El valor de imprimir fotos para atesorar recuerdos.

El avance de la tecnología a lo largo de los años ha traído consigo una innumerable cantidad de beneficios para el ser humano. Si dedicamos solo unos segundos a pensar, se nos ocurren avances tecnológicos en el campo de la salud para erradicar enfermedades, la aparición de la imprenta, la llegada del teléfono a los hogares, la posibilidad de viajar en avión con absoluta normalidad o el acceso a internet desde casi cualquier punto del planeta.

Si dedicásemos algo más de tiempo a pensar, podríamos a hacer una lista interminable de todas las ventajas y mejoras que ha traído consigo el avance de la tecnología con el paso de los años. Sin embargo, en el caso de la fotografía, el avance de la tecnología ha traído un cambio negativo – junto a otros muchísimo avances positivos – que no ocurría en el pasado.

Más no siempre es mejor

Un apunte: la tecnología ha provocado un avance increíble en el mundo de la fotografía. La calidad de imagen de las fotografías no se puede comparar a la de hace solo unos años y las opciones y herramientas disponibles para fotógrafos profesionales y aficionados se han multiplicado. Los amantes de la fotografía tienen muchísimo más material a su alcance y, por suerte, aunque el precio continúa siendo una gran barrera de entrada, algunos productos son mucho más asequibles que antes.

Por otra parte, un usuario estándar que valora la fotografía únicamente como una forma de compartir fotos de su último viaje, fiesta o pareja con su masa de seguidores en Instagram o Twitter tiene ahora la posibilidad de hacer miles de fotos de calidad con un smartphone de gama media.

Hasta aquí todo son ventajas, ¿no?

Pues bien, mi problema está en que muchos de nosotros hemos dejado de valorar las fotos como una forma de conservar recuerdos del pasado para revisitar con el paso de los años junto a nuestra familia o amigos. En la época de las cámaras analógicas cada foto tenía un valor especial porque estaban limitadas por la capacidad del carrete y, una vez terminado, debíamos revelarlas y conservarlas en un álbum para volver a verlas. En principio, la llegada de las cámaras digitales debería ser un salto positivo en todos los aspectos y, aunque sí que ha eliminado la barrera del límite de fotos y nos ha dado la capacidad de repetir una foto una y mil veces hasta dar con una en las que todos salimos con la sonrisa perfecta, tengo la sensación de que, poco después de hacerlas, esas fotos quedan olvidadas para siempre.

Sí, las subiremos a un perfil en redes sociales donde nuestros seguidores podrán comentar o dar un like, pero es muy raro que volvamos a revisitar esas fotos alguna vez en la vida. De hecho, sólo hay que echar un vistazo rápido a nuestras galerías del teléfono en la que tenemos cientos de fotografías que no hemos vuelto a ver desde que las hicimos hace años.

Es por eso que creo importante que la tradición de imprimir fotos vuelva a tomar importancia en nuestras vidas. Imprimir en papel y guardar en un álbum físico las fotos más importantes de nuestra vida no sólo nos permitirán conservar un recuerdo de momentos especiales, si no disfrutar de nuevos momentos en el futuro cuando revisitemos las páginas de ese álbum.

La tecnología también ha avanzado en el campo del revelado de fotos, y ahora el papel ha ganado en calidad, así como la propia impresión y la calidad de las imágenes, por lo que almacenar fotos en papel nos permite conservar un recuerdo nítido de esos viajes o reuniones de amigos que tenemos de vez en cuando. Además, ahora tenemos la posibilidad de revisar las galerías de nuestros móviles para seleccionar qué fotos nos interesa revelar y cuales podemos dejar únicamente en formato digital.

Luis Collado
Director de la sección de videojuegos. Economista especializado en marketing. Hablo de videojuegos, cine y libros siempre que puedo.

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