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Industria, luz y magia - Khristo Poshtakov |
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Una fábula pseudo-humorística de desamor, guerra, muerte, destrucción, celos y conquista en un mundo disparatado donde triunfa la más ignominiosa de las violencias. |
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Tenemos a Bardy, un caballero que, desde que se quedara huérfano en su más tierna infancia, ha decidido dedicar su vida a la caza de dragones y a su otra gran pasión: intentar conquistar la mano de la princesa Rosamunda, quien sólo atenderá a sus peticiones cuando reúna la riqueza necesaria y haya hecho los suficientes méritos.
Goro, un terrible mago que vive de la limosna de las gentes, posee un libro de hechizos que no sabe leer puesto que no entiende el idioma shumerio antiguo. Y además, siempre se equivoca.
Dzog, un dragón famélico cuyo sueño, al igual que el romántico Bardy, es pedir la mano de Gueyla, una rica dragona que vive en un reino aún más rico, Sandiria, fronterizo con el de Dzog.
En fin, tenemos Landiria, un reino pobre gobernado por un rey borracho, con una hija caprichosa y pretenciosa y con unos campesinos ahogados de impuestos incapaces de prosperar mientras que sus vecinos sandirios y quiriquios les acucian con las deudas.
¿Los elementos de una gran novela? Analicémoslo.
Bardy convence a Goro de que realice un hechizo para poder matar al dragón Dzog y así impresionar a Rosamunda pero Goro, incapaz de leer correctamente el libro y ayudado por un gurguilo (criatura de la suerte de Landiria) teletransporta a los tres personajes a un estudio cinematográfico de Hollywood. Una vez allí y pese a su lamentable y sorprendente aspecto, no les cuesta trabajo triunfar como estrellas del cine, reuniendo cantidades desorbitantes de dinero y fama. Pero siempre hay un descontento. Bardy añora aún a su princesa Rosamunda y convence a Goro y a Dzog para volver a Landiria y pedir su mano. Una vez allí, ayudados por el gurguilo, claro está, impresionan al rey con las joyas y otros enseres que han traído de Hollywood (más bien con el whisky) y Rogonal concede la mano de Rosamunda a Bardy. Pero Rosamunda pronto se convierte en una terrible compañía, su interés por Bardy decae a la vez que aumenta su pasión por las películas que su marido ha traído de Hollywood y se enamora del actor de culebrones Sandorag, a quien ve por todas partes, sobre todo en los momentos más inoportunos de acción sexual.
Pero el que fue el pacífico (aunque adeudado) reino de Landiria, es atacado ferozmente por una tribu de salvajes a los que Bardy, con la instrucción de un ejército logra vencer, exterminando su raza. Sin embargo, los problemas no se acabarán ahí, mientras Dzog es expulsado de la cueva de Gueyla tras haber entrado en celo, una nueva horda llega a tierras landirias. Pero esta vez no se trata de los pacíficos salvajes semidesnudos, sino que los scandanios, también llamados vitenios o caballeros negros, llegan a Landiria arrasando con todo a su paso. Conquistan todas las aldeas circundantes y llegan al castillo de Rogonal. Cuando el ejército de Bardy es derrotado, Goro consigue esbozar el conjuro que los llevará de nuevo sanos y salvos a Hollywood, al mismo día en que lo habían abandonado, aunque esta vez, les acompañará Rosamunda.
Pero en Hollywood, Bardy no es feliz. Añora a Jelga, una criada que curó sus heridas tras la batalla contra los salvajes y Rosamunda, cada vez más, se convierte en una perversa esposa, que no quiere cumplir con sus tareas domésticas ni ser la abnegada ama de casa que Bardy se merece. Por ello, Bardy ansía volver a Landiria para liberarla de los caballeros negros y crea un fondo de dinero que todos estarán obligados a incrementar con sus salarios para comprar armas modernas que acabarán con el cruel dominio. Cuando pacta con un mafioso la venta de las municiones, jeeps y demás tecnología que llevará a la salvación de Landiria, le traiciona, apareciendo un comando del FBI en el mismo momento en que están pronunciando el conjuro para llegar a su reino. Rosamunda se ha quedado en Hollywood.
