos alemanes” quedasen impunes, así que decidieron hacer copias de las fotografías que Francisco Boix, retratista oficial del campo, hacía para los alemanes. Estas instantáneas fueron muy útiles en los posteriores Juicios de Nüremberg, y permitieron probar numerosas acusaciones contra los jerarcas nazis. Precisamente los españoles llevaban la organización de la resistencia en Mauthausen, e instruían a los nuevos prisioneros en sus tareas y en la supervivencia del campo.

Internamiento en celdas de castigo, cámaras de gas, torturas físicas, tiroteos indiscriminados, experimentos médicos, ahorcamiento, donaciones “voluntarias” de sangre –hasta el desangrado- con destino a los distintos frentes de guerra, privaciones de alimento, fusilamientos, agotamiento, vallas electrificadas a las que se arrojaba a capricho a los reclusos,... había distintos modos de morir en Mauthausen, pero este cómic no habla apenas de ellos, sino, como hemos dicho, de la relación entre los “buenos alemanes” y los prisioneros. Sin embargo, conviene que conozcamos estos hechos para situar las circunstancias de esta particular relación de verdugos y esclavos.

Imagen de Un buen hombre, de Javier CosnavaEn 1941, las SS decidieron crear una urbanización de chalets para los oficiales del campo, labor a la que fueron destinados unos 350 españoles. Al inicio de la construcción no había carretera que llevase hasta el emplazamiento de la futura urbanización, así que los materiales eran subidos a las espaldas de los esclavos, que tenían como único calzado unas sandalias con suela de madera que hacía muy complicado andar, particularmente en invierno. Si algún prisionero caía al suelo por las malas condiciones de trabajo o el agotamiento, los oficiales o los kapos les ahogaban en el barro hasta morir. Los muertos eran retirados cada día hasta el campo por los supervivientes.

Según testimonios reales, los domingos los esclavos –sí, en Europa, en pleno siglo XX- transportaban piedras desde la cantera hasta las obras, situadas a tres kilómetros, azotados por los oficiales de las SS, sin pausas y a ritmo acelerado, sin poder hacer sus necesidades ni beber agua durante la tarea. Algunos enfermaban de disentería al estar contaminada el agua la mayor parte del tiempo, y si bebían, al no poder hacer sus necesidades de forma normal, ensuciaban su ropa interior. Por la noche, los jefes de barracón examinaban a los prisioneros para comprobar quien estaba enfermo de disentería. Se les obligaba a tomar una ducha de agua helada, y se les tumbaba desnudos junto a los muertos durante el trabajo de acarreamiento de piedras, para quemarlos más tarde. Tras la construcción de los chalets, el infierno sobre la Tierra no terminó, sino que trocó su rutina por otra.

Imagen de Un buen hombre, de Javier CosnavaLas historias relatadas en este cómic se refieren sobre todo a la “vida” en la urbanización, y en la escasa distancia que separaba las confortables casas de los oficiales y el infierno que se desarrollaba en el exterior. Los esclavos destinados al servicio de los “buenos alemanes” sufrían, además de las torturas propias del campo, otras si cabe peores y más deleznables, destinadas a socavar su espíritu antes que su cuerpo, y a reforzar la corrupta moral de los verdugos.

Distintos dibujantes, con distintos estilos y distinta intención forman “Un buen hombre”. Todos ellos cuentan un punto de vista distinto de la vida en Alemania y en particular en la “Ciudad Jardín” durante aquellos años, urbanización que aún sigue en pie. Todas estas historias nos harán sentir horror y asco, pero todas cortan aquella realidad y la diseccionan como si fuesen cuchillos. Y nos dicen que jamás deberíamos permitir que suceda algo parecido, o que la semilla del odio al diferente germine en nuestras sociedades.

Este cómic es un homenaje, pero también un recordatorio. Al final del volumen, se nos obsequia con un artículo acompañado por algunas fotografías reales, en los que la realidad supera a la ficción –ya de por sí dura- que nos muestra “Un buen hombre”. Los distintos estilos empleados no responden a la casualidad, cada uno de ellos sirve a la historia que plasman, y al tono empleado en la narración. Particularmente me gusta el primero de ellos, que podría ser un resumen de todo el volumen, y me parece un homenaje adecuado al cómic “Maus”, de Art Spiegelman, si lo leéis comprenderéis porque lo digo.

Imagen de Un buen hombre, de Javier CosnavaQue nadie piense que este infierno no podría volver a repetirse bajo suelo europeo. Hoy en día lo sufren en otros continentes, y nadie nos asegura que el ser humano no vuelva a vivirlo en nuestra tierra, sobre todo en estos tiempos de desinformación e involución. El conocimiento de lo sucedido es importante, aunque sea para no volver a repetirlo jamás. Recordadlo cada vez que miremos a alguien y le veamos diferente o menos que nosotros...

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1 Comentarios recibidos
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Usuario: Mithrand (17-Nov.-09)

Me ha encantado... ya me daba buena espina cuando se lo pedimos a Glénat para reseñar, pero tras degustarlo me he quedado con ganas de más. Muy recomendable almas:
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