El increíble e inclasificable guionista de cómics Warren Ellis (Essex, Inglaterra, 1968) tiene nueva novela. Después de haber disfrutado de obras suyas como Transmetropolitan, Planetary o RED, y de novelas como Listener o At the zoo, llega Normal (Alianza, 2018; originalmente publicada en 2016).

Una novela breve, de ritmo intenso y por veces extenuante, de pocos personajes, y con una trama extraña e hilos argumentales infinitos. ¿Infinitos? Sí. Porque estamos ante un texto que, además de lo ya dicho, usa el lenguaje para jugar con los dobles sentidos, las metáforas, los simbolismos, los trucos visuales y semánticos… de forma que la persona lectora pueda extraer de este juego todos los significados que ella quiera (o tantos como su imaginación sea capaz de pergeñar).

Para conseguir que el juego funcione se nos propone todo lo que este tipo de texto exige, partiendo de la lógica ambigüedad y el consiguiente misterio. Se nos lleva a un misterioso bosque, y dentro de él a una extraña población, de nombre Normal, financiada por múltiples organismos y empresas y administraciones. En este poblado habitan algunas de las mentes más brillantes que esas organizaciones hayan podido reclutar, y todas con una característica en común: son futurólogos; personas dedicadas a hacer predicciones y crear previsiones sobre los posibles escenarios probables de lo que será el mundo futuro.

Algunos de los futurólogos más populares dentro de su campo, para que os hagáis una idea, son Alvin Toffler o Patrick Dixon. Y, del mundo de la ciencia, se incluyen habitualmente a otros como Arthur C. Clarke, Michio Kaku o Stephen Hawking.

Pues bien, estos futurólogos han perdido la cabeza. Tanto observar el futuro, tanto mirar a los datos y hacer previsiones de un mundo que va cada vez peor (o, como dice el libro, tanto “mirar al abismo”), ha acabado por conseguir que pierdan el juicio. Sus organizaciones empleadoras, para intentar conseguir que vuelvan a trabajar algún día, financian y mantienen en privado este apartado lugar de descanso y tranquilidad. Y a él llega Adam Dearden, desquiciado y traumatizado por un misterio suceso que le ha acontecido en Namibia, y que le hizo irse del todo durante una conferencia en Rotterdam (Holanda). Nadie sabe cómo ni porqué.

Por desgracia para él, eligió un mal momento para llegar, porque justo ese día, otro paciente, llegado a penas dos días antes, desaparece sin dejar rastro. En su habitación, sellada a cal y canto, únicamente hay un desagradable montón de insectos encima de su colchón. ¿Qué pasó? ¿Cómo es posible que, en un sitio tan apartado de todo, alguien desaparezca sin más? ¿Y esos insectos?

Para más inri, Adam va a tener que luchar contra el tiempo: la dirección de Normal ha llamado a un equipo investigador que pondrá todo patas arriba y podría cambiar su situación, y la de todos, por otra bastante peor. Y también contra los demás residentes: separados en pasillos y secciones, mirándose con recelo los unos a los otros, cuanto más necesitan cooperar para alcanzar un buen resultado, se encuentran divididos en “predicción estratégica” (quienes observan escenarios futuros de riesgo y catástrofe), “previsión estratégica” (quienes buscan evitar los desastres que se avecinan) y “preinserción” (aquellos, supuestamente, mejor capacitados y preparados para volver a ser parte de la sociedad).

¿Conseguirá Adam resolver el rompecabezas de la desaparición a tiempo, antes de que su situación empeore irremisiblemente? ¿podrá conseguir contar con la improbable cooperación de sus demás compañeros? Y el misterio del paciente desaparecido, ¿qué pasó en aquella habitación y quién era realmente aquel paciente?

A estos interrogantes, que la trama nos plantea prácticamente desde el inicio, el desarrollo de los distintos hilos argumentales le acabará sumando otros más, y la construcción misteriosa de los espacios otros más, y la de los personajes otros más… Hasta obtener un texto repleto de puntos de interés, de misterios por resolver y de posibilidades abiertas para explorar.

El juego cobra con cada página una mayor intensidad. El ritmo se acelera poco a poco, hasta llegar a alcanzar un trepidante final. En un manejo del ritmo narrativo y un planteamiento de la trama y los personajes excelente. Máxime, si pensamos en la brevedad en la que se mueve el autor todo el tiempo: la acción principal transcurre en un único escenario y en apenas un par de días. Warren Ellis vuelve a poner en marcha, haciendo así, sus magníficas dotes como guionista, elaborando una trama coherente en su planteamiento, sólida en cuanto a la unidad de sus argumentos, y divertida en cuanto a su estilo.

Además, Ellis aprovecha este juego para introducir en él un análisis propio de los temas que determinan el presente y el futuro de la humanidad. Ya de base, la misma existencia de Normal implica el fracaso de todas estas organizaciones en uno de sus objetivos primordiales: la predicción y previsión de problemas. A esto debemos sumar otros temas como el aumento de la inseguridad, la vigilancia de los unos a los otros, el mayor peso de las tecnologías y de los datos, la incapacidad de los gobiernos para mantener su hegemonía y garantizar los derechos y libertades de su ciudadanía… Una panoplia de temas que nos deja bien claro el escepticismo del autor a la hora de mirar también él a ese abismo que parece ser “el porvenir” del mundo.

Normal (Alianza, 2018) es una novela trepidante, caótica y loca, pero a la vez inteligente e interesante. Ideal para ser disfrutada y devorada en la arena o en el sofá, a la velocidad del rayo, al tiempo que nos lleva a reflexionar sobre el mundo en que nos ha tocado vivir.

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