¿Cómo nos enfrentamos a un juego que, según sus desarrolladores en una carta abierta, busca ser extraño y confuso? Los videojuegos, como cualquier medio artístico, buscan hacernos sentir emociones. La extrañeza también entra dentro de este apartado, aunque no sea del gusto de todos. No podríamos ser capaces de negar su presencia en este medio, cuando el creativo de la obra que inspiró este juego es uno de los directores más laureados de las últimas décadas. David Lynch y su Twin Peaks, además de otras series de los noventa como Expediente X, son la fuente de la que surge este cúmulo de extrañas ideas llamado Virginia.

De modo que, ¿cómo se analiza un juego con estas intenciones? Recordando que a pesar de su objetivo, sigue siendo parte de un medio con unas reglas concretas. Por supuesto que se pueden subvertir, logrando resultados muy interesantes como los de Undertale o Pony Island. Pero al final, si vamos a lo más básico, sea un reconocido triple A o el más desconocido de los juegos independientes, un producto de este medio debe de ser capaz de responder correctamente a las siguientes preguntas: ¿qué nos hace sentir? y ¿qué medios utiliza para conseguirlo?

Virginia


Una buena taza de café

En su faceta jugable Virginia es un título extremadamente simple. Nosotros controlamos a Anne Tarver, una agente del FBI que ha sido asignada a un caso de desaparición mientras su superior le ha pedido que investigue a su compañera. Para ello podremos movernos pos los escenarios con cierta parsimonia e interactuar con una serie de limitados objetos. Esto nos permitirá hallar pistas con las que continuar ambas investigaciones y ahondar en los secretos personales de los distintos personajes.

La navegación por el escenario también toma algo de la extrañeza en que desea sumergirnos. Mientras avanzamos de un punto a otro, especialmente si se trata de una distancia larga, el juego opta por una transición de escenario como si durante el propio trayecto nuestro personaje hubiese cerrado los ojos un segundo para verse transportado a otro lugar. Esto, sumado a la maravillosa banda sonora, consigue que el título de Variable State tenga una poderosa carga onírica. Las melodías de la obra, producto de la orquesta sinfónica de Praga, son una maravilla que dotan de misterio e inquietud cada paso que damos.

Virginia

Las investigaciones se juegan a medio camino entre las oficinas regionales del FBI y el tranquilo pueblo donde ha ocurrido la desaparición de un joven. Los escenarios, al igual que los personajes, cuentan con un diseño sencillo que sin embargo ofrecen una enorme belleza gracias a una inteligente paleta de colores. La iluminación también tiene gran protagonismo en la creación de la magnífica atmósfera de la que hace gala Virginia. Por su parte, los rostros de nuestra protagonista o el resto de personajes son poco más elaborados que los de un Mii de Nintendo. Aún así, el estudio ha sabido expresar un gran número de emociones con apenas unas pinceladas de animación y ni una sola línea de texto. El buen gusto por el diseño llega incluso hasta el menú del juego, que resulta una estupenda bienvenida para el jugador.

En una nota más negativa hay que hablar de su apartado técnico. El juego insiste en que resulta recomendable ser jugado a un máximo de 30 fotogramas por segundo, pero apenas es capaz de mantenerse estable a pesar de que el equipo sea perfectamente capaz de moverlo. Si superamos el límite y lo jugamos a 60 fps o más, el baile de fotogramas seguirá estando presente. Siendo Virginia un juego de aspecto sencillo –bello, sí, pero sin muchos artificios técnicos–, resulta difícil comprender que Variable State no haya sido capaz de domarlos.

Virginia

Llegados a este punto, y una vez hablado del título con cierta distancia, es el momento de hablar de las sensaciones que causa. Sí, Virginia es un juego raro. No es apto para la gran mayoría del público que se encontrará con un producto lento y que no ofrece muchos alicientes por los que seguir adelante más allá de tratar de comprender lo que nos está contando está película interactiva. Su punto fuerte es ese halo de misterio que envuelve a la obra. Los sueños y su significado. La relación entre las dos compañeras. El motivo por el cual el joven ha desaparecido. Todos esos temas reciben una explicación –satisfactoria o no es más complicado– de cierta manera, ya que siendo un producto como el que es, hay mucho espacio para la interpretación.

A pesar de todo, es una experiencia que puede antojarse especialmente pasiva, con algunas situaciones no del todo bien explicadas y que apenas llega a las dos horas de duración.

Virginia

Conclusión

Virginia es una propuesta única y eso lo convierte en un arma de doble filo. Por una parte tenemos una aventura que promete extrañarnos, con una ambientación muy cuidada y una sorprendente capacidad para expresar ideas a pesar de su simplicidad. Por otra parte, también es una obra que puede resultar obtusa o incluso de carecer de interés para muchos, por no mencionar su reducido componente jugable. Afortunadamente, desde la página de Steam del juego se puede descargar una demo que permite al jugador indeciso disfrutar de una pequeña muestra de lo que ofrece.
 

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