Una vez allí, los esbirros del FBI, no encontrando más solución que la de luchar contra los caballeros negros, se unen al ejército de Bardy y después de mucha muerte y destrucción, logran echar a los caballeros negros de todos los reinos insulares, haciéndose Bardy con el poder por la muerte de todas las familias reales de la zona. Pero su ímpetu no acabará allí. Intentará conquistar la isla vecina, Brita, y más tarde el continente, a la vez que moderniza el estado que acaba de heredar, convirtiéndose en Señor del Reino Unido. Mientras tanto, su boda con Jelga le ha dado descendencia y Dzog ha conseguido criar a los hijos de Gueyla (quien también ha sido asesinada) mientras Goro se convierte en un prestigioso mago, pero, ante todo, muy rico. La revelación final llegará cuando se enteren que viven en un mundo paralelo al Hollywood que conocieron, representando su estado al de Irlanda (llamado Ere) por la consulta de la Enciclopedia Británica.
Todo esto es la trama que compone el libro Industria, luz y magia de Khristo Poshtakov, comparado con los grandes genios de la fantasía humorística, como el propio Terry Pratchett.
Khristo Poshtakov nació en Pavlikeni (Bulgaria) en 1944. Trabajó en el Ministerio de Industria Alimenticia de Cuba y un obligado postramiento en cama tras pisar una cáscara de plátano, lo convirtió en escritor. En 1999 dejó su carrera como gerente de una gran empresa para dedicarse por completo a la literatura. Ha cosechado los premios EuroCon (1994) por su novela Guardia en Titán y el premio ruso al escritor de más éxito del año en 2003 por Industria, luz y magia. Este es el primero de dos volúmenes, cuya continuación se titulará La conquista de América.
En la novela de Poshtakov se aprecia un conocimiento de la mitología escandinava, cuando menos, intenso. Todo el libro rezuma la historia de las islas de Irlanda e Inglaterra (confirmado más adelante) y, aunque es fácil reconocer a los pueblos y las tierras de dicho sistema mítico, si no se tiene iniciación en el mismo, puede resultar muy interesante la comparación. Bien es cierto que al tratarse de una novela humorística, los roles están muy cambiados, pero la confirmación de las suposiciones deja un sabor dulce en la boca de los lectores una vez terminada la novela. Los personajes, al principio, son dignos de una obra pratchiana en tanto que sus aventuras, desventuras y formas de actuar, podrían desarrollarse en el Mundodisco sin resaltar o levantar la voz más allá de lo habitual (y horrísono) La princesa Rosamunda, por ejemplo, es un cómputo de todas las características que no se desean pero se temen de las aristócratas, sus actos, absurdos, representan en muchos momentos gags de exclusiva comicidad a la par que desconcentran y ponen en aprietos al resto de los protagonistas.
Pero no es tan fiero el león como lo pintan. Aunque Poshtakov consigue enganchar con su novela, lo cierto es que en determinado momento de la misma, cuando se produce el regreso a Landiria por segunda vez de los protagonistas, la trama se acelera, perdiendo todo un lento pero seguro ritmo narrativo y desembocando en lo que se podría llamar un intento de “contarlo todo en pocas páginas”. Las primeras páginas sí podrían tener un parangón con las novelas de Pratchett pero sin llegar nunca a su altura... aunque lo cierto es que tras la introducción de los soldados del FBI, la novela pierde todo su interés narrativo, adquiriendo un final previsible a cada frase que se avanza en su lectura. Tiene toques de genialidad dispersos por las 241 páginas, pero al intentar juntarlos, se crea una especie de híbrido entre una novela policíaca-fantástica-de acción, que lo único que consigue es desconcertar al lector y provocar un ansia de acabar, pero no por conocer su final, sino por alejarse de tamaño despropósito.
