Lo dije a través de Twitter cuando acabé de leer la “Introducción” del libro y ahora, que he acabado de leerlo, sigo manteniéndolo: “Una de las peores introducciones que he leído en mi vida. Una estupidez tras otra. Increíble!”. Pues sí. Dos días después, en conversación con el prestigioso economista Venancio Salcines (@Venan_Salcines), lo confirmaba: estos autores intentan neutralizar la carga ideológica de la escuela económica libertaria inventándose (e incurriendo) en una contradicción de tamaño bíblico, que ellos denominan “paternalismo libertario”. El profesor Salcines me lo resumió perfectamente: “ser libertario y ser paternal es antagónico.”

La larga sarta de estupideces desarrolladas en la “Introducción”, además de los saltos lógicos que su argumentación da y no fundamenta en momento alguno, tiene su colofón en el último párrafo. Intentando borrar todo rastro de su ideología, los autores escriben: “En definitiva, el paternalismo libertario no es ni de izquierdas ni de derechas, ni demócrata ni republicano.” Según ellos, que algún senador de ambos partidos haya apoyado alguna de sus propuestas en un momento dado es suficiente como para afirmar semejante majadería. Diciendo esto cometen dos errores de bulto. El primero es tomar la parte por el todo, es decir, creer que un partido representa al conjunto del espectro ideológico. El segundo es convertir una excepción en un absoluto: como algún senador me apoyó alguna vez en alguna de mis ideas, ya lo van a hacer siempre… ¡y todo su partido!

Otro error llamativo está en la construcción de su “paternalismo libertario”. No se cansan de insistir en que son libertarios y, por tanto, defienden la no intervención del gobierno. Sin embargo, a las primeras de cambio, nos recuerdan que la gente normal (que ellos denominan “humanos”) no tienen el conocimiento económico y financiero de esas otras personas a las que ellos denominan “econs”. Y como los errores de las decisiones “humanas” pueden arrastrar al conjunto (“econs” incluidos) consigo, ellos prefieren que el gobierno intervenga de forma indirecta, dándoles a los “humanos” opciones por defecto o estímulos clarificadores de lo que deberían elegir (que denominan “nudges”) para que su decisión sea lo menos mala posible; o, por lo menos, para que los efectos de las malas decisiones de los “humanos” no afecten a “los demás”.

En concreto, en la página 93, los autores se hacen eco del planteamiento del “paternalismo asimétrico”, que ellos dicen compartir, y que enuncia Colin F. Camerer, quien lo define como el “tomar medidas para ayudar a las personas menos educadas o conscientes, al tiempo que se causan los menores perjuicios posibles a los demás.” Estas “medidas” son para Sunstein y Thaler no una mejor educación básica, ni siquiera una mejor educación económica y financiera, sino una serie de “nudges” (opciones por defecto y estímulos) diseñados por algunos “econs” para que los “humanos” tomen decisiones mejor ajustadas a lo que los “econs” creen sería lo mejor. En otras palabras, los “econs” diseñan instrumentos de intervención blanda que en vez de formar y enseñar a los “humanos”, simplemente los conviertan en más “sensibles” (o sea, los manipulan) para elegir la opción que ellos creen más conveniente.

Pero esto no es paternalismo, sino elitismo.

El paternalismo sienta su base en el bien común, o sea, en una moral pública que se pretende extender al conjunto de la sociedad porque, se piensa, es esencialmente buena para todos/as; sin distinciones. Tiene su origen en sistemas sociales de base católica y cristiana, las cuales buscaban (a su manera) diseñar una sociedad de gente buena con vidas buenas. Por tanto, su orientación estratégica es positiva: busca lo mejor para todos/as los miembros. Sin embargo, aquí se desarrolla un discurso elitista que nace desde la distinción (“econs” vs. “humanos”), se desarrolla diferenciando insistentemente a los mejor dotados (ergo, superiores) que son los “econs” respecto a “los demás” (inferiores, los “humanos”), y diseña su orientación estratégica de forma esencialmente negativa: se busca que “los demás” experimenten los menores perjuicios posibles por las malas decisiones de los “humanos” o “las personas menos educadas o conscientes”.

A lo largo de los capítulos del libro nos va quedando claro que “las personas menos educadas o conscientes” somos todos los que no somos “econs”. O sea, los que necesitamos rompernos la cabeza u optamos por decisiones rápidas a la hora de elegir con quién contratar un servicio, como estructurar nuestra economía doméstica o como organizar nuestras finanzas.

Lo que más me llama la atención es que Sunstein y Thaler, en vez de formar a “los humanos”, de darles un aprendizaje económico y financiero con el que sí sepan cómo valerse con suficiencia delante de éstas y otras decisiones socioeconómicas más complejas, opten directamente por manipularlos. Sí, defienden un gobierno que manipula a su ciudadanía para tomar decisiones diseñadas desde arriba, y no quieren un gobierno que forme a su ciudadanía para tomar con mayor libertad personal y plena consciencia sus propias decisiones. No me parece a mí que este enfoque sea muy paternal… ¿y a ti?

“Un pequeño empujón” (Taurus, 2018; aunque originalmente publicado en 2008) está escrito por el catedrático de Derecho Constitucional Cass R. Sunstein y el Premio Nobel de Economía 2017 Richard H. Thaler. Con un estilo desenfadado se introducen en unas arenas movedizas político-ideológicas de las que no saben salir. Intentan camuflar su “elitismo” de “paternalismo”, intentan definirse como “libertarios” adoptando un enfoque intervencionista, e intentan convencernos de una supuesta indefinición ideológica que es fácilmente explicable porque los conservadores y los social-liberales (un grupo de derechas y otro de izquierdas, pero no “la derecha” ni “la izquierda”) coinciden en apoyar algo que Sunstein y Thaler alientan: la intervención blanda del gobierno.

En todo caso, su estrepitosa falta de éxito ante estos intentos, nos invitan a recomendar mejor otros títulos más directamente vinculados a la economía del comportamiento, y que (esta vez sí) desde argumentos estrictamente científicos, intentan darnos pautas productivas para tomar mejores decisiones. El mismo profesor Thaler tiene títulos que, orientados al núcleo de su campo, aportan conocimientos útiles y valiosos. Junto a él, nombres como los de Dan Ariely, Robert J. Shiller, Amos Tversky o Daniel Kahneman conforman el núcleo de un campo que, cuando como en este caso, se desvía hacia lo ideológico, a veces acaba naufragando en unas nada recomendables arenas movedizas repletas de simplificaciones, reduccionismos, generalizaciones y otros problemas varios.

Si quieres aprender algo más sobre cómo tomar mejores decisiones, o conocer algo más sobre la economía del comportamiento, hay otros muchos libros que podrán serte de mejor y más sólida ayuda que éste. Aquí hay mucha mala reflexión ideológica, y demasiado poca economía del comportamiento.

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