La reedición del juego de mesa de Gwent, en lo personal me ha devuelto de golpe a esas tardes en The Witcher 3 en las que decía “una misión más” y acababa pasando dos horas retando a cualquier pobre desgraciado que tuviera un mazo. Porque Gwent, dentro del juego, tenía ese encanto raro: parecía un minijuego más, pero en cuanto entendías la dinámica de sacrificar rondas, gestionar la mano y leer al rival, se convertía en una obsesión. No era solo ganar; era humillar al comandante nilfgaardiano de turno con una jugada maestra o conseguir esa carta legendaria que te faltaba para completar la colección (maldita colección…). Ahora, vuelve a estar en físico… otro rollo.
La reedición respeta muchísimo el espíritu original. Las mecánicas básicas siguen intactas: dos jugadores, tres rondas, y la eterna tensión de decidir si te guardas tus mejores cartas o si presionas desde el principio. Esa sensación de “sé que debería retirarme, pero me da rabia dejarle la ronda tan fácil” sigue ahí, y es lo que hace que Gwent funcione tan bien.
Las facciones fiel tanto en sus mazos como en sus diseños
- Reinos del Norte sigue siendo la facción “honesta”, con bonos de moral y sin demasiadas sorpresas, pero muy sólida (quizás el mazo que recomendaría a cualquier principiante).
- Nilfgaard continúa con su estilo de control, obligándote a jugar alrededor de sus efectos molestos.
- Scoia’tael es puro engaño, con cartas que cambian el ritmo de la partida cuando menos te lo esperas.
- Monstruos sigue siendo la facción de la presión constante, de llenar la mesa y obligarte a gastar recursos antes de tiempo (un mazo que recuerda fervientemente a Magic).

No han intentado convertirlo en un juego moderno con mil capas de reglas nuevas, y eso es un acierto. Gwent ya tenía una personalidad muy marcada, y esta reedición la conserva sin complicaciones innecesarias; siendo fiel de principio a fin al visto en el juego.
Una producción que deja un poco que desear
En cuanto a la producción, aquí es donde la reedición se queda un poco corta. Los diseños son los originales del juego, y eso siempre es positivo, pero la calidad física de las cartas no termina de estar a la altura. El grosor es bastante justito y la impresión, vista de cerca, pierde muchísima calidad, como si el detalle se emborronara. No es algo que arruine la partida, pero sí deja una sensación agridulce ya que tratandose de un juego de cartas, que encima sobrepasa los 50 euros, como mínimo, tendrían que haber trabajado un poco más en la calidad.
Ahora bien, también hay que decir lo bueno: vienen todos los mazos completos desde el principio, sin sobres, sin expansiones, sin tener que ir comprando nada más. Y eso, tal y como está el panorama de los juegos de cartas hoy en día, es casi un milagro. Al menos sabes que abres la caja y tienes la experiencia entera lista para jugar.
Modos de juego complementarios
Los modos de juego también aportan variedad. Además del modo clásico —el que todos conocemos —, han incluido un modo rápido que reduce un poco la duración de las partidas sin perder la esencia. Ideal para jugar entre otras cosas o para introducir a alguien nuevo sin abrumarlo. También hay un modo más estratégico con mazos preconstruidos más complejos, pensado para quienes ya dominan las facciones y quieren partidas más tensas y profesionales. No es un juego que necesite cien variantes, pero estas dos opciones extra ayudan a que no se queme si lo sacas a mesa muy a menudo.

Una cosa que me ha sorprendido es lo bien que funciona para jugarlo con colegas. Gwent en The Witcher 3 era un vicio solitario, pero en mesa se convierte en un pique sano constante. Es de esos juegos que, cuando terminas una partida, te quedas con ganas de más. Y eso es oro puro en un juego de cartas. Además, al no tener una curva de aprendizaje muy dura, puedes enseñarlo en diez minutos y estar jugando en serio en quince. Pero ojo: dominarlo ya es otra historia. La gestión de la mano, el faroleo, el saber cuándo retirarte… ahí está la chicha.
¡Os lo recomiendo encarecidamente!
Esta reedición de Gwent es exactamente lo que tenía que ser: una versión física cuidada, fiel y divertida de un juego que ya era adictivo en digital. No pretende reinventar nada, solo recuperar esa sensación de tensión y satisfacción que nos enganchó en The Witcher 3. Y lo consigue. Si te gustaba el minijuego, esto es una excusa perfecta para volver a caer. Y si nunca lo jugaste, es una oportunidad estupenda para descubrir por qué tantos acabamos recorriendo medio continente solo por una carta rara.

