Mientras que la primera parte es sensata, en la segunda, los personajes experimentan un cambio que nada tiene que ver con la evolución racional de las novelas. Siguen siendo personajes planos, pero con otras características totalmente diferentes a las iniciales. Bardy pasa de ser un personaje pacífico, tan sólo interesado en conquistar la mano de Rosamunda, a querer verter sangre a toda costa, a humillar a su esposa y a convertirse en un tirano. Diversas escenas, como una en la que Bardy obliga a su mujer a comprometerse a hacer las tareas de la casa y obeceder sin reproches sus órdenes (puesto que se trata del príncipe de Landiria, lo que no recuerda es que ha adquirido su cargo por su matrimonio y tras haber emborrachado al rey Rogonal) y le humilla en sus inicios artísticos en Hollywood dan muestra de una peligrosa actitud con respecto a la visión de las relaciones de género. Cuando logra convencer al FBI de unirse a su causa, el antiguo buscador de justicia, se convierte en un asesino sediento de sangre, un tirano que extermina a todo un pueblo aprovechándose de su superioridad armamentística. Para él no hay prisioneros. Así mismo, emprende una conquista contra todos los reinos colindantes bajo la excusa de la liberación contra los caballeros negros. Por supuesto, consigue sus objetivos tras atacar a los “indefensos” scandanios (armados con espadas) con bazookas, granadas de mano y ametralladoras. Bien es cierto que el pueblo scandanio había provocado el caos y asesinado a múltiples casas reales, arrasado pueblos y demás, pero lo cierto es que el derroche de violencia posterior no está muy justificado teniendo en cuenta el ritmo cómico anterior del relato. Todo sea por el progreso. No contento con hacerse con la isla de Ere, decide tomar a sus vecinos de Brita, puesto que poseen los materiales que ansía para el progreso de su reino. Y los somete, vaya si los somete bajo el yugo del miedo y la amenaza. Unido a todo esto, logra casarse con Jelga, a quien convierte en una abnegada consorte que se dedica felizmente a las tareas del hogar y al cuidado de los hijos de la pareja, negándosele el ingreso en el ejército (solicitado por ella en una ocasión)
Los demás personajes pierden el protagonismo, dándose retazos de sus vidas, como el nacimiento y cría de los hijos de Dzog y Gueyla o el triunfo de Goro como mago. Por otra parte, el sanguinario Rock, se casa con una doncella real y se convierte en presidente de Landiria bajo las órdenes del Señor del Reino Unido, Bardy.
Parece lo que es. No se puede buscar humor en toda esta apología de la dominación por la fuerza tanto sobre el ajeno como contra las mujeres. Gueyla muere por no haberse dejado privar de libertad por Dzog. De Rosamunda, una mujer caprichosa pero libre, poco más se sabe, incidiendo en el rol de Jelga como mujer perfecta y abnegada, en fin, el prototipo de esposa. Por otro lado, la sanguinaria descripción que acompaña a las páginas finales del libro, no puede causar más que estupor. Es una completa defensa y legitimación de planteamientos tan peligrosos como el de que tan sólo con la muerte y completa destrucción del enemigo, se logra la libertad de uno. Y es que el humor brilla por su ausencia en las páginas finales. Tras una primera parte que podría incluirse sin reparos entre las grandes páginas de la narrativa humorística, el libro cambia totalmente de cariz. No se puede pretender calificar a un libro de humorístico por la inclusión de un chiste cada dos páginas, como es el caso y mucho menos se puede admitir una comparación tan desigual de Poshtakov con maestros como Terry Pratchett.
En conclusión, las primeras páginas prometen una lectura entretenida, agradable y risueña, son unas páginas escritas con bastante magistralidad pero a medida que avanza la novela, se introduce en camisas de once varas, se enrevesa y se retuerce hasta constituir un completo desaguisado. Y no sólo por las prolijas descripciones de batallas y miembros mutilados…
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