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Crónicas marcianas, de Ray Bradbury |
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Un libro que debe ser leído y disfrutado por aquellos que quieran conocer la buena literatura y la buena ciencia ficción, no en vano este libro es de lo mejor que nos podemos encontrar en la historia del género. |
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En estos tiempos en los que la ciencia ficción parece sucumbir ante los modelos comerciales que se mueven entre la novela histórica y la ficción histórica, es de agradecer que algunas editoriales decidan reeditar algunos clásicos del género. La reedición de los clásicos no sólo nos acerca a obras que fueron fundamentales en el desarrollo de la sci-fi sino que además nos permite calibrar los cambios en los modelos literarios y entender el devenir de un género que no se ha quitado nunca -por desgracia- el sambenito de menor y minoritario.
Bajo la fachada de la colonización de Marte no se encuentra sino una verdadera paráfrasis de la historia de Estados Unidos
La ciencia ficción -admitámoslo- nunca ha sido tomada muy en serio por la “literatura oficial”; ha sido y es un género minorizado al que a lo sumo se ve con simpatía o como hermano pobre, pues ni se considera con la suficiente profundidad literaria ni tiene el profundo tirón comercial de otros géneros, que -conviene recordar- le deben mucho a la sci-fi.
La obra que intento acercar ahora al lector, "Crónicas Marcianas", de Ray Bradbury, (Minotauro, en su edición de Clásicos Minotauro) es, en mi modesta opinión, merecedora de los más grandes elogios en cuanto a calidad artística y debe considerarse como una de las grandes obras literarias del siglo XX y uno de los mejores exponentes de las letras estadounidenses.
La obra de Bradbury es una colección de pequeños relatos que narran la colonización de Marte, el destino de su raza autóctona y de la Humanidad y de la Tierra. Bajo esta fachada no se encuentra sino una verdadera paráfrasis de la historia de Estados Unidos y una trasliteración de la colonización de América y el destino de sus habitantes.
El estilo es sencillo, natural, ni una palabra de más ni de menos, pero a la vez -y esto es lo meritorio- rico, poético por momentos, onírico en algunos pasajes y fluido, verosímil, hermoso. Una obra que deja huella sin necesitar del artificio y que engancha desde el comienzo.
Es indudable que Bradbury transmite las tensiones de los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX, la problemática social y racial, el impulso individualista y la dinámica comunitaria tan propia de la cultura norteamericana. Los colonizadores de Marte trasladan su “american way of life” a Marte, su individualismo dirigido a enriquecerse, a abandonar una Tierra que no sacia sus necesidades físicas y espirituales. Van llenos del espíritu mesiánico de los pioneros y de ese modo se comportan de un modo análogo al de la Historia.
Cabría recordar que Marx afirmaba que la Historia siempre se repite, algunas veces como farsa y otras como tragedia, por lo que Bradbury traslada la experiencia histórica de su patria a la colonización de Marte. Sirva como ejemplo que son los colonos los que sin saberlo han contribuido a la desaparición de los marcianos, una desaparición que recuerda al exterminio de miles de indígenas del nuevo mundo mediante la extensión de las enfermedades propias del hombre blanco y para las que no estaba preparado el habitante de las Américas.
Son precisamente los marcianos quienes dan algunos de los relatos más hermosos del libro, con su naturaleza distinta, espiritual y trágica a la vez. Bradbury los utiliza para introducir pasajes oníricos, dramáticos y también cómicos, puesto que en una obra que trata una empresa de estas características ha de haber, necesariamente, espacio para casi todo.
Además, permiten los marcianos tocar el tema racial, tema que se trata también en el relato que trata la migración de población negra del Sur de Estados Unidos a Marte (auténtica búsqueda de libertad que emula la de los esclavos de la primera mitad del siglo XIX) y ejemplifica el grado de segregación y racismo que vive la sociedad contemporánea del autor. No deja de ser un ejemplo de la capacidad de denuncia de la literatura que se plasma en diversos pasajes de las Crónicas Marcianas.
Estas referencias constantes a la Historia son inevitables puesto que hay un transfondo permanente en la obra: la Tierra. El colono quiere construir otra Tierra en Marte, una hecha a su medida, pero Tierra al fin y al cabo, y al mismo tiempo los conflictos de la Tierra, conflictos humanos, condicionan la colonización y el desarrollo del libro.
Un libro que debe ser leído y disfrutado por aquellos que quieran conocer la buena literatura y la buena ciencia ficción, no en vano este libro es de lo mejor que nos podemos encontrar en la historia del género. Léanlo, les gustará.
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